HORACIO QUIROGA: CAMINO A LAS RUINAS JESUÍTICAS (2)

LA SELVA MISIONERA

Por la década de los 90 del siglo pasado, había ido con una amiga mexicana en una excursión desde Montevideo a Las Cataratas del Iguazú, la cual visitaba la casa de Horacio Quiroga en Misiones, la que desde hacía mucho tiempo había querido conocer. 

Aprovechábamos  una oportunidad en que la situación económica del lugar estaba en una gran crisis y los precios si bien para los lugareños eran excesivamente caros para alguien que viajaba desde México era una ocasión ya que el dinero rendía mucho más.

Aquí les comparto la primera parte de la historia.

HORACIO QUIROGA: DE VIAJE A LA SELVA MISIONERA (1)

Estuvimos en Asunción del Paraguay visitando diferentes lugares y nos habíamos trasladado a Fox de Iguazú en Brasil donde conocimos las cataratas, y cuando en eso estábamos nos enteramos que la moneda se había desplomado, la inflación era descomunal, no se podía parar y no había certeza de nada por lo tanto, la única moneda que era aceptada era el dólar, tampoco las tarjetas de crédito servían.

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Un gran shock para todos los que iban ya que la gran mayoría utilizaban sus tarjetas de crédito y dinero argentino y brasileño que era el más común para el lugar, se podía decir que se habían quedado sin posibilidad de gasto, más allá la excursión contemplaba por lo menos dos comidas en el día, cosa que alivianaba el estar y el mate esa bebida tan característica de los uruguayos remediaba cualquier momento.

Teníamos la tarde libre dentro de la excursión, entonces nos fuimos a dar una vuelta y ahí fue cuando nos enteramos de lo que había acontecido, cosa que en lo personal nos beneficiaba bastante, pues era algo inaudito lo que podía el dólar lograr, pues en cualquier negocio vendían a precios risibles lo que uno quisiera, pues la cuestión era poder tener un dinero seguro que permitiera sostenerse durante esta crisis que no se sabía cuánto iba a durar.

Recuerdo que fuimos a una panadería confitería a comprar unos panes para compartir con nuestros compañeros de viaje pues acostumbraban muchos de ellos en las tardes cuando se tenía el día libre sentarse en la alberca del hotel a tomar mate con pan o alguna galleta en una gran ronda, sabiendo la situación y también como forma de reparar nuestro comportamiento durante la excursión, pues solíamos retrasarnos, eso hacía que nos tuvieran que esperar dilatando las salidas.

Sucedía que en estos viajes la hora tiene que respetarse a rajatabla ya que todo está medido, nosotras nos quedábamos dormidas o nos atrasábamos, por otro lado nos perdíamos los deliciosos buffets que servían por no darnos el tiempo.

A veces llegaba al comedor tomaba un vaso desechable con café, pues ese era imperioso, pedía una bolsa y tomaba todo aquellos alimentos que se podían transportar y salía volando al autobús, donde nos recibían con bromas y algunos con malhumor.

Algo que aprendí de las excursiones es la programación al segundo, el «no se separen», el contar al grupo por si alguno se había perdido, los juegos a bordo del autobús, los cantos, fue mi primera y única vez, más allá que por otra parte fue una gran experiencia, que en muchos momentos ese vértigo del cumplimiento del reloj no permitía gozar instantes o aconteceres que sucedían, sin embargo es una forma de viajar económica y acompañado para aquellos que no quieren hacerlo solos, conocer nuevos amigos o estar con uno mismo si así se quería.

Volviendo a la panadería lo primero que nos dijeron era con qué moneda íbamos a pagar cuando le dijimos que con dólares nos comenzaron a ofrecer de todo y algo que llamaba la atención era que nos preguntaban, que cuánto pensábamos gastar y ahí nos ofrecían unos paquetes increíbles por unos dólares más, ya que por un dólar se podía hacer una super comida para dos, decir cinco dólares en pan era como llevarse el comercio completo.

Así llegamos de regreso al hotel cargadas de ricos panes dulces para la sorpresa, el deleite de todos y el disfrute de ese mate, el cual es la compañía de un solitario o la ocasión para la reunión, típica bebida de los sureños que algún día les contaré sobre ella. 

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Nos unimos a la rueda que el mate crea y disfrutamos de un gran momento.

Extraña experiencia esto de la moneda, cosa que luego viviría de otras formas otras veces, donde me sucedió lo contrario teniendo el dinero en la tarjeta de débito, no poder sacar ni para comer pues no permitían extraer en los cajeros ni en los bancos, sino una cantidad por semana que también era risible. Historias de inflaciones y derrumbes de las monedas, corralitos, efectos y quien sabe que cosas que hacen los que manejan las economías mundiales para sus propios beneficios.

Seguimos camino rumbo al lado argentino, donde visitaríamos las Ruinas Jesuíticas, las de San Ignacio, por las cuales conoció Horacio Quiroga a la selva misionera como fotógrafo, acompañando a Leopoldo Lugones, un gran escritor argentino, en un relevamiento de dicha zona arqueológica.

