PAISAJE CON LLUVIA EN EL DESIERTO_2

LA SORPRESA EN EL DESIERTO

EL REGALO DE LOS CIELOS

De nuevo había llegado el momento de salir a dar esa vueltecita que ya se volvió casi una rutina rumbo a la capital, puede variar el tiempo en un lugar y en otro, pero los pasos ya están estipulados.

Salgo de la montañas en donde vivo y voy rumbo al desierto.

 

montaña huautla

 

Llego a la ciudad de Tehuacán construida en él o últimamente sigo un poco más mi viaje a  Zapotitlán que es donde hago escala para pernoctar y seguir rumbo a la Ciudad de México.

No hay comparación, en quedarse a pasar la noche ahí, que es un lugar en paz, con mucha naturaleza, por donde uno le busque, vegetación de semidesierto, donde los cactus y los matorrales son los que abundan, donde se  camina con tranquilidad.

Para ello la Ciudad de Tehuacán se volvió inhóspita, no solo por la inseguridad sino por el ruido, donde cada quien sobre todo en los negocios ponen su música a un volumen estrepitoso y con ello se desata la competencia, a ver quien tiene las bocinas más potentes.

Por otro está el tránsito, los cláxones, suenan y resuenan, todos tienen prisa, nadie puede esperar, lo cual siento muy lógico pues con toda esa contaminación auditiva que hay alrededor, lo único que se quiere es huir de eso y si uno es peatón, camina con su alrededor hablando a gritos y cómo no lo van a hacer es la única manera de poder escucharse con el ruideral que envuelve el entorno, es un bombardeo sonoro.

¡Qué locura!, ¿cómo se puede vivir de esa forma? y pensar que dentro de poco arribará a los pequeños pueblos donde se cree que eso que pasa en las ciudades es lo que hay que imitar, es la vanguardia y el virus se expande.

¿Será que creen que de esa forma pueden parar lo que su interior les demanda?.  No sé, la verdad, antes me volvían loca ahora lo contemplo desde otra perspectiva, simplemente viendo el camino que han tomado, en qué se están transformando y trato de permanecer inmutable, como alguien me sugirió: “ser un lago en calma”, sin importar lo que suceda alrededor.

Cada día puedo atravesar estas circunstancias de mejor forma sin que me alteren, sin embargo aún hay situaciones que me sacan de quicio.

Eso sí con la atención en su máximo, pues por cualquier lado puede saltar la liebre.

Es un desafío, pues ir a la ciudad es algo que necesito hacer  y para qué sufrirla, mejor es encontrarle lo que tiene de encanto, permanecer en el centro invariable y desde ahí visualizar el exterior.

Como que las ciudades se están volviendo una especie de manicomio extraño, pues cada una tiene sus características, más allá que hay formas que son globales, se encuentran en casi todas, por lo menos dentro de este México y por los rumbos en que ando. Ese zumbido constante y continuo que generan.

Para colmo el tiempo no ayudaba, el calor subía y subía, parecía que cuanto más hervía, más fuerte ponían la música y más cláxones sonaban, y todos corrían, pues el piso estaba tan caliente, que claro no se puede detener mucho en él si estás al sol, eso sí, nadie entiende el principio, siguen encementando, creo que eso lo harán hasta que se empiecen a quemar los pies o tendrán que crear alguna solución tecnológica como zapatos con aire acondicionado instalado y con eso ni siquiera se dará margen a reaccionar, pues tendrán la solución en sus manos y el mercado se hará cargo de hacernos creer que eso es lo máximo, quién sabe.

Ahora sí, eso de pensar en transformarse uno, eso, ni se cuestiona.

La verdad que no entiendo, me cuesta creer hacía donde se está haciendo fuerza para que vaya la vida, a esa máscara alocada, donde todos creen que son, sobre todo los que tienen autos, esos sí que tienen un status el cual pueden mostrar, presumir, frente a los pobres desdichados que no tienen nada y andan de a pie.

El calor estaba en su apogeo, había muchos incendios por todas partes, la lluvia no se aparecía, era como si no quisiera llegar, como que estaba reacia, tal vez como advirtiendo para ver si en algo se relacionaba lo que está sucediendo y por lo menos se hace un intento de tomar conciencia.

Todo el mundo la pedía en todas partes, para dar un poco de descanso a las situaciones que se estaban conformando en los alrededores y en los ánimos que se alteraban en fracciones de segundos sacaban chispas y la hoguera se encendía.

Es el Infierno en la Tierra, no hay que morirse para irse a él, no es necesario, ya se encuentra entre nosotros instalado, sin lugar a dudas lo hemos creado y sonreímos como idiotas creyendo que es lo adecuado.

