flores

CAMINATA EN VERDE Y AMARILLO (1)

CAMINATA EN VERDE Y AMARILLO (1)

*

“Llueve
Detrás de los cristales llueve y llueve
Sobre los chopos medio deshojados
Sobre los pardos tejados
Sobre los campos llueve”

JOAN MANUEL SERRAT

*

Caen las lágrimas del cielo a cada momento, sin esperárseles siquiera, como si tuviera que derramar ese llanto para ver si lo escuchamos, si lo miramos, si logra trasmitir ese mensaje que se le funde dentro sin que nadie siquiera sea capaz de ocuparse en descifrarlo.

Así anda el tiempo y nosotros volteando hacia otro lado.

Aún no se había iniciado la temporada de huracanes cuando una depresión tropical se avistó, no se la esperaba, parecía que había nacido de la nada, también se hablaba que esas tormentas solares que habían vuelto a comenzar, podrían ser la causantes del suceso, desde hace unos años se están adelantando y no tienen apuro en terminarse, cada día se multiplican acabando hasta con los nombres que se les otorgan.

Andrés había llegado, muy rápido se volvió tormenta y fue bienvenido por estos lugares, el calor se había vuelto muy intenso, la seca se dejaba sentir, el agua se necesitaba, más allá que también se dice que llueve en las ciudades, no así en el campo donde las cosechas la necesitan.

El cambio de humor del clima que poco a poco está entrando en una bipolaridad para la cual necesitaríamos prepararnos, más allá que nadie hace caso, esperamos que por arte de magia todo esto se acabe y volvamos a aquellos viejos tiempos donde todo era establecido y seguía un calendario.

La sequía se extiende.

Tal vez lo más inteligente es empezar a tomar resguardo desde cada quien, pues que escuchen los que tendrían que hacerlo para ver si se podría variar algo es muy difícil, más cuando el pueblo está feliz con preservar el estilo de vida, pues si no le costaría dejar sus beneficios, comodidades y zona de confort.

A partir de la aparición de Andrés, comenzó a llover si no todos los días, casi la mayor parte o por lo menos se veía una frecuencia a la cual no se estaba acostumbrado, en un lugar donde con suerte se ven seis o siete precipitaciones en el año, ya haberlas casi cubierto, decía mucho.

Decidí salir a dar la vuelta a ver como estaba ahí afuera, como había cambiado el panorama.

El cielo estaba azul, límpido, todas las plantas lucían igual que él, el agua las había bañado, las flores se mostraban espléndidas, contentas, su alegría se trasmitía en esos colores que irradiaban belleza.

*

*

Llegué al montículo acostumbrado, caminando lentamente, disfrutando de ese verde que se esparcía por donde pasaba y me encontré con qué todo había revivido, como si el lugar se estuviera transformando dejando de ser por instantes un desierto y queriendo regresar a esos orígenes selváticos.

*

*

Entre unas rocas se abrió una brecha que nunca había tenido en cuenta y me jaló hacia ella, ahí a lo lejos lo vi, esos milagros de la Naturaleza, donde de un lugar yermo, con tres polvos de tierra para sustentarla, nace la vida y esta vez estaba bañada, bien alimentada, como buen previsor había guardado su agua en él, se lo veía henchido, era un pequeño cactus columnar, que se erguía orgulloso de serlo y de verse tan bien vestido.

Fui caminando hacía él, haciendo equilibrio entre las piedras y ahí lo encontré, agazapado, asomó su cabeza y me quedó mirando como sorprendido de que apareciera cuando no lo esperaba.

Durante un rato nos contemplamos, nos reconocimos, para nada tenía cara de amigos, por el contrario se me hacía al principio fastidiado, con sus grandes ojos amarillos, para luego cambiar su gesto, pararse e irse, desapareció: era un gato.

*

*

Di un paso adelante para seguir subiendo rumbo a ese cactus que me había llamado y en eso un diminuto ratoncito salió corriendo hacia el lado contrario, le había estropeado su caza, sin embargo había salvado al pequeño, tal vez todavía no había llegado su hora y fui yo la enviada para impedirlo.

*

*

Las flores amarillas llamaron mi atención, todo estaba floreado, habían vuelto más allá que no era su temporada, estaba frente a un espectáculo no previsto.

El cambio también traía alegría, sorpresas, nos decía que las cosas no serían como estábamos acostumbrados, que nuestra comodidad se estaba viendo alterada, nos aposentamos en ella sin preocuparnos por nada, como que las cosas se daban y las aguardábamos y hacíamos planes y estábamos tan seguros que eran como nosotros decíamos que serían que ya nos creíamos que el mundo era como lo planificamos.

