EL VUELO DE LAS ENTELEQUIAS 

LAS SIMIENTES VOLADORAS

Esta primavera me trajo de regalo el reencuentro con las semillas voladoras y con ello el irme para atrás en el recuerdo y recapitular momentos hermosos en donde me abrieron a esa maravilla de descubrir cómo se expande la vida de las plantas, las estratagemas que encontró la naturaleza para poder ampliar sus dominios y abrirse camino.  

Hace ya muchos años tenía un amigo que ahora anda de viaje por la eternidad, era ilustrador botánico, esa profesión que lleva adelante «un romance entre el arte y la ciencia», él me sumergió más profundo al misterio del mundo de las plantas, mostrándome muchos detalles de ellas, de su forma de ser, de comportarse, de transmitir sus mensajes, su relación con todos los seres del ecosistema en el cual habitan, cómo había que verlas y tratarlas. 

También, él fue el primero que me señaló a las semillas voladoras como tales, que me hizo fijarme en ellas, pues si bien desde muy pequeña conocía a algunas de ellas, nunca había tomado conciencia de que era su sistema de transportación y lo que ello significaba dentro de la evolución. 

De ahí me llevó a recordar todas las cosas que habíamos hechos juntos, como viajar por el Estado donde vivía y ejercía su profesión: Michoacán, junto a ese lago maravilloso que es el de Patzcuaro, también estuvimos por la Selva Lacandona donde tuve la posibilidad de que me enseñara mucho acerca de las plantas y las semillas que íbamos encontrando. 

Un personaje muy especial, muy distraído, egocéntrico, que vivía en su mundo, alejado muchas veces de lo que estaba sucediendo a su alrededor, lo que lo llevaba a ser protagonista de escenas inimaginables, que muchas veces parecían sacadas de películas.  

Un día habíamos ido a un supermercado a hacer la compra, yo había ido por algo que faltaba y él se dirigió a la caja con el carrito para hacer la fila. 

Cuando regreso lo veo caminando por el pasillo y una señora ya grande persiguiéndolo y gritándole sin poderlo alcanzar: 

-¡Joven!, ¡joven! – a lo cual él ni respondía, iba muy de viaje por su mundo, alejado del mundanal ruido. 

Apresuro mi paso para ver qué era lo que sucedía, cuando veo que la señora que llevaba un bastón en su mano le empieza a pegar con él desde lejos para ver si reaccionaba, mientras seguía clamando.  

-¡Joven!, ¡joven! – La escena se me hizo bien chistosa, de caricatura y no entendía el motivo de ese comportamiento. 

Él seguía caminando con su cabeza levantada, muy tranquilo y en paz, haciendo un movimiento cuando percibía el golpe, me acerco rápidamente cuando ya habían casi llegado al área de cajas. 

Cuando me paro delante de él, toma consciencia de la señora, se da vuelta y le pregunta qué es lo que le pasa, mientras me dice a mí: 

-No sé qué le ha dado por pegarme 

– Se está llevando mi carrito y no me escucha- le dice la señora mientras respiraba profundo, fatigada. 

Ahí se empieza a reír como loco, con una risa estridente que era la que acostumbraba cuando cometía alguna imprudencia y se ponía rojo bien rojo y sin darle tiempo a que la señora dijera nada, la toma del hombro y le pregunta: 

-Y mi carrito, ¿a dónde lo dejó? 

Así, se van los dos juntos riendo, él hablándole quien sabe de qué y empujando el carrito, rumbo a donde se había dado la confusión. 

Valga esta anécdota para dejar plasmado algo de su paso por este mundo. 

Para ti, amigo querido, la historia. 

*** 

Había ido a tomar el fresco al montículo de rocas ígneas esas que son mi platea para ver al sol en su retirada. 

Cuando llegué estaba aún alto y con los 30 grados que estaban haciendo no se podía quedar al descubierto, así que salí a buscar un lugar de sombra y lo encontré en un lugarcito por el cual no suelo andar. 

