CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LAS ENSEÑANZAS

«MIRA PROFUNDAMENTE EN LA NATURALEZA Y

ENTONCES COMPRENDERÁS TODO MEJOR.»

ALBERT EINSTEIN

El frío empieza a dejarse sentir, todos los animalitos están protegiéndose de él, esperando que el día amanezca para ir a refugiarse en los rayos tibios del Hermano Luminoso. Él hace que poco a poco se desprenda de sus cobijas naturales el entumecido de la noche a la intemperie.

Allí estaba la hermana ardilla, cada día más gorda, fuerte, se la veía a lo lejos en el techo del vecino, muy quieta, compenetrada dejándose acariciar por el dorado de ese Astro Rey mientras andaba en el camino al cenit.

*

Nos miramos, ninguna de las dos estaba como para moverse, parecíamos cubitos de hielo, nos
hermanábamos, como si cada una se diera cuenta del estado similar de la otra.

Las tortolitas también hacían gala de quietud, inamovibles, ni la comida las seducía para bajar, el piso estaba frío aún no llegaba el calor a él.

Me preparé el brebaje negro aromático que hace el deleite de cada mañana, más ahora que calienta al cuerpo mientras sigue por un rato aún acobijado, abriendo los ojos al nuevo día y esperando que la tibieza emerja.

El Señor Invierno se acerca, ya lo tenemos a la vuelta de la esquina, ya viene el fin del año, otro más de pandemia que parece que no tiene prisa en abandonarnos, por el contrario, cada día marca con más claridad lo que nos espera, hemos de crear nuevas formas de relacionarnos y de vivir.

En el mini huerto relucen las papayas cargadas de vitamina C, ya están madurando, una delicia para este temporada, un regalo de la naturaleza que permite que en tan poquita tierra haya tanta abundancia, más de treinta están alistándose para sernos concedidas, esa dádiva tan reluciente y esperada.

*

*

Los chayotes otros que ya hacen gala de su crecimiento, sus frutos casi listos para sernos obsequiados.

*

*

Y nuestra querida enredadera que ya dio todas sus estrellas blancas, creció hasta las alturas y poquito a poco se retira de nuevo para dormir el invierno y juntar fuerzas para sobrevivir y salir reluciente en la próxima primavera.

*

En esta época todo se enlentece, se obscurece, nos hace arroparnos y dejar que nuestro pensamiento navegue adormecido por los mares interiores.

Ahí estaba sentada en los escalones en la tarde, dejándome bañar por los últimos rayos de sol y mirando a las tortolitas que lo disfrutaban.

Estaba el Mandamás con la Despeinada y el que creo que es el nuevo hijo, pues a los tres se los veía muy juntos, cosa extraña entre las tortolitas salvo que sean familia,  lo mismo del año pasado con el pichón que tuvieron, me gusta verlos en esa paz que muestran.

Increíble como lo enseñan, como lo integran a las diferentes actividades como esa la de entrar a la casa donde la pareja lo hace muy frecuente y el otro día llegaron con él, recorrieron el espacio, como si fueran a alquilarlo.

Pongo en la puerta un obstáculo para mantenerla abierta pues con eso que van y vienen y a veces se cierra se les dificulta salir y empiezan a revolotear desesperados, también para que se ventile un poco la casa pues a pesar del frío pasado el mediodía sube la temperatura.

Ahí estaba la pareja, parecía que el pequeño no se atrevía a bajar y mientras un padre caminaba, el otro trataba de persuadirlo de que no pasaba nada, se tomaban todo el tiempo del mundo, al final brincó de donde estaba y los tres muy sigilosos iban y venían por el espacio.

*

*

Era hora de darles la comida para que se fueran a sus lugares del sueño, salí al patio y todos se volcaron enseguida, gorriones y tórtolas al suelo.

Me senté en la escaleras a ver qué pasaba, como se desarrollaba este encuentro, pues si algo estaba sucediendo es que había muchos nuevos.

De repente veo a una de ellas que llega, con una marcha torpe todavía al lado de las otras, que mira para todos lados, como buscando algo, sus plumas aún se ven muy suaves, muy jovencita, de los nuevos nacimientos, como que está recién independizada, se muestra perdida, camina lento, quiere picotear en el piso y otra más ducha en esos menesteres le gana.

Me quedo observándola, cuando se acercaba mucho a otras, enseguida a picotazos la corrían, se mueve para un lado, se mueve para otro y ¡ZAS!, alguno la agredía.

Mira y mira y como que no encuentra lo que busca para en un instante salir corriendo con sus patitas que muy graciosamente se movían, llega cerca de una de las que estaba comiendo, la cual la saca de su lado y se va lejos. De nuevo se repite la escena, una y otra vez se acerca y la otra se aleja, como si estuviera huyendo de ese ser que lo más probable ya no reconoce ya como su responsabilidad.

