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DELICIAS CULINARIAS: LOS BUÑUELOS (1)

COMO DE PELÍCULA

DELICIAS CULINARIAS al igual que HECHO EN MÉXICO comenzaron siendo dos espacios para publicar diferentes platillos o elementos de la gastronomía mexicana que son por algo originarios.

Poco a poco me fue llevando a revivir los momentos en los que los descubrí y la situación que estaba alrededor de ellos, contando así la historia de ese contexto.

Los buñuelos conllevan hermosos y sorprendentes recuerdos donde un mundo que solo había visto en películas y que desconocía me mostraba ese entrañable México profundo, ese que muchas veces se cree desde las ciudades que pertenece al pasado muy alejado de la realidad del momento, que ya no existe, que fue en otra época y que sin embargo hasta el día de hoy cohabitan por más que se haya querido adaptarlo a esa modernidad que nunca llega.

Los buñuelos en México es un postre típico de la Navidad y el Año Nuevo, ya que es una temporada de frío y se hacen para acompañar una bebida hecha a base de frutas de la estación que ayuda a mitigar el clima: el ponche.

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No hay Posadas, esas fiestas que comienzan nueve días antes de la llegada de Jesús y representan la peregrinación que hicieron José y María para encontrar alojamiento para el nacimiento del Niño Dios, que no se sirva bien calentito este delicioso brebaje y en muchos lugares son los buñuelos quienes lo acompañan.

Aquí les cuento la historia de cómo los conocí.

Llegaba el fin de año con ello las fiestas decembrinas y lo más importante las vacaciones escolares que iban a regalar más de quince días sin tener que asistir a ningún lugar, tiempo suficiente para descansar y juntar fuerzas para regresar a mi trabajo en la escuela.

Era de las primeras Navidades que iba a pasar por estas tierras mexicanas y una de las primeras que iba a hacerlo con mis pequeños hijos que habían llegado no hacía mucho tiempo.

Dio la casualidad que con las personas que habíamos compartido en años anteriores saldrían fuera de la ciudad, entonces supuestamente nosotros las pasaríamos solos, cosa que a los allegados no les parecía bien, pues temían que nos deprimiéramos.

No pude disuadirlos de ninguna forma, buscaban la manera de que estuviéramos acompañados.

Un día llegó a la casa la esposa de un amigo de un amigo, que solo una vez nos habíamos visto que se había enterado de la situación la cual también se le hizo terrible, pues ellos acostumbrados a pasar esas fechas en las familias extendidas , sentir que extranjeros, alejados de los suyos, en tierras desconocidas, tuvieran que apechugarlas solos era demasiado para su corazón.

Vino a invitarme a ir junto con su esposo a su pueblo y pasarla con toda su familia que de hecho lo hacían así todos los años, por otra parte ella estaba embarazada y me dijo que le haría mucha ilusión que yo la acompañara cuando naciera el bebé que sería alrededor de los primeros días de enero.

Recuerdo que le agradecí sobre manera la invitación sin embargo las dudas no me dejaban tomar una decisión, pues realmente se podía decir que era ir a pasar todos esos días junto a personas que no conocía.

Al fin entre todos los involucrados me convencieron y acepté. Iría con ellos a pasar las fiestas decembrinas quién sabe a qué lugarcito perdido del Estado de Oaxaca.

Al llegar al pueblo se me hizo un lugar fuera del tiempo como si hubiera viajado en él y me hubiera adentrado dentro de una película donde todo transcurría muy diferente a lo que conocía, nada que ver con la capital en donde vivía aquí aun se mantenían las costumbres de muchas décadas atrás, el medio de locomoción más común era el caballo, los hombres solían ir armados  y poco a poco fui descubriendo situaciones que me maravillaban y rompían con todos mis esquemas.

Una de ellas era que el lugar de la mujer era la cocina si no tenía nada que hacer, pues podía andar por la casa mientras la limpiaba y ordenaba, era algo implícito, sin embargo una vez cumplida sus tareas era el lugar en dónde se quedaba y los hombres podían deambular por donde quisieran, aunque difícilmente entraban a donde estaba el fogón, sino que pedían las cosas desde lejos, en lo personal tenía la libertad de moverme como quisiera ya que era extranjera y eso me daba otro status y se sabía que traía conmigo otras costumbres.

