CAMINO AL CAMPANARIO

EL ENCUENTRO

Al calor se le ocurrió llegar así nomás sin dar un aviso previo, sin buscar el hacerlo en forma gradual, por el contrario de un día a otro pasó del frío en donde todos estábamos cubiertos, a la temperatura arriba de treinta grados.

No tiene un criterio, ahora hace lo que quiere, ya no se rige más por las viejas normas que durante cientos de años lo hicieron esperable, ahora ya son otros sus designios y con ello también cambió el de los humanos.

Ni una sola gota de aire corría todo estaba tan calmo que parecía que estábamos en el ojo del huracán y que en cualquier momento podía llegar la tormenta de nuevo haciendo volar todo.

A la tardecita me fui a dar la vuelta rumbo a ese lugarcito que desde la pequeña altura en el que se encuentra siempre corre un poco de brisa, mínima tan siquiera, hace que el cuerpo se sienta libre, perdiendo la carga de ese ardor agobiante que lo reseca.

El cielo estaba límpido se veía la cruz del cerro a lo lejos, me quedé contemplándola mientras encaminaba mis pasos.

 

 

Las flores habían empezado a recibir a la primavera, que se dejaba ver no solo por ellas sino también por las bandadas de pájaros que surcaban los cielos mostrando en sus voces la alegría por esta época en donde todo parece que renace, incluso el contento a pesar de la pandemia, de que la turbación anda suelta y del invierno que está ahí agazapado al acecho para dar un brinco en cualquier momento.

 

 

Iba mirando hacia arriba ya que muchos acontecimientos aparecían en lo alto, como el heno que me gusta verlo como pequeñas pelotitas que se van agarrando de los cables y lo pueblan, se estaba extendiendo, una planta que se puede volver plaga pero por otra parte absorbe de la atmósfera todas las sustancias contaminantes como los metales pesados, sin embargo hay que mantenerla a raya.

 

 

Cuando de repente ahí  la vi a ELLA, vuelta un pequeño medio punto entre esos cables de luz que contrastaban con ese fondo azul cerúleo, allí estaba, siempre es hermoso encontrarla más cuando de sorpresa se hace presente.

 

 

Siempre es un agasajo en donde sea que se aparezca.

Seguí mis pasos viendo todas las pequeñas cosas que se presentaban, esas frutas qué cuelgan, que se admiran relucientes en la planta.

Me sorprende como en un clima tan árido crecen y hacen gala de abundancia, es un dádiva de la Naturaleza.

 

 

Las luces que el cielo enviaba seguían siendo todo un espectáculo, mientras subía una de las cuestas me quedé parada frente a un pequeño rincón que me llamó para que me detuviera, era algo mágico, parecía de cuento, guardaba en él algún secreto para detenerse a desentrañarlo,  se me hizo como un cuadro antiguo,  la sábila, esa planta sanadora y que según dicen aleja las malas energías y hace prodigios con la salud del humano, estaba florecida. Atraía, llamaba.

 

 

Ahí comencé a observar cada uno de los detalles que lo conformaban, deleitándome, buscando la belleza en cualquier lugar en donde se encuentre, cosa de darle a mi alma un motivo sublime de regocijo.

Cuando de repente, sin esperarlo sentí un balido que me sacó de mi viaje por ese pequeño espacio, era una cabra que desde un corral me llamaba, me fui a verla, qué sería lo que necesitaba.

 

 

Me paré a mirarla, eran dos encerradas entre una alambrada, desde ahí me hablaba y me hablaba.

La saludo y me pongo a conversar con ella y enseguida se pasa por debajo del alambre y se encamina a donde yo estaba parada, me acercaba su cabeza y enseguida entendí quería que la acariciara.

 

 

-¡Vaya animalito!- como sabes comunicarte para lograr lo que quieres, cada día me sorprende más esa capacidad que estamos todos adquiriendo en esta  vibración del mundo, donde los diferentes lenguajes que los diferentes seres de diferentes especies utilizamos están evolucionando para lograr un entendimiento, se está esparciendo esa comprensión y tolerancia, desde que el ser humano ha dejado de perseguirlos o verlos únicamente para su provecho personal, sin tenerlos como hermanos del viaje por esta dimensión.

Dentro de todo este movimiento que se está dando en donde las cosas están cambiando de una manera que no sabemos hacia dónde vamos por ese malsano camino por el cual transitábamos, se están viendo vestigios de una forma de relación mucho más evolucionada, donde podremos compartir espacios, lengua y vivir en armonía.

Tal vez un día podamos llegar a ese lenguaje universal, el del corazón, el cual se trasmite sin necesidad de mediar ninguna vocalización.