No había comido nada, ni un solo grano, no tenía experiencia, si seguía así se iría al encuentro con Morfeo con la panza vacía. Gajes del oficio, así pueden ser los inicios.

En un instante todas alzaron vuelo, ella se quedó mirando como pasaban sobre su cabeza, sin hacer nada, no las siguió, creo que no entendió que algo llamaba a la protección, con seguridad que había sido el sonido de una moto que pasó haciendo un gran estruendo, no muy frecuente por esta calle.

*

*

Ahí se la veía, como esperando que vinieran por ella, que alguien la rescatara, sin saber muy claro para dónde moverse. Rato largo estuvo en el suelo, sin ni siquiera acercarse a la comida, como que realmente no estaba muy bien entrenada o era lenta de aprendizaje.

Alzó el vuelo y se subió al muro de donde oteaba para todas partes, nerviosa, alterada, se perdía en esa gran inmensidad, tal vez era el inicio a esa vida sola donde tendría que solucionarla sin esperar nada, encontrar pareja para sentirse acompañada, para hacer su nido y proseguir con la tarea a la que por naturaleza fue asignada. Al fin, salió también ella volando.

*

*

Veía las diferencias en las crianzas, esta pobre abandonada sin haber ejercitado suficiente el alimentarse por sí misma, huyendo los progenitores de ella, y por otro el Mandamás y su familia, tomando sol tranquilos, sin inquietarse, disfrutando todos juntos, hasta que como sucedió con el hijo anterior encontró su compañía y se fue.

Los inicios parece que no son fáciles para muchos, el cambio los desorienta, no están preparados para él, eso parece por lo menos en lo que veo.

El inicio y el final, dos ciclos que tienen algo muy similar, uno de apertura y otro de cierre, sin embargo emparentados por el mismo desconcierto.

Luego que todas se fueron, el frío regresó con ganas, el disco dorado ya se había retirado dejando un cielo cargado con los colores típicos de esta época, me abrigué y me senté un rato a contemplar la llegada de la noche y algo desde el techo llamó a mi atención, miré hacia él y ahí la veo, era Coquita, solita, toda arrepolladita, en el mismo lugar donde se solía poner la Ñandu, (su pareja que ya no está) y a veces lo hacían las dos juntas a despedirse del día o a tomar sol.

*

*

Me enternecí, lo mismo que con  la pequeña cuando la vi tan desorientada. Las emociones andan sueltas, la naturaleza me las muestra, me las hace sentir, me deja en claro que es la vida que por ellas camina, que ésta que sentía ahora era propicia para meterse dentro, aquietarse, así como estaba ella y hacer un viaje de recapitulación.

Otra vuelta nos encuentra el invierno a Coquita y a mí acompañándonos mientras despedimos a otro día.

-Hace frío- le digo

Nos miramos y así nos quedamos.

MÉXICO

***

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11 comentarios en “CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LAS ENSEÑANZAS

  1. Es el frío, que alterando las costumbres aprendidas en verano, nos anticipa que la vida, además de breve, a menudo también se presenta frágil. En este tu patio, a veces creo que cabe la historia entera del mundo. Un abrazo.

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    1. Gracias Carlos, suceden muchas cosas y cada día conociendo a los protagonistas se vuelven más familiares y también te permite ver su formas de actuar, hay veces que pensamos que por ser de la misma especie tendrían que actuar igual, sin lugar a dudas detrás hay otras formas o modalidades que se adaptan al entorno y aprenden para poder subsistir, es algo que me maravilla irlo descubriendo y como muchas veces se asimila a las conductas del humano. Un abrazo grandote

      Le gusta a 2 personas

  2. La naturaleza es un libro abierto de ella aprendemos cada día, Themis. Yo también estoy rodeada de tórtolas y gorriones, suelen comer juntos en las mañanas y sí, algunas veces alguna tórtola queda sola. Es hermoo observarlas… Nos enseñan grandes lecciones. Gracias por compartir tus observaciones. Me encantan. Besos.

    Le gusta a 2 personas

    1. Tú también cuentas con una naturaleza extraordinaria a tu alrededor y de mucha vida, meterte en esos mundos es aprender de ellos, es hermoso tenerlo cerca y poderse sumergir en ellos. Un abrazo grande, gracias y me alegra mucho que te encanten mis crónicas.

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    1. Hola Ana, pienso que sí, hasta sentarte a contemplarlas es como tener un mundo delante que se vuelve como una serie, suceden muchas cosas que a veces son tan parecidas a la sociedad en la que vivimos o también puede ser que uno se proyecta en ellas. Las fotos ayudan mucho, sin lugar a dudas es un viaje. gracias, un abrazo grande

      Le gusta a 3 personas

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