Casi a diario llegaba alguno de los esperados en las fechas, algún hermano o sobrino con toda su familia, a lo que se iban juntando y cada día que pasaba éramos más.

Una tarde llegaron dos jóvenes uno de ellos con una gran y hermosa melena rubia que lucía con total desenvoltura, moviéndola como si estuviera haciendo un anuncio de champú, maquillado y con ropa muy ajustada de mujer, venían  a pasar las fiestas, uno de ellos era de la familia y el otro un amigo que venía del exterior.

Fueron recibidos con mucha algarabía ya que hacía mucho tiempo que no se les veía, eran travestis. Con su llegada la casa comenzó a ser visitada por otros que vivían en el pueblo.

Poco a poco fui encontrándome inmersa en otra realidad, me sorprendía muchísimo el ver que convivían con total aceptación por parte de toda la comunidad ellos igual que yo tenían la posibilidad de manejarse libremente y permanecer donde quisieran pues eran considerados que no eran ni hombres ni mujeres sino otra cosa, como un tercer sexo. Los hombres los aceptaban en sus reuniones mientras bebían, en las cantinas donde estaba prohibida la entrada a las mujeres, a los uniformados y a los menores, por lo menos así decía el letrero que lucía fuera.

Ambos en las tardes se sentaban frente a un gran espejo en uno de los dormitorios a maquillarse y arreglarse para ir de paseo. Las niñas que estaban en la casa se le acercaban pues ellos les enseñaban a cómo hacerlo, cómo lucir guapas, esbeltas, cómo caminar, vestirse sobre todo para cuando fueran más grandes.

Viniendo de una sociedad en donde eran reprobables, tanto en la Ciudad de México como en mi país, perseguidos, estigmatizados, considerados una deshonra para la familia, pervertidos, peligro para el mundo, ver aquí la libertad con la que contaban, la aceptación, la tolerancia, la no discriminación, me asombraba, más tratándose de una sociedad muy machista, indudablemente se concebía a la sexualidad de otra manera.

Ahí descubrí que Oaxaca, no en esa región sino en la parte del Istmo de Tehuantepec, zona que es un matriarcado, existían los “muxes”,  niños que desde muy temprano adoptaban los roles de mujer y se les era permitido sin crear ningún conflicto por ello que crecieran con esa definición, considerados como otra posibilidad de elección. Asumían el rol femenino y las tareas que a ese género les eran destinadas.

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Muxes en la fiesta de la Guelaguetza en Oaxaca vestidos con los trajes tradicionales del Itsmo

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El lugar era hermoso, tranquilo, la naturaleza lo rodeaba, un río fluía cercano al pueblo, todos se conocían.

Los niños corrían por todas partes, sin tener un límite claro de lo que era la casa y el espacio de los vecinos que sin ningún problema los dejaban atravesar por su patio e incluso por dentro de sus casas para llegar al otro lado.

Muy atareadas las mujeres hacían los preparativos en la cocina donde el ambiente era de jolgorio, a todas las que había en la casa se les sumaba la llegada de alguna vecina que venía a apoyar en la elaboración de algún platillo ya que la cantidad de comida que se realizaba para toda la concurrencia en esos días era enorme y había una serie de platos que eran especiales de las fechas.

Los hombres llegaban del monte e iban trayendo con ellos una serie de animales que cazaban, patos silvestres, liebres, codornices, mataron al marrano, a los guajolotes, a las gallinas, que se habían alimentado durante todo el año para tan esperado acontecimiento donde la alegría de tener a la familia reunida así lo ameritaba.

El movimiento era incesante al igual que las visitas, de todas partes arribaban, a todos se les atendía, a todos se les daba de comer, prácticamente era llegar y los sentaban a la mesa donde comenzaban a aparecer platos de lo que se había elaborado ese día.

Éramos tantos en la casa que encontrar los lavaderos y los tendederos desocupados estaba muy difícil, así que un día me dice mi amiga que si quería ir con ella y algunas mujeres a lavar ropa al río.

