LA SALIDA A TEHUACAN

LA PRIMERA ESCAPADA

Llegó el momento, la hora se fue acercando muy pausada y lenta, había que reconstruir la vida la que parecía que había quedado detenida por más de dos años, esos, los de la pandemia.

En ellos había decidido no moverme del lugar en donde estaba, este pequeñito pueblo que me alberga con mucha hospitalidad y paz, no quería arriesgar pues en muchos momentos fue muy alarmante lo que estaba sucediendo y era mejor ese respetar el «quédate en casa», que el andar probando suerte recorriendo zonas que estaban en franca expansión del virus.

Si bien en el pueblo se podía salir, no lo hacía mucho, me fui encerrando. En general está desértico, se puede ir a muchas partes en donde es a veces difícil encontrarse con alguien y si así sucede no es necesario estar pegados. El espacio sobra.

Después de dos años llegó el instante de tener que regresar a la ciudad más cercana, Tehuacán pues había que realizar trámites que se habían postergado y solo ahí se podían hacer.

Lo decidí y emprendí el camino a ese encuentro.

Me fui bien temprano en la mañana quería hacer todo el movimiento antes que hubiera mucha gente o el calor diera  lugar a que me rostizara, pues había comenzado a subir y a donde iba aún es más caliente que en donde vivo.

Salí como niño chico al que lo llevaban de aventura después de un largo encierro, en donde volvería a ver muchas cosas que ya las tenía en el olvido.

Llegué a la carretera y ahí estaba el camioncito esperando, lo estaban limpiando.

*

Tardó un rato en salir, mientras recordaba cuántas veces lo hacía antes, hasta me fastidiaba por el calor, por tener que moverme, por…y ahora estaba con mi emoción a flor de piel por volverme a subir a él, ver qué era lo que había aguardándome, ¡cómo pueden cambiar las situaciones! y por otro uno olvidarse que eso existe.

De repente el motor se puso en marcha y rumbo a la ciudad marchamos, atravesando toda esa carretera hermosa, esos bosques de cactus columnares, que algunos de ellos pueden alcanzar 20 metros de altura, gendarmes que custodian el terreno.

Iba totalmente metida en el paisaje, deleitándome con la cantidad de quiotes, el tallo y la flor comestible del maguey, que estaban florecidos y pintaban con ese toque amarillo al paisaje de verdes.

*

*

Todo estaba seco muy seco, ya la tierra pedía lluvia, más ahora con la temperatura que sube y sube en forma acelerada, tal vez en algún momento de la sorpresa el cielo y nos regale esas gotas benditas que caen de él, todos nos pongamos contentos para luego pedir que pare.

Me perdía en esas montañas llenas de vegetación, esa la que es única en el mundo que hace a esta región muy especial, Patrimonio de la Humanidad. Rodeada por todos lados de esas extensiones de antenas vegetales con millones de años de evolución que se pierden en la lejanía, desplegando la belleza y el enigma que esos cactus llevan consigo, allí estaban frente a mis ojos que no daban crédito de volver a estar viéndolos pasar desde la ventanilla de un autobús que casi no paraba.

Volver a ver en la carretera esos detalles que tiene México como esta olla que sirve de maceta a algunas plantitas que empiezan a crecer.

*

*

Descubrir el nuevo refugio para esperar el autobús en San Antonio Texcala ese pueblo en donde se extrae la piedra del ónix y en el que se encuentran muchos artesanos que lo trabajan.

*

*

La Virgencita de Guadalupe la que no puede faltar en ningún espacio en México para proteger a su pueblo y a su gente.

*

*

Seguimos por esa carretera prodigiosa, ya casi llegando al destino, a lo lejos se veía la ciudad de Tehuacán.

*

*

Entramos a ella, me sorprendió el que no había muchos autos, que las calles estaban casi vacías, cuando siempre es un gran tumulto. ¿Será que es demasiado temprano?, ¿será que el ritmo ha cambiado?, ¿será que aún están dormidos?.

Haciéndome esas preguntas y observando pequeños detalles de los cuales no existen en el mundo que vivo, como los semáforos, ese tener que detenernos a cada cuadra a esperar el cambio.

Llegamos al destino y me bajé para ir caminando al centro, hacia donde está el parque, seguía impactándome que estuviera tan vacío, no sentir el estruendo de los cláxones, tan acostumbrados antes de la pandemia.

