LA CERCANÍA DE LA NAVIDAD (2)

Cuando el Cielo se obscurece

Era el día anterior a que llegara la Noche Buena, había salido a mirar el nacimiento que estaba en el pueblo, lo adornaban piezas de ónix que esperaba que estuvieran encendidas cuando regresara, ya que ahora había decidido, a pesar de lo nublado y gris que estaba el día, ir a ver si podía encontrarme con la luna llena que al ratito nomás tendría que salir de entre las montañas.

Apenas cruce la plaza me encontré que la luz resplandecía, a pesar de los copos blancos que circulaban por el cielo azul.

Me sumergí en un pueblo vacío, donde no se veía a nadie, donde los pasos retumbaban del silencio que en él había, parecía un poblado fantasma dividido en dos, de un lado un firmamento obscuro, por otro la la claridad.

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*

Ahí seguí caminando mientras observaba que ya todo estaba seco, los pastos en ese color amarillo que se tiñen en esta época, la lluvia se había retirado, y todo había vuelto a las andadas, las plantas ya no estaban bañadas, y a medida que me acercaba al lugar a donde iba, más se notaba que era la hora de que el verde desapareciera.

Fui subiendo despacio, mi último recuerdo del paisaje era duchado por la lluvia, la verdad que se la extrañaba, hacía ya mucho que no caía, más allá que había sido un año beneficiado por ella.

*

*

Cuando llegué arriba la luz se desplegaba y a lo lejos las montañas estaban teñidas de ese dorado que el Hermano Sol con sus rayos regala.

Seguí mi caminata, quería llegar al otro lado de la cancha para sentarme a ver si salía la luna.

*

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La tierra suelta que por todas partes relucía se impregnó en mis botas a medida que daba mis pasos una pequeña nubecita de polvo se desataba a mi alrededor, sin lugar a dudas la seca había llegado.

Un auto daba vueltas en la cancha vacía, alguien estaba aprendiendo a conducir y creaba un gran garabato que lo dejaba plasmado con su paso sobre la tierra como si fuera una enorme hoja.

*

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En un momento me doy la vuelta y allá veo a la tormenta que está detrás de la Iglesia sobre el pueblo, de ahí la obscuridad que en él había.

Espero un rato y las nubes se empiezan a agolpar sobre la montaña.

 -La luna no se dejará ver- le digo a mi misma con una cierta decepción

Voy de regreso al montículo en donde me siento. El sol se retira, arriba de él la tormenta no le da espacio para desplegar su atardecer, solo un filo dorado pegado al horizonte le permite.

*

*

Frente a mí se aparecen unas rocas que me recuerdan a un día que allí estaba y llegó una niña como de unos cinco años, con una señora y una adolescente y se maravilló de ver las formaciones que allí se formaban.

-¡Qué bonitas!- dijo- sin lugar a dudas no era del lugar, estaba de visita, pues recién lo veía por primera vez.

-Es un palacio- exclamó y enseguida nació ese juego simbólico, ese jugar verdadero, el que nace del alma y lo envía el desarrollo para tener una vida más equilibrada.

-Aquí está el baño, con su tasa, su lavabo- y sus ojos se abren enormes junto a su boca, el asombro está a su lado. Toda ella es un poema, un dulce personaje de un cuento encantado, que descubre un mundo de ensueño, donde se sumerge, borra lo que la rodea y solo se encuentra en esa otra tierra donde todo es posible y en un ¡TRIS!, lanza el juego.

*

*

Sigue observando con cuidado todo su alrededor y señala un espacio y les dice:

-Esta es la sala con su sillón, ustedes vienen de visita y se van a sentar aquí. Ahí está la puerta….

*

*

Mientras sus ojos recorren buscando nuevas formas que le sean familiares a algo y de repente se escucha:

-¡Oh!, aquí están las camas- señalando unas piedras planas.

Así se desata el momento, donde todos se vuelven parte de él y ella como hábil directora en un teatro de roca ejerce el puesto que nace de adentro de sí misma y al cual está descubriendo.

-Yo soy la princesa

-Buenas tardes, es un gusto que vinieran, pasen por aquí, tomen asiento…………….

Fantástico juego, donde todo se puede transformar en lo que se quiera y dar riendas suelta a perderse en la imaginación, en el crear, en el no necesitar nada, solo a sí mismo para ser uno con la magia del Universo.

La tormenta va acercándose ya está arriba de mi cabeza, más allá que suele pasar y seguir su camino sin derramar el preciado líquido.

-No te vayas sin regalarme unas gotas- lanzo a los aires mi deseo

En eso estaba, mirando surcar movido por la brisa, a ese gigante obscuro por el firmamento, cuando siento algo fresco que cae en mi cara, y empieza a dibujar las rocas en las que estaba sentada.

-¡Qué maravilla!, gracias- y cierro mis ojos para sentir como pequeños toquecitos me acarician y le dan humedad a mi rostro reseco.

*

*

Se prenden las luces del pueblo, el cielo se ensombrece, la brisa se levanta, la tierra vuela, hace remolinos, es hora del regreso.

Desando mi camino, el nacimiento aún no está encendido

-Regresaré otro día

Llego a la casa, ya estoy guarecida, como caído sin aviso, se desata un gran aguacero.

Me siento a contemplarlo y a agradecerlo.

MÉXICO

DULCE Y TIERNA NAVIDAD

LA CERCANÍA DE LA NAVIDAD (1)

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6 comentarios en “LA CERCANÍA DE LA NAVIDAD (2)

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