PUESTA DE SOL: CASTILLO DE CHAPULTEPEC, MÉXICO

CAMINO A ENCONTRARTE

Había llegado a la Ciudad de México hacia muy poco tiempo, hace de esto más de cuarenta años, venía de vivir cerca del mar, una de las cosas que más extrañaba, era poder ver al sol ocultarse en su despedida.

Más allá que cada día que podía, me subía al techo del lugar en donde vivía, por lo menos a ver como se teñía el cielo con los colores mágicos de su puesta.

No era demasiado seguido, pues entre semana trabajaba hasta la noche, así que veía como el cielo se iba coloreando, para luego desvanecerse a través de un gran ventanal que tenía a mi costado y que me permitía por lo menos ver parte de él. A veces me acercaba para que la vista fuera más amplia.

Un día llegó un amigo y me invitó a dar una vuelta, me dijo que me daría una sorpresa, pero nada más.

Fuimos caminando rumbo al Bosque de Chapultepec, ese hermoso lugar que es el pulmón de la Ciudad de México.

Aquí les dejo la primera parte de esta historia

PUESTAS DE SOL: DESDE EL PULMÓN DE CIUDAD DE MÉXICO

Íbamos subiendo por el camino que lleva al Castillo que se encuentra en la punta del Cerro del Chapulín, con paso tranquilo y lento, como si dispusiéramos de todo el tiempo del mundo, sin embargo, mi amigo iba mirando el reloj, cada vez que me detenía en algún lugar a ver esa gran extensión de árboles que había abajo, él se mostraba impaciente, hacía ese gesto y trataba de que siguiéramos.

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Cosa extraña, recuerdo que me empezó a inquietar pues parecía que teníamos una cita, que algo aguardaba por allá arriba o que él tuviera algo que hacer, me dio curiosidad, sin embargo no pregunté nada, seguí caminando.

Ya había estado en el Castillo, ahora convertido en el Museo Nacional de Historia un lugar que me impactó mucho, sobre todo sus jardines, los cuales recorrí disfrutando de sus formas geométricas, de sus flores, de esa maravilla que se veía desde ellos, esa ciudad que estaba a sus pies.

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Se encuentra en la cima de un volcán extinto, que en el mundo prehispánico fue un lugar sagrado.

Es un espacio muy valorado por los mexicanos y que guarda muchos momentos importantes vividos por la clase gobernante desde la época prehispánica.

Fue construido por el siglo XVIII, durante la Colonia, por orden del virrey de la Nueva España, Bernardo de Gálvez y Madrid, comenzó en el 1785, sus planes eran utilizar la residencia como su casa de veraneo, más allá que la estructura nunca llegó  a concluirse, sin embargo, fue  ocupado por una docena de virreyes.

Un lugar mágico donde se llevaron a cabo muchas fiestas para recibir a los virreyes que se venían a establecer.

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Al principio solo fue usado durante los verano, hasta Porfirio Díaz, que lo habitó  como su domicilio principal.

Tras el comienzo de la guerra de Independencia en 1810, que concluye por el 1821,  el edificio fue abandonado, sin embargo,  el último día del Virreinato de la Nueva España y el amanecer de México independiente, el Ejército Trigarante durmió en el Palacio Virreinal y de él salió un desfile al centro de la Ciudad de México, para conmemorar la victoria.

Poco después de ella, se convierte en sede del Colegio Militar, abriendo sus puertas para la formación de los cadetes.

En ese momento, se construyó un torreón, llamado «El Caballero Alto» y se instalaron armas en los alrededores, sobre todo cañones.

Luego se da un suceso que marcó historia y creó un mito sobre él, fue cuando el ejército de Estados Unidos, en sus pretensiones expansionistas,  pretendió tomar la Ciudad de México, durante una invasión por el año 1847, lo que le costó a México la mitad de su territorio.

De ahí nace el cuento de la acción de los llamados Niños Héroes de Chapultepec, según dicen,  seis cadetes dieron su vida, uno de ellos salvando la bandera mexicana al envolverse en ella y lanzándose al vacío, cuando el ejército norteamericano los rodea.

 Más allá que se dice, que solo fue un cuento nacionalista de los gobiernos que siguieron y aunque casi todos lo saben, se sigue conmemorando su día y se enseña en las escuelas esa historia, hay calles con sus nombres, porque si, murieron seis cadetes o muchos más de los doscientos que calculan que eran, que defendieron el lugar y fueron abandonados en una parte a su suerte, sin embargo, esto es otra historia, que si un día amerita les contaré.

