LA SALIDA A TEHUACÁN (2)

LA BOLEADA

Estaba en mi primera escapada a la ciudad de Tehuacán después de haber estado durante dos años en la cuarentena por la pandemia del COVID.

Había salido bien temprano en la mañana desde el pueblecito y después de haber hecho el viaje por la carretera, había ido a hacer el trámite que me había llevado a llegar a ella.

Ya había terminado de dar mi vuelta, andaba de regreso por la plaza viendo a quién elegía para que me boleara mis botas, pues las pobres ya rogaban que lo hiciera, aparte me gusta mucho sentarme unos momentos a mirar lo que acontece mientras me las dejan relucientes.

Busqué entre los boleros a alguien que me hiciera ¡CLINCH!, ahí lo encontré y me senté en la banca, debajo de un arbolito que daba una linda sombra y se estaba muy a gusto.

Enseguida nos pusimos a conversar, pues las preguntas nacen y las botas daban para hablar, después de reírnos un poco con la suciedad que traían, vino la plática.

*

*

-¿De dónde es usted?

Al verme que no soy de esos parajes, sino extranjera nace luego, luego la pregunta estrella que a todos pone contento la respuesta.

-¿Le gusta México?- al saber que en el vivo, enseguida surge un gran deleite por haber elegido su tierra para permanecer.

Me empezó a contar que él nació en un pueblito en Oaxaca, muy pequeño a los cinco años lo trajeron a Tehuacán con su padrino, el cual se iba a hacer cargo de su educación.

Se crió en su casa, donde dice que fueron muy buenos con él, lo mandaron a la escuela, lo cuidaron y cuenta que como cuando tenía unos ocho años un día llegó un bolero a lustrar los zapatos de su padrino.

Apenas lo vio lo deslumbró lo que hacía, se quedó mirándolo todo el tiempo que ahí estuvo, cuando se fue se acercó a su padrino y le dijo:

-Cuando sea grande quiero ser bolero

Así fue, a los trece años regresó con su pedido, no se había olvidado y tenía bien claro que eso era lo que quería.

Me contaba que el padrino le dijo:

-Pero puedes estudiar lo que quieras, ser arquitecto, contador, ingeniero.

-Quiero ser bolero

Así fue, se consiguió su equipo y se dedicó a bolear zapatos por las calles, como dicen «el brillante oficio que rinde culto al esplendor del calzado», a los dieciocho años consiguió el puesto en el parque a donde se estableció y ahí sigue hasta el día de hoy.

*

*

Es su vida, con la cual se siente muy bien, contento, feliz, puede vivir con ello y hacer lo que siempre le gustó.

Al momento, mientras conversábamos se acercó una señora con un niño, también quería que le boleara sus zapatos, enseguida se unió a la conversación y se armó  el cotorreo, en ese momento estábamos con las comidas que la mixteca ofrecía a los que ahí viven o van de visita, lo que regala el desierto para cocinar sabrosos platillos, como son sus flores, que ya en la ciudad ni se encuentran.

Ellos habían migrado a la ciudad y extrañaban las comidas y las costumbres de sus tierras, pues tampoco se podía volver tantas veces como uno quería, los hijos, la familia ya se había acostumbrado a otra forma de vida.

Mis botas quedaron esplendorosas, las miraba, daba gusto el verlas tan limpiecitas, más allá que al rato nomás andarán en la misma.

*

*

Seguí mi camino rumbo a tomar el camioncito de regreso, iba viendo las jacarandas floreadas por todas partes, y los flamboyanes esos de flor roja que ya se estaban preparando para decorar el parque.

No daba crédito de la paz que había en las calles y eso que ya se estaba en el mediodía donde solía ser una hora demasiado convulsionada.

*

*

Llegué a una avenida muy transitada, siempre me ensordecían los cláxones de los desesperados, cuando el cambio del semáforo, que no podían esperar ni un segundo a que los autos de adelante arrancaran .

Esta vez, todos tranquilos, hasta se tomaron su tiempo para avanzar. Cosa rara esto, ¿será que se volvió así? o ¿estoy soñando? o ¿la que cambió fui yo y no me di cuenta?.

*

*

Crucé y fui caminando por el camellón, estaban también muy amplios, los árboles daban una bellísima sombra y fresco.

Después de esperar un buen rato, llegó el autobús y emprendí el regreso a casa.