Ahí estaba, disfrutando una ráfaga de aire que llegó, cuando de repente siento un sonido como de un motorcito que se enciende a mi costado. Di un brinco pues me sacó de esos pensamientos que me tenían absorta. 

Era una semilla, de esas llamadas helicóptero, que corría por la roca. 

*

Todo había comenzado un día cuando encontré en el patio de la casa una de esas semillas plumosas que andan dando vueltas, correteando con la brisa que las moviliza.  

Esas simientes que tienen como filamentos que funcionan como si fueran un paracaídas, que flotan con el viento y son depositadas en diferentes lugares. 

*

*

Conocía a las de diente de león, sin embargo, estas llamaron mi atención pues la semilla que cargaban era mucho más grande y pregunté a los aires, ¿quién es el proveedor de esta magia?, ¿de dónde salen? 

Un día, sin quererlo, encontré a un pequeño arbolito que era el encargado de guardar dentro de una cápsula una cantidad de pequeños filamentos, cuando los tomé en mis manos regalaron en sus puntas las semillas que ahí adentro se encontraban. 

Sin dudarlo un instante y dándome cuenta que aparte de ser la respuesta de lo que le pregunté al aire, era una forma de juego que me estaban enviando y  con ello la vida me otorgaba el privilegio de ser sembrador por unos momentos. 

Ni corta ni perezosa me puse a jugar con ellas, las elevé para que la brisa las acariciara y las fuera llevando lejos, bien lejos a tierras fértiles donde pudieran expandir su descendencia. 

*

*

Tampoco lo dudé con la helicóptero, la saqué de entre las rocas, me paré para que el viento la pudiera alcanzar y se la fue llevando, mientras giraba sus alas y daba vueltas como si tuviera un rotor que la moviera. Cayó a unos cuantos metros en tierra fecunda. 

Salí a buscar otras pues era muy hermoso verlas volar, a los pocos pasos encontré muchas más, las fui tomando para que remontaran el vuelo, desde muy arriba en una roca. 

*

*

Luego caminando, caminando, encontré al causante de que ellas existieran. 

*

*

Otro día sucedió que mientras buscaba a la luna entre unas ramas, cuando el sol ya se estaba poniendo, de repente me moví hacia atrás y sentí como si me hubieran agarrado, intenté zafarme y no pude, me di vuelta y vi que era una planta que me detenía con sus espinas.  Tratando de soltarme, me encontré enfrente de mí otra pequeña cápsula llena de semillas, de esas que tienen un paracaídas para ser transportadas.  

*

*

-¡Oh!, vaya sorpresa- me llamó la atención que otra planta me agarrara pues sin ella no la hubiera descubierto. 

Más allá que ahí te sentí a ti a mi lado, recorriendo, jugando con esas semillas como si por unos momentos hubieras regresado a estar aquí en la tierra, mezclado con la brisa, con esa alegría que el reencuentro de dos espíritus solo puede mostrar.  

Enseguida tomé los filamentos y unas semillas mucho más pequeñas salieron y subí mi mano lo más alto que pude y como eran muy livianas y la brisa estaba juguetona, de esas que forman remolinos, las fue subiendo, alto, bien alto y una corriente las tomó y desaparecieron. 

Sentí como nos reíamos de lo que sucedía, como dos niños libres sin nada que nos pesara jugando con «los diseños evolutivos más fascinantes dentro del reino vegetal como son las semillas aladas», algo así me habías dicho, cuando me contaste la transformación que habían tenido, que viera esa maravilla, que me encantara con ellas, que me diera cuenta del prodigio de la naturaleza. 

Mágico momento, las semillas se aparecían, como si supieran que estaba enfocadas en ellas, que las andaba buscando, eras tú sin lugar a dudas me las traías, que me sorprendías para sembrar una incógnita más a lo desconocido y sin explicaciones en esta dimensión. 

