DELICIAS CULINARIAS: ENCHILADAS SUIZAS Y EL GRITO (2)

Hay muchos tipos de enchiladas,

cada Estado que conforma la República Mexicana tiene las suyas, hasta a veces cada pueblo o cada región, sin embargo, en lo que todas se emparentan es en la receta básica ya que es la misma siempre: tortillas de maíz rellenas de algún guiso o carne, bañadas en una salsa y acompañadas con crema y queso. Donde se encuentran las mayores variantes son en los ingredientes que componen el relleno y los chiles que sirven de base para las salsas.

Así nos encontramos que de acuerdo a su salsa tenemos las de mole, las rojas, las verdes, las suizas, las minera, las potosinas, las tamaulipecas, las zacatecanas, las queretanas dentro de las más conocidas.

El relleno generalmente el más común es el de pollo deshebrado sin embargo prácticamente cualquiera les va, como el picadillo de pollo o de carne, bistec o carne de cerdo en tiritas, papas con rajas, espinacas a la crema, champiñones al ajillo, camarones o atún o marlín  a la mexicana, estos se encuentran mucho en los lugares de playas, tinga de res, de zanahoria, chicharrón prensado o en salsa y así se pudiera seguir enumerando diferentes variaciones.

Venía contando la historia de cómo había probado por primera vez las enchiladas suizas por los años 70 del siglo pasado, unas muy especiales que eran originarias de la capital.

Aquí les dejo la primera parte por si quieren leerla.

Ahí estábamos sentados en ese lugar hermoso del Sanborns de los Azulejos en la Ciudad de México, en la nochecita del 15 de septiembre a donde luego de cenar iríamos al Zócalo al Grito que daría el Presidente para celebrar la Fiesta de Independencia.

Esperábamos que nos trajeran esas enchiladas especiales del lugar, mientras comíamos el sabroso pan acompañado de mantequilla, los glisines o palillos de pan pequeñitos, las galletas saladas, tan características de esta cafetería restaurant que se sirven antes de la comida para hacer más agradable la espera.

No me alcanzaban los ojos para tanta belleza que guardaba ese patio donde me encontraba.

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Un mural muy delicado, de una gran exquisitez , conocido como el mural del pavo real del pintor rumano Pacologue realizado allá por el 1900 hermoseaba una de las paredes.

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Cuando de repente depositaron frente a mis ojos en esa vajilla propia de Sanborns que cuenta una historia de amor imposible en sus colores azules, pero esto es otro cuento que tal vez un día les cuente, ahí estaban las famosas enchiladas suizas y lucían que tentaban a ser probadas.

El queso gratinado que desborda, cubre a las tortillas de maíz fritas rellenas de pollo deshebrado bañado en la salsa de tomate verde previamente pelados, aderezado con cilantro, crema, comino, ajo, el chile, sal, pimienta, licuados hasta que se hace un puré brillante de un verde pálido, en una cama de la misma están los rollitos depositados hacia abajo en una sola hilera.

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Algo que llama la atención de ellas es el nombre, los motivos por los cuales fue bautizada como suizas, al mirarlas y ver el queso que las arropa uno pensaría que esa pudo ser una de las razones, sin embargo hay dos versiones del motivo del por qué las llamaron así.

Cuentan que el mayordomo de Maximiliano, el de la Casa de Habsburgo, que fue enviado por Napoleón III para que se volviera emperador de México, cuando los franceses lo invadieron allá por el 1865 por una deuda que tenía el gobierno de Benito Juárez con ellos, a la caída del imperio se regresó a su tierra natal en el Estado de Coahuila llevándose todas las recetas de la casa imperial y aunque en él no aparecían las enchiladas suizas dicen que fue el origen del platillo.

Pasó el tiempo, a los años la Revolución estalló con fuerza sobre todo por la tierra del mayordomo quien decidió regresar a la capital con toda su familia.

Necesitaban ganar dinero y el tesoro que tenían era ese recetario, así que decidieron crear un restaurant: «Café Imperio», en una zona muy chic de esa época.

Ahí empezaron a mezclar lo mexicano con lo europeo, poniéndole si era posible nombres que parecieran más afrancesados ya que era lo que pedía la concurrencia del lugar.

Un día quien sabe cómo, dicen que haciendo las enchiladas comunes en salsa verde la recubrió de queso oaxaca deshebrado para que se derritiera muy bien y se gratinara, así surgieron las primeras enchiladas suizas, que le recordaron a los paisajes de los Alpes.

Poco tiempo después el restaurant desapareció, sin embargo los comensales asiduos, comenzaron a pedir el platillo en otro lugar en el Jockey Club, que luego se transformaría en el Sanborns de los Azulejos en donde el platillo se volvería emblemático del lugar.

Más allá también hay quienes dicen que el nombre fue puesto por uno de los hermanos Sanborns cuando compró el restaurant y viendo el platillo le recordó la nieve que caía en los Alpes suizos.

Sin importar de donde sacaron el nombre, las enchiladas suizas se han vuelto famosas en todo México.

Después de haber degustado esa delicia de platillo que merece ser probado, nos encaminamos al Zócalo a esperar que llegaran las 11 de la noche para hundirnos en la fiesta de la Independencia, en ese Grito ¡tan esperado!.

Caminábamos por la calle Maderos donde ya se estaban juntando cientos de personas, que hacían sonar sus silbatos y cornetas, que tiraban las cáscaras de huevos rellenos de harina que las vendían en todas las esquinas, bailaban, cantaban, lucían sus grandes sombreros, vestidos la mayor parte de los niños y algunos adultos con los colores de la Patria.

Una gran verbena que hacía que el alma se regocijara, que se volviera parte de ese suceso descomunal, donde todos estaban unidos por el mismo espíritu el del festejo, el de la fiesta.

Llegamos al Zócalo a esa gran explanada que lucía engalanada con todas las luces que cubrían a los edificios que la rodeaban, en un templete estaba un ballet folclórico haciendo danzas tradicionales de las diferentes regiones, donde se escuchaba la música que aún más llevaba a la alegría, al deleite, al sumergirse en ese ánimo característico de México, por el cual es conocido en muchas partes del mundo.

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Al rato se asomó el Presidente al balcón del Palacio Nacional donde lanzó a los aires ese Grito como había hecho Miguel Hidalgo, salvo que ya ahora se enumeraban a otros héroes incluido él, para terminar con el ¡Viva México!, y tocaba la campana que tenía a su lado que la Catedral acompañaba con las suyas, mientras los miles y miles de personas vitoreaban junto con él.

Los fuegos artificiales comenzaron a iluminar el cielo donde las luces que aparecían lo volvían sorprendente y cascadas con los colores de la patria y develando la imagen de los héroes de la Patria caían por los edificios que nos rodeaban y así quedamos sumergidos en un fantástico evento con una sonrisa que se negaba a ser borrada.

MÉXICO

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6 comentarios en “DELICIAS CULINARIAS: ENCHILADAS SUIZAS Y EL GRITO (2)

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