caballito de madera_1

EVOCANDO A LOS POETAS: ANTONIO MACHADO

 

“Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera.”
……………………………..

 

Cuando comenzó mi terapia poética para detener esa rapidez con la que hablaba, pues mi alrededor no entendía ya que parecía que las palabras salían despedidas con una fuerza que los abrumaba y todas apelotonadas, si a eso se le sumaba además que no paraba de contar historias de todo tipo y platicar, platicar, platicar se podía decir que los volvía locos.

No hubo mejor solución que llevarme a una reeducación del habla y como en esa época no abundaban terapeutas del lenguaje una poetiza y declamadora conocida de la familia se ofreció a hacer tal tarea.

Así que mi recuerdo empieza todos los viernes después de haber terminado la semana de escuela, saliendo de ella me encaminaba a un lugar que para mí era mágico, una parte de Montevideo, la Ciudad Vieja en donde se encontraba el puerto y muchos lugares muy antiguos, el casco histórico de la capital.

Llegábamos a una casa de esas que pocas veces había entrado, había nacido y había vivido hasta ese momento en un lugar rodeado de campo, de vegetación, en donde sobraba espacio para corretear, respirar, estar rodeado de naturaleza, en cambio esta era una zona con casas sin jardines, encerradas.

Desde ese momento ese espacio se volvió un misterio, un descubrimiento, un meterme en un mundo que hacía vibrar las fibras más hermosas.

Cada viernes quien para mí era un ser bello muy bello, joven, dulce, tierno, que parecía un hada que salía de mis cuentos abría la puerta y ahí me dejaban por un tiempo sin tiempo, donde con su voz clara iba mostrándome el sentir de la poesía, el alma que en cada verso estaba guardada y elegíamos cual sería el que llegaba a la mía para aprenderlo y de esa manera fuera mi sosiego.

Así llegó un día a mi “Pegazos”, ese poema de Antonio Machado a quien adoré desde ese instante,  junto a ese caballo fantástico con alas que dicen que dio una coz cuando era pequeño y de ella nació una fuente. Zeus el Dios mayor del Olimpo lo había dejado viviendo entre ellos en ese bosque para luego convertirlo en una constelación.

 

“Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas
sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.”

 

 

Era una poesía que de niña me hacía sentir lo que el autor había sentido al escribirla, inundaba mi espíritu de una alegría que no podía describir en esos años.

 

“En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas. “

 

Frente a mí se desplegaba ese cielo, donde las luces amarillentas de las lumbres volvían asombroso ese espacio cerúleo profundo y ahí mientras las palabras se entrelazaban y salían armoniosamente una detrás de otra me sumergía en esa alegría que emanaba, que llenaba de gozo mi mirada.

 

Pasó el tiempo ya la niñez había quedado atrás, el desconcierto del crecimiento se iba haciendo cargo de esa personalidad  independiente que la adolescencia reclamaba, en donde la tristeza del duelo por ese niño que se iba invadía por momentos, la nostalgia del sentir vivido, el pesar de dejarlo atrás para tomar a ese adulto que estaba en cierne.

Cuando ese sentimiento se agudizaba llegaba “Pegazos”  nuevamente a rescatarme y llevarme a esos momentos, a ese sentir tan cándido y límpido como el de la niñez y de nuevo mi interior se iluminaba con la luz de esas candelas.

El tiempo fue pasando, la infancia se disolvió en el crecimiento, la poesía quedó depositada en el baúl de los recuerdos, otras fueron tomando su lugar, más cercanas al instante que vivía.

Pasaron muchos años hasta que un día en un carrusel con caballitos de madera donde sostenía a mis pequeños hijos, ahí de nuevo emergió, inundó el momento con sus resplandecientes versos, que con una gran sonrisa fueron recibidos por ellos.

 

“¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,
caballitos de madera! “

 

*

 

Todo lo que se ignora, se desprecia

 

***

 

ANTONIO MACHADO dramaturgo y poeta español con una filosofía muy particular y personal, dejó un legado escrito que Juan Manuel Serrat se encargó con su canto de hacerlo llegar a gran parte del mundo.

Más conocido por: 

“Caminante no hay camino,

se hace camino al andar”.

 

Dicen que cuando falleció en el exilio por pensar diferente al gobierno del momento se encontró un papel en el bolsillo de su abrigo con el siguiente verso:

 

“Estos días azules y este sol de la infancia”.

 

***

 

 

POESÍA: “PEGASOS, LINDOS PEGASOS” de Antonio Machado

 

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fotos carrusel

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foto caballitos

https://es.dreamstime.com/foto-de-archivo-caballos-pintados-del-carrusel-par%C3%ADs-francia-image43347244

 

 

 

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4 comentarios en “EVOCANDO A LOS POETAS: ANTONIO MACHADO

    1. Tuve una infancia en muchos sentidos muy especial, viví una parte de mi vida en otro mundo, era muy curiosa y estaba rodeada de seres que me mostraban diferentes formas de mirar lo que tenía a mi alrededor, pienso que eso fue lo que me hizo tal vez como dices especial, gracias Eva, un abrazo

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