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Eran la antesala de la llegada a su casa, último lugar en el que pararíamos pues luego sería el regreso directo a Montevideo donde solo nos detendríamos para la comida, ya que la cena la comeríamos en el mismo autobús.

El calor se dejaba sentir, abrumaba, el sudor escurría por la frente cuando bajamos del aire acondicionado del autobús, el aire caliente llenaba los pulmones con una suerte de fuego que llevaba a la respiración a entrecortarse, a tener como unos espasmos antes de acostumbrarse.

«Entretanto el calor crecía. En el paisaje silencioso y encegueciente de sol, el aire vibraba a todos lados, dañando la vista. La tierra removida exhalaba vaho de horno….»

Con paso lento fuimos sumergiéndonos en las ruinas que relucían su color rojizo, en el verde espeso de la jungla que las rodeaba, y de fondo el cielo azul.

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Rápida fue la recorrida no tanto porque faltara el tiempo sino por la temperatura que allí había y que era imposible soportar, muchos se quisieron regresar al autobús sin embargo, había ido por gasolina y se quedaron acobijados en una palapa que daba una sombra que solo engañaba con que bajo ella iba a ser más soportable.

Me fui a caminar, quería meterme un poco en la jungla donde sentía que el calor sería menos denso, y así fue, me sentí sumergida en los claroscuros, en esas luces que atravesaban la espesura de los árboles y muy graciosamente bajaban regalando rayos que hacían de reflectores que resaltaban pequeños ecosistemas. En la gran inmensidad el diminuto detalle se realza y llama para ser contemplado.

El juego de las luces y las sombras un encantamiento para cualquiera que incursione en la fotografía como él lo hacía y luego volcar esa experiencia de emociones sentidas con la pluma en el papel.

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Una maravilla, estar en ese mundo que envolvía, que llevaba así fuera por unos breves momentos, a estar inmerso en él. Vino a mi cabeza aquella música de la película «La Misión», que hacía aún mucho más elocuente lo que allí se sentía, lo que sucedía, lo que el alma compenetrada con ese medio que la absorbía podía ser capaz de realizar, tanto para un lado, el de la creación o para el otro, el de la destrucción pues ambas posibilidades cohabitan en su espesura. Las dos caras de una misma moneda.

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Regresamos y ya estaban en el autobús, esperando que diera la hora programada para partir.

«Era tarde ya, y el húmedo calor inundaba la selva de agobiante pereza.»

Partimos rumbo a ese último punto el que había desencadenado este viaje y que lo coronaría como la cereza al pastel, poco a poco se revelaba que  todo el recorrido anteriormente realizado fue la introducción y la preparación en ese camino emprendido por este gran escritor, que sin lugar a dudas mostraba el poder que ese ambiente ejerció en su espíritu, que lo ayudó a canalizar los horrores desde pequeño vividos, le dio esa posibilidad loca de introducirse en el gran misterio de un mundo que nunca acaba de develarse como la vida y la muerte mismas.

CONTINUARÁ…..

DESDE MÉXICO

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HORACIO QUIROGA: CUENTOS DE LA SELVA

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HORACIO QUIROGA: DE VIAJE A LA SELVA MISIONERA (1)

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Agradezco las fotos tomadas de internet

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12 comentarios en “HORACIO QUIROGA: CAMINO A LAS RUINAS JESUÍTICAS (2)

  1. ¡Que interesante relato! Me has hecho sentir ese aire caliente que te quema al respirar y en contraste la maravillosa sensación envolvente del frescor de la jungla con sus juegos de luces y sombras. El reportaje fotográfico, una preciosidad.
    Saludos, Themis.

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  2. Qué hermosa experiencia y qué lugares mágicos, me hiciste recordar esa gran película: La Misión. Sin duda, viajar nos enseña y nos da a conocer, no sólo lugares desconocidos, también la convivencia con las personas y las cosas del momento. Gracias, Themis, por hacernos partícipes de tu experiencia .
    Mi abrazo.

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    1. Gracias Julie, fue un lindo viaje y más viéndolo y recordándolo después de tanto tiempo. Lugares muy hermosos y bien dices mágicos que abrían la puerta a muchos misterios, más que recorriéndolos te sentías en los cuentos de este gran escritor. Un abrazo grande, feliz día o tarde?

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  3. Qué viaje fascinante! Voy leyendo tu relato y (como estamos en verano en el hemisferio sur) puedo meterme en él y sentir ese calor agobiante que conocemos quienes hemos nacido en un país de clima húmedo, como Uruguay.
    Y la música me hizo retrotraer a la época en que me fui a vivir a Montevideo (soy de San José de Mayo). Entonces aprovechaba para ir a ver todas las buenas películas y a todos los teatros. La misión es una gran película.
    Un abrazo caluroso (ya que eso es lo que sobra por estos lares).

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    1. Hola Ruth, si ese calor agobiante, más allá que en ese lugar era peor pienso de lo que se podía sentir en Uruguay, pues fue algo que me impactó sobre manera, claro ahora ya no pues he vivido en climas mucho más difíciles.
      Si la película muestra muy bien lo que es esa selva, y su música un deleite.
      Nosotros estamos entrando al invierno aunque hoy se puede decir que está caluroso, un abrazo grandote y gracias

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