TORTOLAS GRISES

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LOS MALVADOS GRISES (10)

LA HORDA SALVAJE

 

Tortolitlán estaba tomando un cauce inusual, algo extraño sucedía, una gran conmoción  se había sembrado con la invasión de esa «horda» de «Grey Meannis», «Malvados Grises» que había hecho irrupción sin esperarse y desalojaron casi de un jalón a los antiguos comensales impidiendo que regresaran pues fue tal el avasallamiento que a todos dejó desequilibrados y hundidos en el terror.

Fue como si hubieran llegado lanzando ráfagas de picotazos para todos lados, con el filo de sus picos y despidiendo plumas de las víctimas que volaban movidas por la suave brisa.

El patio quedó vacío, ya Pluma Café ni siquiera venía a custodiarlo, no se le veía caminando sigiloso por ese territorio que había logrado apoderarse, Coquita y Ñandu también estaban desaparecidas y ni se las veía del otro lado de la calle yendo de un lado para otro como solían hacer. Manda Más y Despeinada huidos por completo, la Intrusa ya no llegaba a perder su mirada tras las montañas y ni se digan las otras parejas.

 

 

El pajarito rojo ese ya ni se asomaba, no se atrevía a reportar los sucesos, parecía que la cosa se había puesto muy brava en el mundo de los alados, como si la delincuencia organizada hubiera copado el espacio y nadie se atreviera a desafiarlos.

Eran muy fuertes y no tenían escrúpulos, cuando alguno se aventuraba a llegar, tal vez a medir la situación, se le abalanzaban y  se quedaban con las plumas en el pico en señal de hasta donde eran capaces de llegar. Sabían luchar de una manera no vista, nada los detenía, además guardaban la fuerza de un grupo integrado, sólido que nada los amedrentaba y actuaban como si no tuvieran nada que perder.

No estaban todo el día en el lugar, la tarde los atraía, difícil era saber en qué momento lo harían.

Tenían sus propios códigos que respetaban a carta cabal, nadie dentro se atrevía a desafiarlos, me llamaba la atención que había veces que llegaban y aunque estuviera la comida no bajaban, hasta que aparecía no sé si el que era el capo y cuando él lo hacía, los demás lo seguían. Era como si diera el permiso.

Los primeros días seguía poniendo el alimento, pues quería saber de qué se trataba si era algo circunstancial o pensaban apoderarse del espacio.

Eso sí, le temían a la cámara apenas me veían con ella todos alzaban el vuelo y desaparecían.

Una vez la puse en el piso para ver si los podía filmar, estuvieron mucho más tiempo en el muro, hasta que se fueron sin bajar.

Al otro día pasó lo mismo, cuando vieron que no hacía nada se ubicaron en la otra punta de donde estaba y se pusieron a comer,

 

 

hasta que uno rompió con el límite que se habían estipulado y cuando vio que nada sucedía hasta se le acercaban y la quedaban mirando fijo.

 

 

En lo personal no me daba por conforme con lo que estaba sucediendo pues ahora que se había logrado en una parte ese equilibrio tan deseado aunque no fuera el mejor, se venía esto, ¿qué era lo que estaba pasando?, ¿cuál eran los motivos por los que la vida estaba mandando  a esta banda muy salvaje que no tenían ningún miramiento?.

 

 

Para colmo llegaban y si no había comida todos se metían a la cocina a buscar a ver con lo qué se encontraban, yo que me peleaba con el Manda Más por esta conducta ahora tenía que ver a más de seis parejas que andaban ahí dentro. Claro lo hacían cuando no estaba, para salir volando apenas me acercaba, por otro lado tampoco ya les estaba dejando comida.

Eso sí arrasaban con todo y se iban, así como habían llegado así levantaban vuelo.

Nada de los otros, ninguno aparecía, ni Coquita que es bien intrépida y se siente de la casa.

Para colmo la Ñandu andaba asustada, ya no llegaba casi, había hecho una regresión al principio, pues casi junto con la horda salvaje unos días antes había tenido una experiencia muy desagradable.

Resulta que las dos se habían metido dentro de la casa, con eso que les da por entrar a curiosear y ver con lo que se encuentran, antes lo hacía solo Coquita pero desde que le enseñó a la Ñandu, ahora son las dos, eso sí la última no entra sola sino acompañada de la aventurera.

 

 

No me había dado cuenta que andaban dentro y cuando yo entré, se asustaron, la Coquis salió volando en cambio la otra quería salir por la ventana y se daba de golpes en la cabeza, pues estaba cerrada sin embargo esto es otra historia que luego se las cuento, fue un día en que todos los animalitos parecían estar bien zonzos. Una jornada también difícil pero de otra manera también de vibraciones desconcertantes que se apoderaron del lugar.

Veía que la horda llegaba para la hora del alpiste, en las mañanas y en la comida cuando era el arroz, ahí no se les veía.

Resultó que un día estaba dentro de la casa con la puerta abierta pues se sentía el calor y en eso escucho los aulliditos del Manda Más que desde la escalera sin entrar por supuesto pues ya está de un respetuoso que ni se lo imaginan, con eso que lo corrí varias veces de la cocina y tuvimos nuestras desavenencias ahora se mantiene parece sin romper las reglas. Se oía su voz como alertándome que ahí andaba y que necesitaba algo.

-Manda Más, ahí estás, ¡qué alegría verte!- apenas vio que me dirigí a la puerta, saltó del escalón y corriendo se alejó, sin dejar de emitir sus sonidos y me quedó mirando.

 

 

-¿Cómo te arriesgaste a venir?, ¿No tienes miedo?, ¿Qué necesitas?- le pregunté, mientras agarraba un poco de arroz y se lo llevaba, es que ya dejó de reclamar el alpiste y se unió al grupo de los arroceros, ya que comida fácil como esa estaba difícil de conseguir, la otra si se la tiene que proveer necesita mucho más esfuerzo y el alpiste con todos los que ya se habían sumado para comerlo no era suficiente.