En ese Palacio Virreinal como se le llamaba hasta que se instaló el Colegio Militar, vivieron también Maximiliano y Carlota, esa pareja francesa que llegó a gobernar, cuando la intervención del emperador francés Napoleón Bonaparte, tras la declaración de la moratoria de la deuda externa del presidente Benito Juárez a Inglaterra, España y Francia.

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Ahí vivieron, hicieron reformas al Castillo, lo acomodaron a su gusto, lo llamaron Palacio Imperial de Chapultepec y “Miravalle”, como recuerdo a su otro palacio en Europa, más allá que su estancia duró solo dos años y ahí se acabaron sus sueños imperiales.

Aunque en un principio solo fue utilizado como residencia de verano por los presidentes que siguieron, en 1896 Porfirio Díaz y su esposa Carmen empezaron a utilizar el recinto como su domicilio principal.

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El castillo siguió siendo la residencia presidencial durante la Revolución Mexicana, alojando a figuras como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón.

En total, 14 presidentes mexicanos vivieron en él durante sus mandatos.

El lugar ha sido defensa, sitio sagrado, observatorio, repositorio de historia y lugar de esparcimiento y en la actualidad Museo Nacional de Historia.

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Seguíamos subiendo con mi amigo, cada vez estábamos más alto por ese camino empedrado, en un momento volvió a mirar el reloj, la curiosidad se hacía cargo de mi alma, ¿qué era lo que pasaba?.

Cuando me dice que me apure, que ya nos falta poco y salimos a todo galope, como si la vida se acabara y llegamos a un espacio desde donde, el sol con su mágico esplendor, estaba arriba de la montaña, poquito a poco iba bajando, hasta perderse detrás de ella.

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No ha sido el atardecer más hermoso de mi vida, ni siquiera de los medianamente coloridos, sin embargo, es uno que no olvido, que si cierro mis ojos ahí me lo encuentro, pues volver a ver ese acontecimiento, que se podía decir que en un tiempo había sido la norma de mi vida, en ese instante, cuando no lo tenía, cuando se extrañaba volver a estar en él, presenciarlo, se volvió algo imponderable.

Ahí me quedé con la boca abierta, los ojos bien grandes, ese suspiro que salía y no, que estaba ahí adentro de mi pecho, esa mirada de agradecimiento, de no dar crédito, de quedarme embelesada contemplando como el Hermano Sol se ocultaba, se iba, hasta que se esfumó.

Ahí entendí con quién era la cita, ahí entendí el motivo de ese mirar el reloj, ahí entendí toda esa caminata y esa gran sorpresa de que me había hablado y que no imaginaba.

El asombro que se instaló,  me dí cuenta que no olvidaría ese instante,  que conmigo lo llevaría, pues fue uno de los crepúsculos más sencillamente preciados y reconocidos de los que he vivido.

MÉXICO

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Agradezco las fotos tomadas de internet

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

10 comentarios en “PUESTA DE SOL: CASTILLO DE CHAPULTEPEC, MÉXICO

  1. Muy bonito relato como siempre Themis, con un montón de información interesante sobre la historia de El Castillo de Chapultepec, recuerdo haber ido de niña en una excursión escolar y después ya adulta fui con una amiga que vino de Chile y en esa visita lo pude apreciar más. Me encantan las vistas de la ciudad desde ahí. Un abrazo….

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  2. Cuando estuve en Mexico DF estuve visitándolo. Me pareció no solo muy interesante si no también muy bonito, y las vistas son espectaculares. Muy buenas fotos.
    Muchas gracias por compartir estos lugares.

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  3. Qué hermoso, Themis, tener y conservar en el recuerdo una puesta de sol como la que nos describes es algo muy especial. No dudo que tu amigo quería sorprenderte en ese lugar mágico. Hay momentos en la vida que no pasan, se quedan para hacernos felices. Y como dice la canción, «recordar, es volver a vivir el tiempo que se fue» Un tiempo inolvidable en un templo colmado de historia. Mi abrazo.

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    1. Sí, Julie, así es, me sorprendió de una manera que hasta el día de hoy lo llevo conmigo, fue como si se me abriera la inmensidad delante de mis ojos.
      Tengo mucho vivido en ese bosque y en ese castillo, como para no olvidarse. Un abrazo bien grande

      Le gusta a 2 personas

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