CRÓNICAS DESDE EL PATIO: EL REGALO DE FIN DEL AÑO

LA DISCRIMINADA  

El día gris estaba apático como si se opacara con ese cielo indiferente, sin muchas ganas de que lo miraran, deslucido como si el abatimiento se hubiera hecho cargo y ya no podía ocultar más que estaba cansado, harto tal vez.

Me quedé mirándolo y como preguntándole si era él el que estaba así y me contagiaba o era yo quién así lo percibía o mutuamente nos proyectábamos.

En eso estaba cuando empiezo a ver caer desde él una serie de elementos que vienen dando vueltas como en una danza gótica, que acompañaba al momento .

-¿Lágrimas negras?- me pregunto pues ni mi misma estaba para comunicarle, se había metido muy adentro en la caverna protegida de estos cambios emocionales estacionales. Mejor se fue al refugio y se puso a meditar sobre «la inmortalidad del cangrejo», que según dicen esa frase viene a raíz de que un día Zeus estaba platicando con un cangrejo y este le dijo que él era inmortal ya que al caminar de costado engañaba al tiempo y de esa forma no envejecía. Ahí quedó el dios pensando:

-¿Será o no será?

También mi misma muchas veces cuando el clima está así de cabizbajo se pone a ejercitar el cerebro con el método de este mismo ser: el cangrejo, pues quién sabe por qué le ha dado ahora con él, ese planteamiento matemático que dicen sirve para razonar y para tener las neuronas bien fresquitas en donde se da todo vuelta, se empieza de atrás para adelante, se hacen las operaciones contrarias, si dice suma uno resta, si dice divide uno multiplica y bueno se resuelve de esa forma la incógnita de una cifra no dada. Sin embargo, esto es un comentario al margen, son juegos nada más para darle mantenimiento a la mente y equilibrar todos los aspectos, también útiles para sobrellevar la pandemia y no estar pensando estupideces.

Ahí quedo mirando como caían, una y otra, lentamente, meciéndose en el aire, como llevadas por una brisa que no se sentía, pues en apariencia nada se movía, sin embargo las apariencias engañan más en estos tiempos y cualquier cosa puede suceder.

*

*

-¿De dónde vendrán?, quizás alguien estaba quemando algo- digo contestándome.

No me detuve mucho en este cuestionamiento sino en hipnotizarme contemplando la forma armoniosa de su deslizarse en el aire.

De repente bajó una tortolita, empezó a dar vueltas como buscando algo que comer, lo hacía de una forma rara, como si estuviera atascada, algo le pasaba, la retenía, desde donde estaba no podía ver qué le sucedía.

Largo rato fue y vino, se picoteaba las patitas, se agachaba, se quedaba inmóvil, para volverse a parar, para volverse a sentar.

*

*

Se la veía asustada, nada que hacer pues no se dejan agarrar, ahí me quedé contemplándola.

De repente vuelve a pararse y mete la cabeza entre las patitas, se queda un rato y ¡al fin!, saca con el pico un elemento que parecía un hilo con otras cosas enredado.

*

*

Feliz de haber resuelto su problema, se pone a comer para luego levantar el vuelo.

En eso estaba calentando un poco de agua para no beberla fría ya que está congelada con eso de la temperatura baja y tomarla de esa manera lleva a que todo se desequilibre por dentro, y en eso se aparece un ser que ya lo había visto antes venir a comer, sin embargo, fue rechazada por todas las demás tortolitas, quién sabe por qué no la querían, se había parado sobre el tendedero y desde arriba miraba a todas, lo hacía con unas posturas diferentes a las usuales en ellas. Tenía una forma muy personal de observar, lo que me llamó la atención.

*

*

Se me hizo extraña pues la verdad que estaba un poco caricaturesca, una presencia que se hacía algo grotesca, diferente a todas las que había visto, con todas sus plumas revueltas, como si no tuvieran un criterio para el crecimiento, era como un muestrario de todas las que en su raza pudieran existir pero de a pedacitos, torcidas, derechas, y su autoestima se la veía bien baja. Al principio pensé que estaba en el cambio de vestimenta, para luego darme cuenta que no era ese el motivo, que así era. Parecía una colcha de retazos.

Esta vez, se paró delante de mí y empezó a caminar acercándoseme como hacía al principio Coquita, como en zig-zag, a lo lejos vi a otra que venía bien apresurada corriendo a advertirle que no era bienvenida.