Se fue corriendo delante mío, con sus patitas moviéndolas muy rapidito.

 

 

Entre granito y granito de arroz que comía me miraba, se le sentía alterado, daba vuelta su cabeza para un lado, para otro, como si estuviera en guardia. Mucho más perturbado que de costumbre que eso ya es decir mucho, pues hay algo raro con él cuando se irrita o se acelera mucho como que tiene un tic nervioso, hace un movimiento a la altura del cuello que parece que se le forma como una joroba. Es extraño el animalito.

 

 

-Está difícil la situación, con todo estos Malvados que han llegado, los demonios andan sueltos, aunque no lo creas,  así están los tiempos, las fuerzas obscuras se han apoderado del espacio y no dejan que lleguen ustedes- le empecé a decir- y en parte es culpa de todos nosotros.

Me quedó mirando fijo como que trasmitía algo en su mirada.

-¿Lo que quieres es que los corra?, es eso lo que me estás pidiendo, como lo hice con Pluma Café cuando los agredía que los sacaba volando y yo a él.

-Está bien, lo haré, ahora una cosa, ¿estás dispuesto a cambiar?, pues si no es así no hay nada que se pueda hacer.  Mientras se nutra con nuestras conductas a esas fuerzas obscuras no hay nada que se pueda hacer para alejarlas.

Ahí me le puse a hablar mientras comía, de que había que aprender de todo esto, que no era posible que se siguiera peleando con Coquita, que nadie le decía que le cayera bien, simplemente que la aceptara pues en todo grupo hay alguno que no nos gusta y lo más probable es porque tiene cosas muy parecidas a las que tenemos nosotros y que no queremos reconocer y que como espejo no nos las muestra y bla, bla, bla, como cuando uno le habla al hijo adolescente, un sermón.

Él me miraba con sus ojitos tiernos, a veces de medio loco, con eso que la ansiedad le gana y es super sensible, los abre grandototes, grandototes y emite su aullidito que parece de fantasmita, creo que se tendría que llamar Gasparín, más allá que muchas veces no es muy amigable como el de la caricatura.

Seguía comiendo y yo con mi perorata para ver si lograba hacerle entrar en su cabeza que no se podía seguir con la violencia pues se estaba llamando a estos acontecimientos, primero fue Pluma Café y bien o mal se le pudo controlar y como que ahí se llevaba la feria en paz, sin embargo no se podía seguir convocando con la actitud a situaciones cada día más insospechadas.

El ambiente estaba entrando en la cuántica de los sucesos y eso llevaba a que no fueran más como los usuales que conocíamos o similares a los de antes aunque los buscáramos y los esperáramos, que lo que volcáramos para afuera sería lo que iríamos recibiendo y no solo individual sino también en lo colectivo.

Eso había que tenerlo en cuenta. No se si me entendía, creo que estaba difícil pero me miraba y respondía, aunque el siempre hace ese sonido, que ahora que me estoy dando cuenta puede ser también parte de sus tics, tal vez tiene el Síndrome de Tourette.

Ahí estuvimos hablando un ratito. Me dio mucho gusto verlo y se lo hice saber, al igual que le dije que si venían los otros mafiosos yo me encargaba de ellos que él estuviera tranquilo, que comiera en paz.

Sin embargo, de repente se escuchó un ruido que venía de la calle y dio un brinco hacia atrás, asustado y sin chistar alzó el vuelo a toda carrera, estaba sobresaltado sin lugar a dudas, lo había dejado ansioso la situación vivida, buscaba ayuda.

Así andaban las cosas por estos lugares, lo sombrío se apoderaba del entorno, las figuras de los nuevos invasores acechaban por todas partes, había momentos que parecía que estaban vigilantes pues apenas se dieron cuenta que se acercaban los antiguos pobladores ellos aparecían como salidos de la nada, no todos sino como una avanzada dispuesta a pelear el territorio hasta donde fuera necesario……….

 

MÉXICO

 

CONTINUARÁN…

los reportes desde el patio, próxima entrega saber cuándo.

 

Si quieres enterarte de los capítulos anteriores en el MUNDO DE LOS ALADOS aquí te los dejo.

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (1)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (2)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (3)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA LUCHA POR EL PODER (4)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: El nuevo visitante (5)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: Las nuevas contiendas (6)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: PLUMA CAFÉ (7)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA DUEÑA DEL LABERINTO (8)

LOS QUE NOS MUESTRAN EL CIELO: “NADA ES PARA SIEMPRE” (9)

 

 

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6 comentarios en “LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LOS MALVADOS GRISES (10)

  1. La tienes liada buena con los pájaros mafiosos!! Y encima se te cuelan en la casa. Me resulta muy curioso pues no imaginaba esas bandas organizadas por los cielos.
    Las dos cotillas que solo entran en pareja me dan ternura y cómo te relacionas tú con ellos, también.
    Abrazo, Themis y a ver qué pasa con los malotes.

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    1. Los malotes no entran a la casa, solo a la cocina que está en el patio y tiene una parte abierta. Las cotillas si entran y otros solo llegan al escalón de la entrada y de ahí a veces me llaman o piden comida. Son muy chistosos y la verdad que buena compañía, claro no los forajidos, que quién sabe de dónde habrán salido. Un abrazo

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  2. Ignoraba también que hubiera tal síndrome. ¿Podría ser que el desconcierto requiera la actuación de una funcionaria eficaz capaz de poner orden antes de que los sucesos vayan a más? Visto lo que sucede por acá, no será que las tórtolas hayan organizado un partido político. Un abrazo.

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