semillas diente de león

CRÓNICAS DESDE EL PATIO: SORPRESAS INSOSPECHADAS

LA APARECIDA

Un día estaba escribiendo muy compenetrada en mi labor, era como si el mundo se hubiera paralizado y una cápsula impidiera que algo perturbara el instante, cuando de repente en el momento en que estoy haciendo la técnica del 20-20-20, esa que se utiliza para descansar la vista, 20 minutos trabajando, 20 segundos mirando a lo lejos a algún objeto que esté a 20 pies, sirve para refrescar la visión y luego pestañear para lubricar los ojos, miraba por la ventana que estaba abierta y veo que entre las rejas entra como un bólido, que pasa sobre mi cabeza, va y se para sobre el cortinero.

Miro hacia arriba y ahí la veo:

-¡Coquita!, ¡regresaste!, ¡qué bueno es verte!

No puedo decirles la alegría que me ocasionó, la risa que me causó esa entrada triunfal que sin lugar a dudas la hacía bien notoria y era una nueva estratagema que se le había ocurrido.

Hacía tiempo que se había alejado, no sé si por los pleitos que todos sus congéneres se traían en el patio, por esa lucha por el territorio, donde los más se iban sobre ella por la relación que teníamos y querían sus privilegios, era muy corrida y picoteada, sobre todo por el Manda Más y Pluma Café otras dos tortolitas.

Ya no podía andar tan tranquila como antes paseando con su meneo por el patio.

De vez en vez llegaba, sin embargo no se me acercaba se mantenía a la distancia, otras la veía por la ventana caminando en la calle como hacía en los viejos tiempos cuando recién nos conocimos.

La extrañaba, pues teníamos una relación bien bonita, me acompañaba cuando cocinaba, platicábamos, a veces en momentos de esos más de recogimiento, ella ahí estaba, también mirando conmigo al cielo.

*

*

Había regresado y eso era lo que valía.

Enseguida salió volando.

-Ahora voy- le dije

Como no había ninguna otra en el patio, aproveché y le puse un poco de alpiste que se que le encanta cerca de donde estaba y ahí nos enfrascamos en una gran plática.

*

*

Regalos que nos da la Vida, esas sorpresas cuando menos lo esperamos que nos hacen vibrar y alegran al alma.

Llegó la tarde, el calor había estado muy denso, de esos que a las horas del mediodía no deja ni respirar, un aire ardiente entra por la nariz y uno siente como se va metiendo hasta llegar a los pulmones.

Estaba disfrutando de un poco del fresco, con una brisa que jugaba danzarina dando vueltas y trayendo bocanadas de desahogo, en eso veo algo que se mueve, que cargaban una gran semilla, eran de las voladoras, dos de ellas se andaban persiguiendo una a la otra.

-¡Oh!, ¡panaderos!- me digo a mi misma- sin lugar a dudas llegó la Primavera, ¡qué bellos!

Tres de ellos se pusieron a dar vueltas frente a mí como si estuvieran haciendo una ronda muy alegre que por momentos se elevaban y volvían a caer tan suaves, tan ligeros con ese estilo que solo ellos portan.

*

*

El solo hecho de  verlos hizo que me fuera bien lejos en el tiempo, allá por aquellos años tiernos donde todo lo que sucedía en esta vida maravillaba, lo dejaba a uno con la boca abierta, sumido en la admiración gozando todo lo que se atravesaba en el camino.

Cuando era niña por otra cosa que esperaba la Primavera era para encontrarme con ellos, pues me habían enseñado a soplarlos y a pedir tres deseos mientras las semillas volaban mecidas por el viento.

*

*

Recuerdo que me asombraba verlas, dejar que mi visión se perdiera con ellas mientras de una manera elegante como si fueran globos aerostáticos se elevaban y se alejaban, para depositar ese pan que cargaban en tierra fértil y prodigar su expansión.