Me fascina la vida, enseguida se abre a ese misterio en donde nos muestra la interacción con los diferentes mundos que viven a nuestro lado. 

Sin embargo, con todas estas semillas que andaban dando vueltas me acordé de otras las que parecen que son como un ala delta, las que son planeadores. 

Tiempo después estaba en el patio y sin esperarlo vi que algo venía volando cuando la ráfaga se dejó sentir y se pegó en mi brazo. 

Pequeña, pequeñita, no sé si era así o se partió en su recorrido pues había visto unas mucho más largas, eso sí, son muy delicadas, demasiado delgaditas como si fueran celofán. 

*

*

Más allá de lo que fuera, me asombró, era posible que esas cosas sucedieran, que, pensando en ellas, se me acercaran y sin dar crédito allí tú estabas con esa risa que te identificaba. 

Aquí no termina la historia, pues la última maravilla fue encontrar entre las ramas secas de la enredadera y las hojas del papayero unas cápsulas verdes, una de ella abierta que dejaba aflorar una serie de filamentos. 

*

*

Me acerqué a ella y ahí, me di cuenta que esa planta que lleva varios años en el patio también su forma de reproducción son semillas voladoras, que por primera vez las mostraba. 

Milagros, milagros de esta vida que hizo reencontrarnos a través de esas entelequias que guardan el potencial de lo que va a ser. 

MÉXICO 

*

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8 comentarios en “EL VUELO DE LAS ENTELEQUIAS 

  1. Pero qué bonito todo esto! Qué lindo! Pura magia, pura vida. Mirar cómo surge la vida, cómo crece, detalle a detalle. El amigo, qué ganas de conocerlo. Lo imagino, parece que lo veo, quiero platicar con él. O más bien, dejarlo hablar y aprender. Ir con él a algún sitio donde ocurra algo tan simpático como lo del supermercado. Estoy segura de que era él quien te hablaba, quien te ponía todas esas semillas. Estaba a tu lado, no te dejaba. Y ahora mismo debe estar feliz leyéndote.

    Muchas gracias por esta preciosa entrada, llena de la magia propia de la vida.

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    1. Hola Maty, muchas situaciones graciosas viví con él, pues estaba en su mundo. Lo sentí muy cercano cuando andaba con lo de las semillas, ahí estaba, un gusto percibir de nuevo el sentir que trasmitía y ese juego con todos los plumíferos y los helicópteros que no encontrábamos.
      Gracias Maty, me alegra mucho que la hayas disfrutado, pues bien dices magia pura de la vida. Un abrazo bien grande

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  2. La naturaleza nos sorprende siempre, me hiciste recordar Michoacán, el Lago de Pastscuaro, sus islitas, la Sierra Madre y tantas vivencias con la naturaleza de frente, de lado… sorprendiéndonos. Me ha gustado mucho leer la experiencia con tu amigo y sobre todo, he disfrutado leyéndote, como siempre. Me han gustado mucho tus reflexiones tus observaciones… tu forma de contarlo. Gracias.

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    1. Gracias Julie, Michoacán un Estado bello, lleno de naturaleza, que guarda consigo las costumbres y la tradición de sus pueblos.
      Un amigo con el cual vivimos muchas cosas juntos, y recorrimos mucho el Estado. Te mando un abrazo grandote

      Le gusta a 2 personas

    1. Gracias Eva, me fascina las soluciones de la Naturaleza, a parte suelen ser bien hermosas.
      Una profesión que muy pocos practican en el mundo, por lo menos antes era muy difícil encontrar a un ilustrador botánico eran muy poquitos en el mundo.
      Una muy linda persona, aunque muy especial, un abrazo muy grandote

      Le gusta a 1 persona

    1. Gracias Ana, así es y esas semillas voladoras son una maravilla cómo se la han ingeniado para dispersarse y lograr tecnologías extraordinarias a las cuales luego nosotros copiamos o imitamos, me sorprenden mucho estos hechos. Un abrazo grande

      Le gusta a 2 personas

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