higuera hojas

EVOCANDO A LOS POETAS: JUANA DE IBARBOUROU

LA HIGUERA

 

“Porque es áspera y fea,

porque todas sus ramas son grises,

yo le tengo piedad a la higuera.”

 

Cuando era niña parecía que las estaciones del año conocían el calendario exacto.

Cada 21 de septiembre llegaba la Primavera y yo lo sabía por más pequeña que fuera, pues dos grandes y viejos ciruelos que adornaban el camino de entrada a la casa, lo anunciaban.

Habían sido plantados por mi abuelo a principio del siglo anterior, al igual que otros árboles frutales, como el limonero, la lima, que en esta época se llenaban de azahares que regalaban un aroma dulce como aliento de ángel.

Se vestían con un traje espléndido, de blanco como si fueran novias que iban a ir al altar con paso glamoroso, parecía que desde el cielo cantaban una melodía con un coro de pájaros que la secundaba, henchía al corazón que se maravillaba de lo que los ojos y los oídos le mostraban.

 

 

Mientras mariposas, abejas, abejorros, guitarreros revoloteaban de flor en flor, dándole una magia especial a ese tiempo, donde todo relucía.

Las parras, que formaban el techo en donde resguardarse ahora que viniera el verano, también ellas aprovechaban para sacar sus primeros brotes.

Además eran vacaciones, así que había todo el tiempo del mundo para estar jugando entre todos ellos.

 

 “En mi quinta hay cien árboles bellos,

ciruelos redondos,

limoneros rectos

y naranjos de brotes lustrosos.”

 

Salía corriendo a encontrarme con ese hechizo, una cantidad de catarinas esos pequeños puntos rojos con naricitas negras me esperaban, andaban entre las plantas de margaritones, los tomaba entre mis manos para que las recorrieran y llegaran hasta la cúspide de alguno de los dedos y desde ahí se lanzaran a remontar el vuelo.

 

 

“En las primaveras,

todos ellos se cubren de flores

en torno a la higuera.

Y la pobre parece tan triste

con sus gajos torcidos que nunca

de apretados capullos se viste…”

 

Era el momento también de hacer el jardín, de ir a la “Quinta de los Almácigos”, en donde se compraban las pequeñas plantitas de estación para adornarlo y darle vida, después de ese invierno que había acabado con todas las hojas de los árboles, dejándolos desnudos sin nada que los cubriera.

Así que nos preparábamos con mis hermanos, nuestra madre nos daba las instrucción de lo que ella necesitaba y cada quien podía elegir las plantas que quisiera cuidar esa temporada.

Una gran alegría nacía, pues llegar a él que estaba a unas cuadras era entrar por los caminos de terracería, meterse en lo que aun quedaba de campo que la ciudad no lo había ganado, donde grandes árboles formaban un túnel largo muy largo que cobijaban del sol que calentaba. Era una gran aventura para aquellos tiernos años.

Pensamientos, no me olvides, violetas, eran los plantines que generalmente elegía y no podía faltar uno de fresa.

De regreso a la casa cuando la tarde ya entraba en la calma, antes de que atardeciera, era la hora de sembrar cada quien sus elegidas.

Entre todo ese mundo de vida que renacía, estaba la higuera, pequeña, gris, que aun no había dejado ni siquiera asomar un fruto.

 

 

“Por eso,

cada vez que yo paso a su lado,

digo, procurando

hacer dulce y alegre mi acento:

«Es la higuera el más bello

de los árboles todos del huerto».”

 

Me gustaba verla, me acercaba a ella y me parecía ¡tan hermosa!  y le daba  un lugar especial dentro de esa tierra y le platicaba recordando la poesía que mi madre me enseñaba, le decía que no importaba que no tuviera flores que esperara que un día sus frutos regalarían el dulce que guardaba en sus entrañas.

 

“Si ella escucha,

si comprende el idioma en que hablo,

¡qué dulzura tan honda hará nido

en su alma sensible de árbol!”

 

Y así, entre flor y flor que iba plantando la miraba, le sonreía, para que no se sintiera sola, diferente, dentro de ese mundo que florecía.

 

Y tal vez, a la noche,

cuando el viento abanique su copa,

embriagada de gozo le cuente:

¡Hoy a mí me dijeron hermosa!

 

*

 

POESÍA “LA HIGUERA” de Juana de Ibarbourou

Juana de Ibarbourou o Juana de América fue una poetiza uruguaya, que desde muy niña escribía. Varias veces fue nominada para el Premio Nobel.

Dicen que fue una de las primeras mujeres feministas de América, junto a Alfonsina Storni y Gabriela Mistral y que en este poema lo demuestra, ya que habla de la higuera como más hermosa que los otros árboles que la rodeaban llenos de flores y muy derechitos, dándole un lugar relevante a la parte femenina, que no era lo que primaba en su época.

 

También decía que:

“La niñez es la etapa en que todos los hombres son creadores.”

Lamentablemente para la mayor parte ahí se acaba.

 

 

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8 comentarios en “EVOCANDO A LOS POETAS: JUANA DE IBARBOUROU

  1. En primer lugar debo confesar mi amor por Juana de América. La amo desde mi infancia, y ese poema en especial. Será porque yo también soy feminista (desde antes de nacer, como suelo decir).
    Por otra parte, dicen que todos llevamos un niño adentro. Supongo que hay gente que lo lleva tan adentro, que no lo deja ni asomarse. Siempre me he llevado muy bien con los niños y las niñas, tan es así, que todavía soy capaz de sentarme en el suelo a jugar con los niños, hijos de mis amigas antes y con mi nieta ahora. Es súper entretenido!

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    1. Estar en contacto con niños, jugar con ellos, lleva a los sentidos a regresar a esa época en donde no se juzgaba, donde se podía imaginar libremente, desahogar en el juego todas aquellas situaciones que no se entendian y llegar a acomodarlas dentro de uno. Se a perdido ese sentir, el que hay que rescatar.
      Juana de Ibarbourou estaba muy cerca de esas vivencias y las volcaba en su poesía, en cierta forma a veces pienso era por la vida real tan sufrida que tenía. Un abrazo

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  2. A pesar del destiempo,
    y del desinterés ajeno
    aún aguardo pendejo
    que me dé la cabeza
    hasta llegar más lejos
    y dar a luz otro cuento.
    Que complejo es acostarse
    juvenil y levantarse viejo.
    Como hace la higuera
    queremos dar fruto
    a la puerta del invierno.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, que bueno que estés por aquí, tal vez lo que pasa es que buscamos a un niño, aquel que fuimos y no es a él con quién hay que ir al encuentro, pues él ya no es, solo dejó la forma de vivenciar la vida en aquella época, esa sí, todavía la tenemos guardada. Así creo………..un abrazo

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  3. Es precioso lo que has escrito y demuestra que para ti no se acabó la niñez pues aún tienes capacidad de mirar y de asombrarte.
    Aquí a las catarinas les llamamos mariquitas.
    El poema lo conocía, es muy bonito y la higuera un árbol especial. Todos lo son.
    Abrazo, Themis.

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    1. Gracias Eva, eso que cuando uno va creciendo se va acercando cada vez más a ella, es hermoso, sobre todo cuando fue bella más allá de todos los pesares que por si misma la vida trae. Lindo es mirar la vida con los ojos de niño, pues el asombro se despierta frente a cualquier cosa que vea.
      Bien dices todos los árboles son especiales.
      Un abrazo grande

      Le gusta a 1 persona

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