HORACIO QUIROGA: SU OBSESIÓN POR LA MUERTE

«La esperanza del vivir para un árbol joven

es de idéntica esencia a su espera del morir

cuando ya dio sus frutos».

Horacio Quiroga ese cuentista uruguayo nacido en el departamento de Salto que se fue a vivir a la Argentina donde pasó gran parte de su vida hasta su muerte, que se volvió en Latinoamérica el maestro del relato corto en español, que abrió el camino a muchos que lo siguieron, que era un irreverente con todas aquellas normas que marcaba la Real Academia Española, que no era nada poético ni puntilloso en su escritura, que iba realmente al grano en lo que escribía, acusado por los que vinieron detrás de esa actitud, a lo cual contestó:

«A mí no me interesa el idioma».

Criticado por Borges y su séquito de aquella época, esa generación que sucedió a Quiroga, el cual opinó que «escribió los cuentos que ya habían escrito mejor Poe o Kipling», frase que sin lugar a dudas contiene más un juicio sobre Borges que retrata en él los sentimientos que lo carcomían.

O aquella otra opinión que dijo acerca del maestro de la emoción y el terror:

“Quiroga es en realidad una superstición uruguaya: la invención de sus cuentos es mala, la emoción nula y la ejecución de una incomparable torpeza”.

Quizá por eso, en 1987, el escritor, también uruguayo, Juan Carlos Onetti, con motivo de la fecha de su muerte escribió:

“Paridos a consecuencia de un cruce misteriosamente fértil entre dos viejas prostitutas llamadas envidia y ambición, decenas de enanitos declararon perimido el arte de Quiroga”.

Sin embargo, la historia les da un revés, pues siguiendo la gran huella dejada por él, más tarde vendrían Felisberto Hernández, Onetti, Rulfo, Arreola, Cortázar, García Márquez, Bioy Casares, Monterroso, Ribeyro, Virgilio Piñera e incluso el mismo Borges, buscando afanosamente la economía de palabras y la concreción que caracterizaría sus obras.

Sin lugar a dudas no fue el maestro de las apariencias, sino de la síntesis y del no derroche de palabras, de lo preciso, no disfrazaba los sustantivos con adjetivos muchas veces innecesarios.

Se casa y se va a vivir a Misiones en Argentina, en plena selva, en una zona agreste, donde la vida no es para nada fácil, allí tiene dos hijos a los cuales educa para la sobrevivencia en el lugar, sometiéndolos a muchas pruebas para fortalecer su carácter y saberse defender en ese espacio, la esposa no se acostumbra a la vida en ese medio, en esa jungla y al poco tiempo se suicida, siendo otro de los grandes golpes que recibe en su vida, donde la muerte lo marca desde sus más tiernos años, con suicidios, accidentes mortales, enfermedades, que poco a poco fueron diezmando a sus seres queridos.

*

*

Lo inevitable de la muerte aparece como un tema constante en sus obras, como si el enfrentamiento a ella en su escritura lo ayudara a irla comprendiendo e ir resolviendo los motivos por los cuales se ha empecinado en marcarle su camino. Ese temor que por ella siente que a pesar de quererla manejar como algo natural tiene que volcar en sus letras la percepción más profunda que por ella tiene.

Este nuevo suicidio aun robustece más esa trágica vida que lo acompaña, unida a la soledad, a la frustración y al abandono.

Ahí decide irse con sus pequeños a vivir a Buenos Aires donde si bien logra publicar «Cuentos de amor de locura y de muerte» , que se vuelve un gran éxito, el rechazo de las nuevas generaciones, las cuales no pierden momento para burlarse de él y de su arte, encabezadas por Borges.

Habían logrado resucitar la publicación de una revista » El nuevo Martín Fierro», que fungió como la parte visible de esa generación que estaba emergiendo, donde utilizan la omisión y el ignorar a la generación que los precedió como herramienta para hacerse ellos notorios.

En una de estas publicaciones escriben un Epitafio firmado por Luis García, donde hacen alusión a los cuentos de Quiroga:

EPITAFIO

«Escribió cuentos dramáticos
Sumamente dolorosos
Como los quistes hidáticos.
Hizo hablar leones y osos
Caimanes y jabalíes.

La selva puso a sus pies
Hasta que un autor inglés
(Kipling) le puso al revés
Los puntos sobre las íes»

Por otro lado aunque a través de la burla la cual usan no solo con él, reconocen su existencia y el peso que tenía sobre ellos, sin embargo adentrarse en su obra era algo que no tenían en cuenta.

*

*

Quiroga vivía en buena parte de lo que escribía, lo que significaba que si su público lo olvidaba, era para él una seria amenaza pues su equilibrio económico demasiado precario y la angustia que esto le ocasionaba hizo que cayera en una cierta polémica con sus detractores y en una parte se dedicó a escribir una serie de decálogos, manuales, declaraciones, reflexiones acerca del cuento con la cual crea al pasar de los años una verdadera argumentación acerca de lo que es escribir uno de ellos.

«El arte es, pues. un don del cielo; pero su profesión no lo es».