Ahí me quedé un rato conviviendo con ella, me sacó una sonrisa que brotó de muy adentro, sentir que soy parte de este mundo, de este ser que se está transformando hacia un despertar de consciencia que nos irá separando en una parte a unos de otros, pues no todos estamos dispuestos a dejar atrás lo que fue hasta ahora y comenzar con un aprendizaje desconocido,  si bien quedaremos en  lados opuestos del abismo y  ni modo así será el cambio, iremos camino a una vida más simple y sencilla, más de compartir con los otros que el de estarnos peleando, envidiando al vecino, queriendo llegar a ser reconocidos, a ser «alguien» en esta vida, sin darnos cuenta que ya somos, por el sencillo acto de haber nacido y tener la distinción de vivir, de conocer la Vida, hecho que no ha todos se les ha concedido.

Quién sabe cómo será, más allá que lo que se vislumbra es hermoso aunque será dificultoso el lograrlo, sobre todo dejar atrás muchos años de comodidades y de estar en nuestra zona de confort, resistiéndonos a que algo nos sacara de ella, eso sí cuando llegue el momento habrá que estar preparado, dispuestos a pasar a un nuevo encuentro, tener fé e ir tras ella.

Habrá que elegir entre seguir el destino de las máquinas y volvernos en una parte esclavos de ese sistema o elegir el humanizarnos, dar un paso al costado y emprender ese desafío.

Poquito a poco seguí subiendo la pequeña loma, aun el sol estaba alto, daba de lleno en el campanario que era a donde quería llegar.

Fui directo al pequeño parquecito entre cactus y sombra donde está el columpio, aun recreando ese encuentro con ese ser tan especial que me hizo irme dentro de mi misma a  esa nueva realidad que se está acercando y que dentro nuestro tenemos que ir creando.

Me senté en él y como niño me empecé a columpiar, recuerdo que toda mi vida desde muy pequeña siempre tuve un columpio cerca, a donde me iba a refugiar, en donde soñaba que alcanzaba el cielo y con ello la tristeza o la alegría cualquiera de ellas las expresaba volando a los aires o su vaivén me servía para meditar, meterme dentro de mí misma.

Ahí miré para arriba buscando ese azul cerúleo y ¡oh sorpresa! mis ojos se cruzaron con ELLA, mi compañera, sutil y pequeña, en su mitad representada.

 

 

Ya obscurecía era la hora de levantar campamento y de regresar, el cielo estaba pintado de amarillos y naranjas, las siluetas se despedían, me emociona verlas, son parte de mi vida.

Me quedé impregnándome de ellas, de ese resaltar el contorno sin detalles internos, ese tiempo en que  la luz y la sombra nos deja en la libertad de poner en ellos el contenido que uno quiera.

 

 

El campanario quedó para otro día, tal vez le dije a la Luna:

– Espérame para ese instante en que te vuelvas llena- y me desaparecí.

 

 

MÉXICO

 

 

 

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6 comentarios en “CAMINO AL CAMPANARIO

    1. Gracias Julie, ver a la luna sobre todo cuando sale de la montaña en su fase de llena es algo que me motiva a salir, ir a su encuentro y cada vez que la veo le dirijo algunas palabras o por lo menos un pensamiento.
      Me alegra que te gustara. Un abrazo bien grande

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  1. Creo que el campanario puede esperar, cuando te salen al paso cien personajes y una docena de reflexiones. En efecto permitimos que nuestro mundo cambie demasiado deprisa, perdimos por el camino las buenas costumbres y cargamos hasta aquí con la basura Un abrazo.
    Algo o alguien encenderá la mecha que va a provocar una reacción humanitaria.

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    1. Toda la razón, otro pretexto para volver a salir a encontrarme con la Luna Llena y fotografiarla desde el campanario.
      Así será Carlos, ya comenzó esa humanización solo hay que apoyarla desde nuestro corazón, y dejar de lado todo aquello que nos hace autómatas robotizados, tener compasión con todo lo viviente en este mundo y desde donde estamos enviar energías renovadas. Un abrazo, gracias

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    1. La planta es el heno que se da en las zonas semiáridas y es una plaga pues cuando se adhiere a los árboles les quita la luz e impide que crezcan las hojas, los mata. También se da en los cables que cuelgan, por otro lado es un descontaminante de partículas pesadas del aire sin embargo hay que controlarlo.
      Gracias Eva, me alegra mucho que te haya gustado mi paseo, salgo muy poco y cuando lo hago se vuelve todo un descubrimiento pues suceden muchas cosas y parece que todo es nuevo. Un abrazo

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