*

*

Todo se me hacía raro, como la amabilidad de la gente, eso fue otra cosa que me impactó, aquella vorágine que se acostumbraba se había detenido, no podía asegurar que fuera una transformación, solo comparaba en antes y el ahora, no solían ser de esa manera, esperaba que hubieran disfrutado de la falta de ruido, así de esa forma tal vez bajaran los decibeles.

Caminaba por las calles asombrándome que no estuvieran a los golpes, pues las veredas eran tan transitadas que se sentía como si se estuviera en una pista de autitos chocadores, salvo que aquí el vehículo era el cuerpo, que se llevaran al otro por delante era la rutina o ese no poder avanzar ya que se ponían a platicar en medio de las aceras, a la cual se le sumaban todos los puestos de ventas que se adueñaban del paso.

*

*

Algo había acontecido, ¿un cambio de rutinas?, ni personas, ni autos, ni prisas, eso sí el sol como de costumbre a pleno, a pesar que era temprano.

Crucé la plaza para dirigirme a donde iba y vi a los boleros y miré mis botas que ya extrañaban el ser lustradas, la tierra les había cambiado el color, dándole un tono ocre claro, a aquel café obscuro con el cual se sentían muy orgullosas.

No podía dejar de darme ese gran gusto, el sentarme bajo un arbolito a descansar un rato y dejar que ellas volvieran a ser lo que eran.

-De regreso-le dije a mi misma- nos sentamos y disfrutamos el movimiento, aunque no sea mucho, de cualquier forma es más que el de dónde venimos y por un ratito se hace algo diferente.

Seguí derechito a hacer lo que me había llevado a moverme de mi retiro, como dijeran por estos rumbos:

¡A lo que te truje, Chencha!

CONTINUARÁ…..

MÉXICO

***

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10 comentarios en “LA SALIDA A TEHUACAN

  1. ¡Dos años, que barbaridad! Impresionante lo que hemos vivido y, pasado ese tiempo, salir a ver un mundo ¡A ver de que color!
    Themis, en verdad es una gracia hacerlo simple. Me refiero a tu relato, a todos tus relatos: la manera sencilla de narrar lo que tus ojos ven, lo hace mucho más atractivo.
    Un abrazo grande🤗❗

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    1. Gracias Maty, el tiempo ha ido pasando y nos ha ido transformando, ahora nos da la posibilidad de ver las cosas como si tuvieramos una nueva mirada, por lo menos a mí es lo que me pasa. Te mando un abrazo y pásala lindo

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  2. Bueno se ve que allá también uno se siente extraño, como recién llegado en su tierra, cuando recupera la capacidad de movimiento. El confinamiento además de un mandato inútil, ha tenido consecuencias imprevistas. Un abrazo.

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    1. Pienso que siempre que te alejas de algo el regreso te hace sentir extraño.
      El confinamiento marcó un nuevo ritmo y una nueva forma, ahora hay que ver para donde agarra, no queda otra que la adaptarse y encontrar la mejor posibilidad. Un abrazo grande y gracias Carlos

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  3. Muy buenas tardes, ¿cómo estás? Como tehuacanense que soy, me enorgullezco de haber leído esto y conocer más de tu espacio electrónico.

    Felicidad ahíta al mirar esas imágenes, al revisar sus calles nuevamente… ¡Muchas mercedes por publicar esto! Mis plácemes por ello, cuentas con un nuevo lector.

    Te envío un fuerte amplexo, que goces de cabal salud.

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  4. Hola Themis, sin duda los años críticos de la pandemia nos marcaron de una forma especial. No quisiera usar la palabra «traumar» pero creo que se le acerca. Romper la cuarentena creo fue para todos un gran alivio y una revelación de las cosas lindas que nos estábamos perdiendo por estar encerrados. Gracias por compartirnos tu experiencia y tus fotos, no conozco Tehuacán así que lo estoy conociendo contigo. Saludos.

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  5. Sí, Themis, todo ha cambiado, todo cambia cuando tardamos en volver… Cuando hablas de Tehuacán, quiero recordar si estuve allá o no, cuando fuimos a Puebla, yo creo que estuvimos allá, pero tendría que buscar en mis apuntes y viajes por México, creo que sí fuimos al sur, a las pirámides y a un museo de la evolución…? De todas formas es bonito pasear contigo y ver y disfrutar del paisaje, de la vegetación, de las calles… Gracias por este paseo tan lindo. Te mando mi abrazo y te deseo feliz semana. Besos.

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