En una de sus tantas reflexiones escribió para esos  jóvenes escritores de esos días un vaticinio, el cual se cumplió a los 25 años con algunos de ellos

«…dentro de otros treinta años -acaso menos- deberán comparecer ante otro tribunal que juzgue de sus muchos yerros».

También la muerte lo estaba cercando ahora en su obra, de forma paulatina iba perdiendo terreno en lo que publicaba, ya no tenía el impacto de antes, ni la fuerza que se iba acabando en él.

«Y este empeño en reemplazar con humoradas mentales la carencia de gravidez emocional, y esa total deserción de las fuerzas creadoras que en arte reciben el nombre de imaginación, todo esto fue lo que combatí por espacio de veinticinco años, hasta venir hoy a dar, cansado y sangrante todavía, ante este tribunal que debe abrir para mi nombre las puertas al futuro, o cerrarlas definitivamente».

» Traté finalmente de probar que así como la vida no es un juego cuando se tiene conciencia de ella, tampoco lo es la expresión artística.»

Eso lo lleva en una parte a decidir regresar a Misiones, donde se casa con una amiga de su hija Eglé, de cuya relación nace una niña, sin embargo ella tampoco soporta el tipo de vida del lugar y al poco tiempo lo abandona, cuando ya también empieza él a enfermar . 

Al principio su lucha fue por aprender a vivir solo, escribe:

«Solo como un gato estoy ( … ) como un punto en la
inmensidad del paisaje lluvioso.»

Su única compañía serán las cartas que escribe y recibe de los amigos lejanos y sobre todo con quien llama «su hermano menor», Ezequiel Martínez Estrada, que luego escribirá el libro «El hermano Quiroga» donde deja plasmados sus pensamientos más íntimos, los que escribía para liberarse de esa prisión y soledad en la que se encontraba.

*

*

Así como se preparó para la soledad, lo hizo también para la muerte, tiempo antes de enfrentarse con ella había reconocido que su obra ya había sido escrita y es ese intercambio epistolar quien lo centra donde va dando cuenta de esa preparación y su significado en esa vida que ya ve llega a su fin y es cuando le diagnostican cáncer sin marcha atrás.

Lo convencen sus amigos de irse a Buenos Aires a tratarse y es internado en el Hospital de Clínicas, donde lo operan.

Se hablaba de un “monstruo” que vivía en los sótanos del nosocomio. Quiroga exigió conocerlo. Era Vicente Batistessa, sufría de elefantiasis, vivía escondido, en la soledad más grande, cuando lo supo, exigió que se convirtiera en su compañero de habitación.

Compartieron un buen tiempo juntos, se hicieron amigos, a él le comunicó de sus planes de suicidarse cuando le comunicaron que era terminal y fue quien lo acompañó hasta último momento.

Ese día decidió salir por un rato de su cuarto de hospital a caminar, donde fue a despedirse de sus hijas, de algunos amigos para regresar y beber el cianuro que tenía preparado.

*

*

“Algunos dolores, ingratitudes, desengaños, acentuaron esa visión  y hoy no temo a la muerte amigo, porque ella significa descanso. That is the question. La esperanza de olvidar dolores, aplacar ingratitudes, purificarse de desengaños. Borrar las heces de la vida ya demasiado vivida, infantilizarse de nuevo, más todavía: volver al no ser primitivo, antes de la gestación y de toda existencia: todo esto es lo que nos ofrece la muerte con su descanso sin pesadillas”.

 “¿ Y si reaparecemos en un fosfato, en un brote, en el haz de un prisma?. Tanto mejor entonces. Pero el asunto capital es la certeza, la seguridad incontrastable de que hay un talismán para el mucho vivir o el mucho sufrir o la constante desesperanza. Y él es el infinitamente dulce descanso del sueño a que llamamos muerte. Yo siempre sentí (Creo que desde muy pequeño) que la mayor tortura que se puede infligir a un ser humano es el vivir eternamente, sin tregua ni descanso (Ashaverus). ¿Se da cuenta?. Usted de un sobrevivir de mil años con las mezquindades de sus jefes, de sus amigos a cuestas?. ¡Ah, no!. La esperanza de vivir para un joven árbol es de idéntica esencia a su espera del morir cuando ya dio sus frutos. Ambas son radios diametrales de la misma esfera.»

*

*

“Sobre el asunto muerte, querido Estrada, yo creo que lo que pasa es que Ud. y yo estamos colocados en dos puntos de vista: Ud. en la plena madurez-juventud de la vida y yo en la madurez-declinación de la misma. Naturalmente. Ud. mira con desconfianza un hecho que para Ud. es aún prematuro. Yo no, y de aquí mi conformidad y hasta–¿qué quiere?.. curiosidad un poco romántica por el fantástico viaje”…..”

CONTINUARÁ….

DESDE MÉXICO

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18 comentarios en “HORACIO QUIROGA: SU OBSESIÓN POR LA MUERTE

      1. Sí Luis, también lo es en otros países de habla hispana donde lo toman como referente de la literatura latinoamericana reconociéndole su importancia y los cambios que hizo en ella. Gracias por tu comentario que dejas en claro el lugar que en el Uruguay le dan. Un abrazo

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