CRÓNICAS NOCTURNAS: EL SOMBRERÓN(2)

“Los días de mi infancia transcurrieron de asombro en asombro,

de revelación en revelación.

Nací en un medio rural y crecí frente a

un horizonte de balidos y relinchos.”

Atahualpa Yupanqui

Cantautor, guitarrista, poeta y escritor argentino

*

Las vibraciones estaban medio raras, de esas que se sienten en el estómago, ahí por los alrededores del ombligo un poquito más abajo, esa parte tan vulnerable, por donde está el tantien, ese centro vital que almacena la energía.

Dicen que cuando se está recibiendo energías negativas hay que proteger el ombligo pues por ahí entran, a veces es bueno hacerlo pues la verdad es que llegan, ¡cada ondas!, que mejor es cerrarlo hasta que pasen de largo.

Así que haciendo caso puse mi mano sobre él y lo cubrí, pues era como si una ráfaga extraña estuviera apoderándose del entorno. Solo se sentía, no emitía ninguna señal de su presencia, solo los animalitos parecía que la percibían y daban cuenta de ello con gritos de terror.

El alado que quién sabe cuáles eran los motivos por los cuales lanzaba al aire ese canto nocturno, como si fuera la llamada al comienzo de la función que estaba preparada para esa noche que parecía haber cambiado de frecuencia, tal vez, se había entrado a otro mundo dentro de este gran mundo.

Los balidos de las chivas se sumaron a la coral, ya era tarde para que ellas estuvieran despiertas, como si algo las intranquilizara, en el gran silencio a pesar del escándalo inusual, su «¡¡¡¡beeeeeeee!!!!», y no de una sino de varias, no se detenía. Una comenzaba y el  coro la secundaba y se movían como si el lobo estuviera cerca.

Los perros se unían en un concierto a voces lejanas y cercanas, que no paraban con nada, de repente se escucharon un grupo de ellos que como fantasmas azabaches pasaron corriendo, era una jauría que no se detenía, ¡qué locura!, parece una noche de espanto, como si se hubiera pasado a otra dimensión, una gran agitación daba cuenta del instante.

Un burro no podía quedarse afuera y sus rebuznos como un llanto opaco lo lanzaba al cielo y no paraba y no paraba, uno detrás del otro, mientras un gallo despistado anunciaba al día en plena noche.

De nuevo el pobrecillo alado, ese pajarillo desconocido en el barrio, pegó sus alaridos de una manera mucho más desesperada, sin compasión de quien lo estaba escuchando.

-¿Será que está por pasar el Sombrerón?- le comenté a mí misma, que ya andaba por dormirse y mejor se metió en su espacio onírico donde cualquier cosa puede ser y se siente protegida pues es solo un sueño.

Me vino al recuerdo cuando vivía en una comunidad muy lejana en la montaña donde la televisión se veía en la realidad pues no llegaba ni la de paga, ni la estatal, no había señal de nada, era como si se viviera en otros tiempos y con otros personajes de novela, un día todos los animalitos andaban como locos y ya era tarde en la noche, donde solo los habitantes nocturnos tenían que permanecer despiertos y los otros en su dulce sueño.

Un decir indudablemente, de dulce no tenía nada, había que estar atento para no terminar siendo la cena de los habitantes de la noche.

Llevaba poco tiempo de andar por esos parajes y la verdad que no conocía mucho de las costumbres, sin embargo ver pasar pájaros a los gritos y los aullidos de los perros a la lontananza y en la «cercananza» también ponían la piel chinita, pues algo extraño estaba pasando y ni saber a quién preguntar.

-Debe ser por el Sombrerón que anda cerca- me dijeron

Claro que enseguida vino la pregunta para saber quién era y a qué andaba haciendo que tenía a medio bicherío como loco.

-Es que la noche  está muy obscura……-se hizo el silencio

De por sí, las noches eran de vela y fogón pues no siempre había luz eléctrica con eso que estos cristianos no la pagaban, sino simplemente se colgaban a los cables que la llevaban, decían que ellos la generaban, que las tierras y el agua era de ellos y algo de razón había, su Estado alumbraba a medio país y les querían cobrar a ellos la luz como si fuera de oro, en un lugar en donde se manejaba el trueque pues efectivo era muy difícil encontrar, entonces de común acuerdo decidieron no pagar nada.

Sin embargo, los transformadores eran muy pero muy añejos y cada día se colgaban más a ellos, pues con eso que los casados se multiplicaban y había que dar luz a nuevos hogares que se formaban, y la Compañía de Luz no quería ni invertir en ellos, ni que le pagaran con frijol y maíz que era lo que tenían, así que si la luz se iba ahí la dejaban.

Pasaban días antes que se repusiera, más allá todos sabían que eso iba a suceder, pues era solo esa línea que se metía bien adentro en las montañas y llevaba la iluminación a un cuartel militar que era muy estratégico y de los grandes y que no podía estar sin ella.

Esta es otra historia que tiene muchas idas y venidas, a ellos les daba igual, ni refrigerador había, pues aunque lo tuvieran no había ni que guardar, tampoco televisión para mirar, así que cuando obscurecía a dormir y levantarse con el sol al otro día y bueno aprovechaban a hacer algún chamaco más.

Ahí comenzaron a contarme la historia, el Sombrerón era un personaje que llega casi siempre de noche a todo galope, acompañado de un fuerte viento helado y desaparece rápidamente,  muchas veces lo preceden animales aullando o se aparece de improviso de las sombras a perseguir a algún trasnochado, o borracho, o a alguien que anduviera fuera de su casa.