Y si en algún lugar no está no falta mucho para que llegue, es cuestión de tiempo, de que esta onda los absorba, por eso hay veces que hay que buscar esos pequeños bastiones que se mantienen para darse una vueltecita y limpiarse de toda esa melaza que se pega, que uno juntó cuando se está en los centros poblados y sobre todo cuando las vibras que se dejan sentir son conflictivas.

Por eso llegar a Zapotitlán es un oasis donde por ahora uno se puede encontrar con el silencio, indudablemente los decibeles bajan de forma muy sensible, ahora si se quiere llegar a ese no sonido, caminando un poco nada más se llega, a la quietud absoluta, al sosiego, a esa serenidad que con ella el entorno envuelve y se siente como la mente se libera, se limpia, aprovecha a detenerse, expandiéndose en él y desaparece,  paso a paso todo va esfumándose y uno queda fundido con ello, simplemente como una parte, nada más que eso, un punto en la maravilla del Universo, sin ningún otro valor.

 

CACTUS JARDIN BOTANICO ZAPOTITLÁN

 

Llegué al desierto después de haber atravesado ese mar convulsionado y ahí esperaba una gran sorpresa, algo que se pedía en todas partes a gritos.

Estuvo muy “loco” si uno lo mira desde el punto de vista de las necesidades, pues en él no había ninguna urgencia de nada, todo parecía estar equilibrado en esos momentos, un poco más de calor, pero bueno, la siesta lo resuelve todo, muy temprano en la mañana y después de la puesta del sol es cuando se hacen más tareas.

Y entre una y otra si uno quiere se tira un rato en la hamaca o reposa.

 

HAMACA EN TERRAZA

 

Al otro día de haber llegado empezó a resonar el Cielo, las luces comenzaron a cambiar, me asomé a la terraza a ver qué era lo que sucedía, se acercaba la tormenta, desde el campanario de la Iglesia, había un grupo que la observaba.

 

IO DE IGLESIA DEL CALVARIO

 

Se escuchaba como a lo lejos retumbaban los truenos que anunciaban que estaba cerca, parecía mentira que se estuviera acercando, la miraba venir.

No lo creía, después de la seca que hay en todas partes, que fuera en el desierto abierto donde las fuerzas naturales resolvieran depositar su agua.

Se veían a lo lejos  como hilitos que venían danzando siendo lanzados a los aires, no era una lluvia densa, sin embargo cualquier agua que se sintiera caer iba a ser un milagro, el Cielo nos iba a bañar, nos iba a bendecir, aunque fuera por goteo.

 

PAISAJE CON LLUVIA EN EL DESIERTO_2

 

Así fue, llegó y el aroma a tierra mojada impregnó el ambiente, dando sabor a lo más hermoso que podía suceder en ese momento, como si los cielos estuvieran mandando un regalo a estos afortunados terrícolas, que habían decidido mantener su hábitat.

 

PAISAJE CON LLUVIA EN EL DESIERTO_2

 

Una delicia la verdad, poder disfrutar de ese encuentro.

Los cactus pudieron acicalarse quitándose la tierra que los impregnaba y con ellos refulgieron, las plantas se pusieron contentas, las flores se abrieron, en un instante todo cambió y uno cambió con ello, algo renació dentro, se refrescó, gozó del espectáculo y agradeció el agasajo que significó el poder contemplar esa lluvia que con timidez caía y se volvía un remanso para el ser.

 

Zapotitlán

Tehuacán

México

 

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

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6 comentarios en “LA SORPRESA EN EL DESIERTO

    1. Sí Carlos fue un verdadero regalo de los Cielos, pues haber llegado a la ciudad y eso que no es grande fue agobiante, estaban todos como locos.
      Más allá ahí no acaba, en otra entrada seguiré con la historia. Un abrazo grande y feliz fin de semana

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  1. Amo las tormentas y el olor a tierra mojada.
    He sentido agobio en la parte en que describes la ciudad y eso que debería estar acostumbrada pues vivo en una.
    Ahora que empieza aquí también el calor “el infierno en la Tierra” es la definición perfecta.
    Quiero ir a Zapotitlán.
    Abrazo, Themis.
    Me encanta leerte

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    1. Es delicioso ese olor, es aromaterapia natural, implementada por la Naturaleza.
      Si quieres ir a Zapotitlán apúrate pues en cualquier momento desaparece, más allá que siento que por ahora todavía se van encontrando lugarcitos sobre todo en este gran México.
      Gracias Eva, un abrazote

      Le gusta a 1 persona

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