Sin pensarlo acepté la propuesta y por primera vez en mi vida tuve la experiencia de hacerlo usando una roca y dejando que el agua que corría muy prestamente quitara el jabón, eso me maravilló, pues si había algo que me daba mucha flojera era  enjuagar las prendas en el lavadero, en cambio aquí la corriente del río se encargaba de hacerlo, para luego tenderlas sobre un prado verde para que el sol las fuera secando.

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*

Las mujeres recuerdo que se reían mucho de verme tan torpe y me enseñaban hasta como acomodarme entre las piedras.

También aproveché a bañarme en él pues la ducha de la casa estaba llena de tarántulas enormes que buscaban la humedad y eran consideradas un elemento protector a las cuales no se les podía hacer nada ni quitarlas.

Era algo que no me atraía para nada, entrar a bañarme en él era un gran desafío ya que con el calor y humedad del agua se empezaban a mover y no era difícil que se pararan sobre la toalla o la ropa y en esa época me espeluznaban.

El encontrar el río fue todo un alivio a pesar del frío que hacía en diciembre me daba la paz de no estar atenta a todos los movimientos de los arácnidos, así que al mediodía cuando calentaba el sol iba caminando hacia él para bañarme y luego quedarme un rato disfrutando sus rayos en mi piel.

Un día antes de la Navidad comunicaron desde la cocina que se iban a hacer los buñuelos, eso era todo un ritual y un gran motivo de alegría, esperados tanto por los adultos como por los niños.

A la hora señalada todas las mujeres fueron a la cocina y yo con ellas.

No sabía que eran los buñuelos en mi país se le llamaba así a una masa que se freía rellena de dulce o de verduras como la espinaca o acelgas y eran comunes en la comida diaria.

Sin embargo el buñuelo en México es otra cosa, más allá que no es originario sino que fue traído por los españoles durante la conquista, se le dio el toque del lugar que los hicieron únicos, pero esto se los dejo para contar en la siguiente entrega.

CONTINUARÁ….

MÉXICO

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Agradezco las fotos y la información tomadas de internet

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

8 comentarios en “DELICIAS CULINARIAS: LOS BUÑUELOS (1)

  1. Que placer me da siempre que me introduzco en tus historias. Porque al leerlas es difícil no sentirse allí y vivir esas experiencias. A veces evito mirar las fotos mientras leo para poder verlas después y comparar lo que he imaginado con la realidad, y esta siempre se muestra mucho más rica y diversa. Y tus palabras, esa dulzura con la que nos cuentas, esa visión tan pura y tan vitalista, tan sincera, que te sitúa dentro de la historia como una parte más, que esta ahi, que observa, y que siente.
    Que hermoso y que grande es lo que haces, amiga mia. Un abrazo.

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    1. Gracias Isra por tus palabras, busco que me acompañen, que se sientan parte de esos momentos, que los puedan vivenciar, me da mucho gusto lograrlo, es como llevarlos conmigo mientras rememoro. Un abrazo grande

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  2. Me da mucha risa porque yo nsiosa por saber qué son los buñuelos y cómo se preparan, y vos lo dejás para la próxima entrega.
    A esperar entonces.
    Y me llama la atención (y me lege) que la “civilización” no haya logrado contaminar esas tradiciones del México profundo.

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    1. Paciencia, no te va a quedar de otra. En cierta forma se han contaminado y mucho, aunque todavía quedan lugares donde se siguen realizando a pesar de todo lo que hay hecho para tratar de erradicarlas. Las que se festejan en todo el país como Día de Muertos, Las Posadas, esas están más difíciles sin embargo las locales, esa son otra cosa. Te mando un abrazo grande

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  3. Las Posadas, que nombre tan adecuado para estas fiestas que son de celebrar acogida para todos los que están lejos de su familia. Un abrazo.
    A menud0 preparamos buñuelos con masa frita en aceite, estoy deseando conocer esa receta.

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    1. A parte en la fiesta durante nueve días se le va dando posada a los vecinos en diferentes casas, los cuales van peregrinando cargando las imágenes de María y José.
      Para la receta tendrás que esperar hasta la próxima entrega, un abrazo grande Carlos y gracias

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