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CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LA SALIDA DE LAS REINAS

UN DÍA DE LLUVIA

El día había amanecido gris, las nubes surcaban los cielos y por momentos tapaban al sol que con ello dejaba un poco de paz al intenso calor que se había desatado en esta primavera extraña en la que habíamos incursionado, donde todo preveía que iba a ser un verano muy intenso o tal vez ya estábamos inmersos en él por las temperaturas que se alcanzaban y por lo que las señales que se presentaban iba a ser de seca y tal vez con grandes torrentes de agua ocasionales y descomunales.

*

*

El fresco se agradecía, cuando de repente relámpagos y truenos desataron un espectáculo de luz y sonido en el firmamento, durante un buen tiempo estuvo ahí instalada una tormenta eléctrica, como si no se atreviera a moverse ni dar signos de cambio sino de un acto repetitivo y constante.

El gran rugido estremecía, los cristales cimbraban y al instante resplandecían cortocircuitos en las alturas.

Al rato cuando nada se movía unas gotas muy tímidas comenzaron a caer, aunque tampoco se resolvían como iban a seguir, hasta que al fin una lluvia etérea, incesante no dejó de mojar y enfriar el suelo.

El petricor invadió la atmósfera, ese aroma delicioso a tierra mojada y aire limpio que el solo sentirlo refresca y nos invade de un sentir muy primitivo que nos lleva a respirar profundo y saborearlo.

Así estuvo largo rato, hasta que un atardecer hermoso dio cuenta de que la tormenta más ruidosa que eficaz en agua se había retirado.

Me senté en los escalones a mirar esa puesta de sol que le daba unas tonalidades amarillas naranjas como si nada hubiera sucedido.

*

*

Hasta que vi un pequeño charco que se había formado y me paré a mirarlo y mi imagen se reflejó y empecé a fotografiarla, me gusta mucho el ver los reflejos en el agua.

*

*

Las tortolitas impacientes empezaron a pedir su comida, ya se hacía tarde y nada que surgiera mi iniciativa de ponérselas.

Se bajaban del techo y se me acercaban, daban vueltas, iban y venían, los gorrioncitos hacían otro tanto.

Brinquitos el gorrión parecía que me decía:

-¡Ey!, ¡múevete!, deja de perder el tiempo, ¿no ves que tenemos hambre?. Ya se viene la noche, se nos hace tarde.

-¿No se dan cuenta que está todo mojado?, no sean impacientes

Bueno les dije se las pongo más allá de cómo está el piso, fui depositándola en los lugares más secos, pues con eso que el suelo es una plancha caliente, fácilmente en los lugares en donde se había depositado poca agua ya se habían secado.

*

*

Todos bajaron y fueron llegando de todas partes y como muy apurados acabaron rápido con todo lo que ahí estaba, ni pelearon, ni se corrieron, como si no hubiera tiempo para ello y terminada la cena, por un ratito nada más ahí se quedaron en el muro esperando que el Hermano Sol dejara de enviar sus últimas luces y retirarse al merecido descanso.

Estuve un rato aún contemplando el cielo, disfrutaba los últimos gorjeos, las últimas idas y vueltas de todos los alados que estaban terminando el día y regresaban a sus nidos y decidí entrar a la casa.

En eso estaba, cuando de repente sentí que me llamaban.

-Sal- me dijeron- ¿Viste esto?- mientras me mostraban en el medio del patio lo que había aparecido: un hormiguero pero esta vez no de las arrieras sino de las hormigas pequeñas.

-Es la salida de las reinas

Brotaban y brotaban cada vez más de abajo de la tierra, mientras algunas se elevaban al aire en ese vuelo nupcial, en búsqueda de un macho que las fecunde e ir a otras tierras a comenzar con su nueva residencia.

*

*

-A ver si no nos llenamos de hormigas

Es que la situación se ha puesto un poco difícil con estos animalitos, las arrieras por un lado que bueno en cierta forma afectan a la pobre enredadera que se le llevan sus brotes, sin embargo dejan el patio recogido pues aprovechan todas las hojas secas que vuelan a él y por otra parte vienen de vez en vez y se puede decir que no son agresivas si no se les molesta.

Sin embargo están esas otras las pequeñitas que han llegado al patio ya hace un tiempo, no las mínimas pues también hay de esas que son como puntitos caminando.

Incluso andaban por todas partes, cargaban las plumas de las tortolitas que no sé para qué les sirven y es bien chistoso verlas, un tamaño tan diminuto tratando de hacer equilibrio como si fueran malabaristas.

*

*

En cierta forma no creaban mucho problema, hasta que un día se les ocurrió mudarse hasta con sus huevos para adentro de la casa, ahí iban todas en filas.

Habían descubierto la despensa y no tuvieron mejor idea que cambiarse más cerca de ella.

Días de lucha fueron, pues son tercas, la forma de correrlas a veces sirve a veces no, depende de la constancia y de que tan fáciles sean de dejar sus planes, fue a cada rato con el atomizador marcar el camino que hacían con una mezcla de cloro y agua, ya que los olores fuertes no les gustan y por otra parte las confunde ya que imposibilitan que puedan regar con sus aromas las vías para ser seguidas por otras y se vuelve todo un desequilibrio.

Ahí estuve días, muchos días, demasiados días, a cada ratito cuando volvían a restablecer la fila rociando el terreno, también como se desperdigaban por todo el espacio, había que barrerlas, despacito para no hacerles daño, sin embargo para afuera eran lanzadas y bueno después de un tiempo se fueron.

Ganó mi intransigencia pues la verdad que en muchos momentos de mi vida tuve que lidiar con ellas, pues está bien que compartamos el ambiente pero que respeten el espacio en donde uno se encuentra.

Eso sí, son agresivas y pican que se las siente cuando lo hacen como si fueran unos dientes afilados y profundos, pues como andaban diseminadas cuando lo encontraban a uno y se le subían, ahí se aprovechaban.

Ahí estaban, salían y salían, cada vez más.

*

*

Me quedé observándolas, viendo como alzaban el vuelo como se iban, aconsejándoles que se alejaran todas que no se quedaran pues teníamos sobrepoblación de ellas y bueno no fuera a ser que les pasara lo mismo que nos está pasando a nosotros, que venga una plaga y que las extermine.

Claro que a este final lo veo color de hormiga, lógicamente para que suceda con ellas no con nosotros.

MÉXICO

***

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4 comentarios en “CRÓNICAS DESDE EL PATIO: LA SALIDA DE LAS REINAS

  1. Las hormigas al principio no molestan hasta que te das cuenta de todas las que son y tantas juntas sí que dan miedo. En especial cuando descubren la comida y te encuentras, como me pasó a mí, el azucarero negro.
    Me gustó la foto del charco. Me llaman también la atención los reflejos.
    Abrazo, Themis.

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    1. Sí eso pasa muy a menudo tenerlas en el azucarero pues les encanta lo dulce, son bien golosas y no se hartan de comerlo.
      A mi igual los reflejos y las sombras son dos imágenes que me fascinan.
      Gracias Eva, un abrazo grandote

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    1. Gracias Julie, así son, quién sabe de donde salen, eso sí siempre están buscando territorio para ampliarse, para crear nuevas colonias, solo quien las tiene cerca sabe lo que es lidiar con ellas. Un abrazo grande y una muy hermosa semana

      Le gusta a 1 persona

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