EL GUITARRERO

Cuando el encierro le llega

cuando la obscuridad lo envuelve

él regala su música como consuelo.

Cuando niña jugaba con ellos, me encantaba descubrirlos entre las plantas del jardín, sobre todo en un rosal blanco de esos trepadores que concedía sus flores sin escatimar, una al lado de otra, que en un instante,  cuando llegaba su época de florecer él las abría, mostraba unos pétalos muy tiernos que dejaban traspasar la luz del sol, que creaban un hermoso mándala con sus estambres en el centro finos y sutiles.

Cuando llegaba la primavera y traía ese clima cálido dejando al invierno que la había adormecido atrás y se poblaba de pimpollos que un día mágicamente se mostraban, que duraban muy poco, un suspiro, sus pétalos caían, se esparcían por el suelo y la brisa muy alegre danzaba con ellos.

*

*

Eso sí, daban la impresión que nunca acababan de brotar, siempre estaba repleta de ese blanco puro como traje de novia con la que la creación la había engalanado.

Sin embargo, antes que esto sucediera una belleza de parque aromático  regalaba a los pequeños insectos que se regodeaban con el manjar que su interior guardaba.

Ella que es el símbolo de la inocencia, de la pureza, de la serenidad, de la paz, que trasmite cuando se la contempla y enamorarse de su etérea belleza es solo un paso más, sonreía con tantos visitantes, catarinas, abejas, abejorros, alguna que otra hormiga y otros más.

Ahí un día lo conocí, quedé prendada de él, de sus colores, de su forma, de su delicadeza, de su vuelo torpe, era: el guitarrero.

*

*

Me enseñaron a tomarlo en la mano con mucha delicadeza cerrarla y acercarla a mi oído y escuchar esa música de guitarra que repite usando un solo acorde.

No solo su música me llamaba sino también el verlo a él con su cuerpo rojo con dos grandes antenas con dos pompones negros, sus alas de un color metálico verde o azul, de esa forma resaltaba en contraste con el blanco de la flor que lo albergaba.

Mucho tiempo estuve con ellos cuando los encontraba, la alegría apenas los vislumbraba se apoderaba de mí, de ver a ese amigo, de pedirle que me dejara jugar con él, era parte de ese encuentro que pasara de una mano a otra, hasta que un momento dejarlo que se asomara en la punta de un dedo y desde ahí que se elevara a los cielos, con un sonido muy peculiar como el que hacen los escarabajos, pues él es uno de ellos, en ese vuelo pesado, lento, torpe.

*

*

Relucía en el aire, parecía que la Naturaleza se había deleitado al crearlo, dándole una hermosura tornasolada para encantar a nuestros ojos en ese encuentro con un pequeño ser que atrapaba con su inocencia a aquel que sabía comprenderlo y agradecerle que le regalara su tiempo.

MÉXICO

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21 comentarios en “EL GUITARRERO

    1. Es del sur de Sudamérica por eso no lo haz de conocer, pues no se encuentra en muchos lugares. Sus criaturas y su entorno fueron en gran parte mis amigos de juegos, con los que compartí un buen trayecto de mi vida. Gracias Ana, un abrazo grandote

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