*

*

-¿Quieres comida?-le pregunté, se queda parada y me mira, con unos ojitos tiernos típicos de ellas, cuando llegó la otra y sin ningún miramiento la quitó. Hice un movimiento y también se fue volando.

Allá fui por un poquito de arroz, lo puse en el piso y ella bajó, empezó a comer con todas sus ganas. Eso sí no había ninguna otra cercana, ella solita, en el muro, el gato que viene de vez en vez en busca del sol, sin embargo, ahora estaba frustrado ya que ni había dado muestra de querer aparecer y él también parecía desganado.

*

*

Así sucedió varios días, cuando me veía se ponía delante mío haciéndose notar, eso sí, siempre que no había ninguna de las otras, se empezó a dar como una cierta complicidad entre las dos, cuando las otras llegaban ella se iba y si estaba sola se quedaba comiendo feliz y tranquila.

*

*

Se me hacía la pobrecita del vecindario, flaca, desplumada, sin un buen porte, ¿sería por eso que la discriminaban?, ¿será acaso que también existe entre los animales ese sentir de no aceptación por ser diferente?.

*

*

Eso sí, hasta el día de hoy llega cuando las dos estamos solas, se me acerca, no me teme, se pone a dar vueltas hasta que le llevo comida.

La que sigue viniendo es Chispita, esa sí cada vez que tiene la posibilidad se mete, se para delante mío como diciéndome:

-…Y mi comida, ¿dónde está?

*

*

O se tira un rato a tomar sol para luego buscarse un lugarcito protegido y dormirse su siesta y deja escuchar esos ronquidos de aquel que lo puede hacer a piernas sueltas, dejándose ir en la barca de los sueños sin miedo, ni pendientes.

*

*

Eso sí, lo más delicioso de este fin de año y principio fue el papayero, ya regaló sus primeros frutos maduros, de un color hermoso, para deleite y endulce de este invierno, de un sabor que es gloria de los dioses.

*

Así está el patio con todos sus últimos acontecimientos, donde se opinaría que no hay cambios, para alguien que no lo habita, que siempre es lo mismo, un paisaje de cemento sin nada en particular, que sin embargo, guarda dentro de él mucha vida, mucho misterio,  muchos sucesos y los eventos extraordinarios para que uno se quede contemplando y conviviendo con ellos y de esa manera se olvide de que el día estaba gris, plano, sin mucho sentido y donde parecía que la vida de él se había retirado.

Los milagros existen en cualquier lugar y ocasión, de repente surge lo que está detrás, otros mundos para ser percibidos y compartidos.

MÉXICO

***

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10 comentarios en “ CRÓNICAS DESDE EL PATIO: EL REGALO DE FIN DEL AÑO

  1. Parece que el cielo de cada día prepara un telón diferente para que sea el fondo de lo que debe acontecer. Unos antes u y otros después a todos nos toca el turno de interpretar el papel asignado. A ti te ha tocado el de corresponsal de campo. Gracias por compartir estas historias. Un abrazo.

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  2. Como siempre es una delicia tu relato. Me quedé pensando en eso de si en el reino animal también discriminan. Quizás sí, aunque no me gustaría. Siempre he pensado que en la naturaleza hay una sabiduría mayor a la que tenemos nosotros como simios evolucionados (lo guardo en la cajita de las cosas para pensar y reflexionar). Qué linda tu planta de papaya y qué buenos frutos. Cuando yo vivía en la costa, en Manzanillo, Colima, una vez una semilla fue a dar a mi jardín, resultó una papaya. Los primeros frutos eran muy pequeños pero deliciosos, pero la planta fue creciendo y ya no los alcanzábamos. Nunca supe como manejarla. Me sorprende que se den también en clima frío. ¡Saludos!

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    1. Gracias Ana, supuestamente no se discriminan bien dices que eso es del humano, sin embargo algo raro vi en el comportamiento que tenían con ella, quién sabe los motivos.
      La planta de papaya no creció alta pues tiene muy poca tierra donde está es un huequito de unos quince centímetros por treinta, eso sí tiene mucho fruto, está cargada de ellos, los primeros bien grandes. Aquí el clima es de desierto, calor en el día, y en la noche mucho frío, aunque últimamente está muy confuso. Generalmente se dan en clima más tropicales. Un abrazo grandote

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    1. Hola Eva, lo hice, ya comí unas cuantas que han madurado, una delicia y todavía hay unas cuantas más, esperemos que maduren a pesar que ya las agarró el invierno.
      México es país productor, antes eran muy baratas, ahora se han encarecido como todo lo que mandan para afuera. Un abrazo grande y gracias

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