ENTRE PICHICHOS (1)

LOS COMPAÑEROS DE CAMINATA

Un día estaba sentada en unas piedras en la Iglesia del Calvario después que se festejó al Cristo del Consuelo, esperando un poco a que el sol bajara para irme a mi lugar predilecto.

Miraba a la Iglesia desde otro ángulo, sus banderillas que habían adornado su celebración, que hacían música cuando la brisa las mecía, a ese cielo que la rodeaba con sus nubes suaves y esa luz que el atardecer les regalaba.

Era uno de esos ocasos límpidos donde el cielo azul relucía y pocas nubes se encontraban desperdigadas.

*

*

De repente, las luces cambiaron lo que me hizo mirar para el lado contrario, pues parecía que el sol había sido cubierto por un manto en donde la luminosidad que tenía la tarde, desapareciera.

Me quedé con la boca entreabierta con esa expresión medio bobalicona de aquel que se sorprende por algo que está sucediendo y que no esperaba.

El sol había sido tapado por una nube traviesa y él como regalo la perfeccionaba poniéndole una diadema de rayos dorados.

*

*

Me extasié por unos momentos viendo como todo cambiaba, las sombras paulatinamente iban tiñendo el alrededor, lo oscurecían, le daban un dejo de retirada, sin embargo, ÉL aún ahí estaba..

Lento muy lento se iba disipando, ni me moví, era el lugar adecuado para encontrármelo y que me diera esta sorpresa, este regalo celestial.

Sin esperármelo siento una presencia frente a mí, bajo la mirada y ahí lo veo, paradito, muy tranquilo como esperando que le dijera algo.

– ¡Ey! tú, ¿qué onda contigo?, qué haces aquí, si cada vez que paso por dónde vives me ladras y me quieres ahuyentar.

*

*

Sencillamente, me miró con una cara muy tierna como si me dijera:

-Te acompaño

Se quedó a mi lado, cuando algo me hace voltear y ahí me encuentro con el otro, su compañero, su amigo de juegos. Los conocía, siempre andan por la Iglesia como que es su territorio y se juntan unos cuantos y dan la vuelta y se corretean y se acompañan en la calle, pasan el rato.

*

*

Desde ese momento, en que estos dos se me acercaron algo empezó a cambiar conmigo en la calle y los perros, como si se solidarizaran, por todas partes se me aparecían, como si me saludaran, como si todos supieran que algo me había sucedido con uno de ellos, pero esto es otra historia que ya la conté.

Ahí estuvimos un largo rato juntos, no buscaron caricias, no buscaban nada para ellos, era solo estar en ese acompañamiento.

Una ráfaga de brisa fría me hizo levantarme, el Hermano Sol parecía que no se quería ir, que seguía dándome ese encanto de deslumbramiento, esa corona áurea y llenaba con colores algunas nubes que caminaban por el lienzo azulado.

Tomé las calles vacías, con ese sabor a gozo en mi alma, de encontrarme con los compañeros de vida, que en una parte iban borrando ese dolor que guardaba, no importa cuál sea el  vehículo que los transporta en este momento presente, son esos ángeles que saben sacar una sonrisa, que sin mediar palabra trasmiten una profunda empatía.

Me escoltaron un trecho para luego darse la vuelta y regresar a su territorio.

Los vi alejarse, les di las gracias por su gesto, por ese poder unirnos en un mismo sentimiento, esa falta que se siente cuando uno de ellos desaparece, ese vacío aunque el haber estado juntos haya sido por breves momentos.

Desde lo alto de un muro, un gran mastín veía la escena, la compartía y como un quejido se le escuchó, como si él también fuera parte y se uniera a nosotros a ese sentir de congoja que se siente cuando otro ser deja de ser o de estar.

*

*

Una gran sonrisa emergió, era hermoso ese sentir, esa magia que trasmitía el instante, ¿alucinación?,¿ deseo?, ¿creación de una historia?, no importaba eso era lo de menos, lo que fuera abría mi corazón y le daba paz.

Al final de la calle ese Ser Dorado que se desvanecía, persistía en dejar plasmados a sus rayos, haciendo más extraordinario el encuentro.

*

*

El silencio lo envolvía todo, el vacío se percibía en una escena donde el mundo no existía, flotaba sobre una nube colorida de ensueño que me transbordaba a ese espacio etéreo.

MÉXICO

***

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8 comentarios en “ENTRE PICHICHOS (1)

  1. Themis! GRACIAS! Siempre agradezco tus relatos, pero este en especial lo he disfrutado de una manera! ¡Ese ocaso! La imagen tan bella, es tuya captando ese mágico momento, es eso posible? Y la otra es que te acompañaron esos seres que tanto y tanto amo! Me imaginé toda una noche con ellos, previamente habiéndoles pedido permiso para estar en su territorio. ¡Mejores compañeros, imposible!
    Themis, de corazón, muchas gracias!

    Un abrazo con mucho cariño. Mucho.

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    1. Gracias Maty, en estos tiempos los ocasos suelen ser espectaculares, más como tu dices si los puedes captar, verlos, meterte en ellos. Las puestas de sol son momentos de mágico encanto, más aún cuando te acompañan esos seres increíbles. Seguirán apareciendo otros pues fueron varios días en que me acompañaron y estuvieron conmigo. Un abrazo bien grande de todo corazón.

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    1. Sin lugar a dudas hay una buena parte de nosotros que se la debemos a él, como quien dijera la vida como la conocemos, y además como nos ha ido moldeando de acuerdo a donde estemos, eso si hay una gran desconocimiento en todo lo que ha hecho. Otro abrazo grande

      Le gusta a 1 persona

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