Se le llamaba así pues traía un sombrero de esos muy grande que le ocultaba el rostro..

Algunos contaban que su cara era de calaca, como la mismita Muerte.

*

*

-Anda por la carretera, aunque a veces entra en el poblado y recorre las calles, buscando a algún alma para asustar

Quedó por unos momentos callado como haciendo al suspenso pues era una costumbre de todos ellos, no solo para que uno preguntara sino además para dejar que el susto lo fuera poseyendo y ya lo dejaba sugestionado y bueno con tantos mundos que hay en este gran mundo, no se sabe hasta donde no se puede aparecer el Sombrerón y en esos lugares que cualquier cosa sucede, si todos se enfocan, se pudiera volver verdad.

-Cuenta Don Eusebio, el que vive al lado de Don Evaristo en la carretera, el que no puede dormir por eso está siempre sentado afuera viendo todo lo que pasa, que un día estaba ahí él como siempre, fumando y de repente vio pasar como un grupo de perros que corrían y aullaban y enseguidita se sintió los cascos de un caballo y así lo vio,  montado en un alazán muy bien cuidado, con un sombrero bien grande, se paró frente a él. El frío lo congeló, no lo dejaba moverse, se quedó paralizado mirándolo. No le pudo ver la cara, ni le dijo nada, siguió su camino y que cuando se alejó el frío se fue tras de él.

Causaba el terror en todos los habitantes, nadie salía por las noches y corrían para encerrarse en las casas apenas obscurecía.

Ahí me quedé con la historia y mirando todo ese mundo alrededor de donde me encontraba y los sucesos que estaban aconteciendo.

Al otro día recuerdo que vinieron un grupo de adolescentes a la casa a pedirme papel para armar cigarros.

-Y, ¿eso?, si ustedes no fuman

-Vamos a ir en la noche a un baile, en el pueblo de la Carmencita y tenemos que ir caminando y queda  muy lejos

-Sí y qué, ¿van a ir fumando?

-Es que anda el Sombrerón por la carretera

A esa altura no entendía mucho, que tenía que ver una cosa con otra, pero ahí quedé a la espera que terminaran la historia.

-Al Sombrerón no le gusta los que fuman y no se les acerca, por eso queremos las hojitas para armar cigarro, el tabaco ya no los dio Don Eusebio el que no puede dormir, que vive en la carretera, de ese que él planta y no hay donde conseguir  hojita, se le acabaron las que él hace de plantas y como tú armas cigarrillos con papel pensamos que nos puedes regalar algunas.

Ni modo no se les podía sabotear su ida al baile protegidos, algo que venía siendo esperado por largo tiempo, se llevaron los cigarros armados, pues sucedía que tampoco sabian cómo hacerlos.

CONTINUARÁ…..

MÉXICO

***

CRÓNICAS NOCTURNAS: LA BATAHOLA (1)

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12 comentarios en “CRÓNICAS NOCTURNAS: EL SOMBRERÓN(2)

    1. Gracias Julie, hay noches que guardan un gran misterio con las cosas que suceden, más por estos rumbos donde las historias y las leyendas abundan.
      Más vale como dices, quedarse en casa como con el virus. jajajajajajjaja.
      Un abrazo grande

      Le gusta a 2 personas

  1. Los días de mi infancia transcurrieron de asombro en asombro,

    de revelación en revelación. …Es verdad, en la infancia tenemos todos los días largos y con tanta cantidad de asombros y revelaciones , que ni siquiera nos ocurren en un año cuando estamos adultos. La leyenda es muy bonita , en todas las culturas hay algo parecido . El texto, como siempre, muy exquisito. Un abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias Tatiana. Sí, es algo que perdemos con el tiempo esa capacidad de asombrarnos, de que la vida nos siga revelando un mundo misterioso, algo que necesitaríamos rescatar en nosotros mismos.
      Es un personaje que varia de un lugar a otro sin embargo, guarda una gran similitud, puede ser más grande, más pequeño, pero ahí anda rondando muchas culturas a lo largo del mundo. Un abrazo grande y feliz fin de semana

      Le gusta a 2 personas

  2. Es una leyenda curiosa esta del Sombrerón pues de alguna manera tenemos que llamar al miedo, al mal, a todo lo que nos puede hacer daño.
    ¿Se la habrá inventado alguien de la industria tabacalera? por eso de que no ataca a los que fuman.
    Me ha gustado lo de las «cercananzas». Y todo tu relato
    Hoy tengo yo también una inquietud en esa zona del cuerpo que dices, como si fuera a pasar por aquí ese señor.
    Abrazo, Themis

    Le gusta a 2 personas

    1. Aquí en México y en América abundan estas leyendas, también pienso que es darle una cara al miedo que se tiene, sacarlo para afuera y representarlo en algo, por otro lado es una forma de quedarse quietos.
      El Sombrerón es leyenda de gran parte de América y toma diferente formas, esa del cigarrillo solo lo escuché ahí, como que estos creaban antídotos para darle la vuelta. Jajajajaj, con eso de las tabacaleras, está chistoso, en esa zona se plantaba tabaco no le hubiera servido a las tabacaleras.
      Deben ser las vibras que rondan, el viento las acerca, pues tu continete está alterado. Espero que no llegue el Sombrerón o tal vez hasta les lleva una buen risa para descongestionar. Un abrazo Eva y gracias

      Le gusta a 1 persona

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