Volver a tomar la carretera, ir dejando la ciudad atrás, había estado lindo el reencuentro, se la extrañaba, sin embargo, el regreso a la casa y a la quietud era lo esperado, había estado cansado después de tanto tiempo de alejamiento, más allá que en una forma pareció que fuera un continuo, que nada hubiera sucedido entre medio, salvo esa paz que se sentía.

De nuevo la llegada a San Antonio Texcala, con sus canteras de extracción del ónix.

Las Oficinas Ejidales donde no puede faltar el Zapata y la frase «Tierra y Libertad».

*

*

Ahora no fueron los semáforos quienes detenían como en la ciudad, en la carretera fueron la cantidad de camiones que estaban circulando, lento muy lento y la dificultad del camino para poder rebasar.

La Virgencita de Guadalupe, en otro punto diferente que la anterior, donde en diciembre cuando es su festejo la adornan y la llenan de flores.

*

*

Así despacito, disfrutando, a pesar del calor que estaba muy intenso, fui llegando al pueblo, donde se terminó la primera salida, la cual marcó un nuevo comienzo.

MÉXICO

***

SALIDA A TEHUACÁN (1)

TEHUACÁN: UNA VUELTA POR EL PARQUE

TEHUACÁN: CAMINO AL PARQUE

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12 comentarios en “LA SALIDA A TEHUACÁN (2)

  1. Desde luego, que no conocía la palabra «bolear» y ,supongo, que no es por saber mal el castellano sino por el uso muy escaso de la palabra. Ya no existen en España ( creo que en Europa, en general , si no me equivoco) los limpiabotas (lustradores, boleros) . Me hicieron tanta gracia tus fotos, no lo puedes imaginar. La foto de la Virgencita de Guadalupe es preciosa. Sabes, a mi, desde el principio, chocó mucho en España ( America Latina) el trato muy familiar a La Virgen , me refiero llamarla «virgencita», «guapa» etc . En la Iglesia Ortodoxa es totalmente inaceptable e incomprensible. Muchas gracias por el texto. Un abrazo.

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    1. Aquí si existen aunque ya no tantos como antes. Que bueno que te hicieron gracias las fotos, muestran un antes y un después del calzado.
      Aquí la Virgencita Morena está en todas partes, es la Madrecita de la tierra, se le habla así desde el respeto y el cariño que se le tiene, se puede ser Guadalupano sin ser católico.
      Es alguien muy cotidiano en todos los hogares ya que en la mayor parte de México está un altar para ella y en los trabajos igual, en las carreteras, bueno en todas partes. Gracias Tatiana por tu comentario, un abrazo grande

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  2. Hola Themis, me encanta el bolero, que desde chico supo lo que quería hacer, no hay trabajo pequeño y menos cuando es algo que nos llena y nos hace felices. ¡Qué bien se armó la plática! es en esos momentos cuando conocemos más cosas y compartimos un pedacito de lo que somos. Muy buena salida a Tehuacán, la hemos disfrutado contigo. Saludos.

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  3. ¡Cómo se me antoja todo lo que narras! El paseo (como todos a los que me llevas, y perdón que hable en primera persona), el sabor del pueblo, el bolero… Las jacarandas, favoritas de mi mami, a la que tanto extraño. El sabor a México desde el corazón de Uruguay. Las imágenes que regalas, que lo hacen más fácil de «oler»… Themis, muchas gracias de verdad.

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    1. También el jacaranda es uno de mis árboles favoritos, México tiene tantos que en esta fecha es hermoso verlos florecidos. Qué lindo pasear contigo, dar esas vueltas, me alegra mucho el hacerlo, un abrazo bien grande y gracias

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  4. Themis, qué bonita experiencia la de lo boleros, limpieza a fondo de los zapatos, sentada en la placita, conversando, viendo pasar la gente, contemplando cuanto te rodea, sin prisa, admirando un trabajo bien hecho… Me encantó seguirte y el regreso a casa y las calles y la gente y los coches… Gracias por compartir tan hermosas experiencias. Un fuerte abrazo. Feliz día.

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    1. Gracias Julie, desde hace muchos años disfruto mucho sentarme en las plazas de los pueblos a bolearme los zapatos, ha sido toda una experiencia para mí.
      Esta vez también fue muy un lindo reencuentro. Un abrazo grandote, Ten un lindo amanecer.

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