Me quedaba contemplando la forma de transportarse que tenían, es magia encerrada en esos filamentos que las hacían etéreas, suaves, como sombrillas que resplandecían con la luz del Hermano Sol.

En aquel tiempo eran las semillas voladoras de los dientes de león, esa planta que trae en si misma toda una farmacia para la sanación y alivio de muchos males.

*

*

Recuerdo que de niña había una amiga de la familia, una señora que ya era para mis ojos muy mayor, sin lugar a dudas era una abuelita sin nietos a la cual le encantaba a parte de cocinar, contar historias a los niños, de las cuales tenía muchas y quién sabe los motivos pero casi la mayoría estaban unidas a alguna planta, como la del diente del león, la de la albahaca, la del repollo, tal vez era porque dentro de sus labores estaba el aliviar algunas dolencias con sus artes de sanadora, que solo ejercía si se lo pedían y no cobraba nada por su servicio, lo podía hacer presente o a la distancia, muchas veces se la veía con sus manos alzadas al cielo y orando, en su delantal guardaba una serie de imágenes de diferentes santos y vírgenes, que iba tomando entre sus manos y quién sabe qué les decía.

Su boca se movía sin que ningún sonido se escuchara, a veces solo un murmullo y ella estaba muy compenetrada quién sabe en donde.

-No molesten- nos decían- está curando a la distancia

Cuando se reunía toda la familia, siempre llegaba pues se le consideraba parte de ella, no había día que no encontrara el momento adecuado generalmente en la tarde  para juntar a los niños y entretenernos narrándonos leyendas.

Una fue la del diente de león, había crecido una planta en el pasto y estaba engalanada por sus flores amarillas que relucían.

*

*

Al verla y acercarnos a ella nos empezó a contar que  habían sido las hadas que habitaban el mundo junto con duendes y otros seres mágicos antes que el humano llegara quienes le habían dado ese colorido.

Todas ellas eran de un tamaño muy pequeñito por lo que los recién llegados no las podían ver y las pisaban, desesperadas y hartas de que le hicieran eso, decidieron protegerse con un aspecto que no dejara la menor duda de que allí estaban, entonces se ataviaron con el color dorado de esa flor y así se camuflaron.

Las semillas lanzadas al aire hacían que otros refugios para ellas surgieran, de ahí que era una planta tan milagrosa, que se podía utilizar de muchas maneras para sanar y para alimentar.

Los niños las podíamos ayudar haciendo que sus semillas viajaran con el soplo.

Recordando momentos, me fui detrás de esas semillas, gozando con su forma de andar girando, correteando, alzándose a los aires, tratando de encontrarse con la brisa para que las lleve a descubrir ese espacio en donde plantarse y perpetuarse no solo a ella sino a su especie.

Mientras otras iban llegando traídas por la corriente que en una cadencia pausada y lenta las hacía depositarse en el suelo para deambular y juntarse con sus compañeras.

*

*

Una a una las iba tomando y con un soplido se elevaban y esa corriente que ahí estaba las transportaba por el aire y tal vez, sí, tal vez lograran llegar a ese espacio en donde la tierra las esperaba.

Coquita caminando a unos pasos de los míos me acompañaba.

*

*

Fue un día en que la Vida llegó de visita con su caja de sorpresas y abriéndola cautivaba con esos secretos guardados en ella los cuales tenía reservados para destaparlos en el momento más inesperado.

GRACIAS

MÉXICO

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8 comentarios en “CRÓNICAS DESDE EL PATIO: SORPRESAS INSOSPECHADAS

    1. Gracias Eva, un hermoso acontecimiento, totalmente inesperado, donde la sorpresa jugó un papel importante pues surgieron de la nada cuando menos se esperaba. Feliz fin de semana un abrazo bien grande

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  1. Yo llevaba tiempo en paro. Decidí pedir trabajo en el circo recién llegado a mi pueblo. El capataz me preguntó que qué sabía hacer. Le respondí que imitaba a lo pájaros. Él me dijo que me largara, que eso ya estaba muy visto. Y me fui volando.

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