¡Pobrecillos de nosotros!, creyéndonos sabios, el motor del Universo, el cual dentro de poco estaría en nuestras manos y nos obedecería, con nuestras pequeñas mentes sin darnos cuenta que estamos en esta tierra entre otras cosas de paso, necesitaríamos aprender a agradecer esas dádivas que nos otorga esa fuerza más allá de nosotros.

Decidimos sin tenerla en cuenta, a la que rige todo, esa que la podemos llamar de la forma que sea e imaginarla como nuestras creencias así lo digan, más allá que no tiene forma, ni tiene nombre, no tiene cara y ella es dueña absoluta de desplegarse como quiera y es un misterio.

Recordé un cuento por otro lado muy conocido que contaba mi abuela y mi mamá, cada vez que planteábamos nuestra voluntad como absoluta, cuando decíamos:

-Mañana voy a……..o voy a hacer……

-Si Dios quiere- nacía de sus bocas y ahí empezaba la historia la cual escuché miles de veces, hasta que ya mayor me di cuenta del significado y la enseñanza tan profunda que tenía, más allá de nuestro sistema de creencias.

Decía algo así como:

“Estaba un campesino con su esposa cenando, hablando de lo que tenía que hacer al otro día y le dijo:

-Mañana iré con mi burro a la feria

-Si Dios quiere- contestó ella

-Quiera o no quiera Dios, mi burro irá mañana a la feria

Al día siguiente se levantó y el animal estaba muerto.”

No nos damos cuenta que las situaciones no siempre dependen de lo que nosotros queramos o hayamos pensado o vaticinado o planeado o estamos acostumbrados, hay una energía por encima de nosotros que organiza la vida, que se impone, que da respuesta a lo que nosotros provocamos o necesitamos aprender,  he influye como quiere en el desarrollo de los hechos, llámenle Dios, Naturaleza, Tao o de la forma que acostumbren si es que lo hacen y si no ya es hora de contemplarla, para evitar el estarse frustrando a cada rato, para tener un poco de sosiego, para dejar los miedos a veces de lado, pensando en lo que pueda pasar, mirando al futuro más que a lo que tenemos delante, reclamando que se nos ha arrebatado el tiempo, las estaciones, nuestros sueños y lo que sea, cuando muchas veces fue nuestro propio pensamiento confiado en el ego y a quienes escuchamos o seguimos quienes nos llevaron a estrellarnos en nuestra propia arrogancia.

Elevarse para que la respuesta cambie.

Contamos con lo que nos va a llegar, sin detenernos a pensar que pueden surgir tantos sucesos que lo impidan, aún teniéndolo en nuestras manos o al revés nos desesperamos porque nos hace falta algo, sentimos que se acaba el tiempo y de repente como quien dice nos cae del cielo la solución.

Seguí andando viendo esas flores amarillas que se aparecían colgando frente a mis ojos, engalanaban la mirada, iba rumbo a ese columpio que me gusta que me meza, que entre sus idas y venidas va apaciguando a mi alma.

*

*

Me senté en él, admirada de lo que sucedía, de cómo el silencio que nutría ese instante frenaba al pensamiento, ese que muchas veces atormenta por no ser lo que el aguarda que sea, solo se fundía y se esfumaba en esa Vida que asomaba, bañada, limpia, con sabor a tierra mojada, coronada por el dorado que le regalaba el cielo…

Gracias

MÉXICO

CONTINUARÁ……

***

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CAMINO AL CAMPANARIO

EN BUSCA DE LAS SOMBRAS AMARILLAS

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5 comentarios en “CAMINATA EN VERDE Y AMARILLO (1)

  1. Con Díos o sin Él, como sólo somos la imprevisible consecuencia de una larga serie de circunstancias imprevistas. Más allá de este instante se extiende la inseguridad. Así qué: Mejor confiar en que la divina providencia nos asista. Un abrazo.

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  2. Qué reflexión tan hermosa, Themis, con la lluvia, el olor a tierra mojada, el gato, los recuerdos de nuestros antepasados, ese “si Dios quiere” que hay que decir siempre,
    porque no sabemos lo que nos puede suceder… Me ha gustado mucho leerte. Las fotos,
    Es como salir contigo a dar ese paseo inolvidable. Gracias. Mi abrazo.

    Le gusta a 1 persona

    1. Gracias Julie, me alegra que me acompañes en esos paseos que parecen solitarios sin embargo están llenos de la vida que se acerca, de lo que se descubre en ellos, de todo lo que se nos enseña. Parece el mismo espacio sin embargo de una vuelta a otra acontecen sucesos que todo lo cambian. Un abrazo grande y te espero en el próximo

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