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LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: PLUMA CAFÉ (7)

EL NUEVO GUERRERO

Cada día que pasa algo nuevo sobreviene en el patio de la casa que se está transformando en un lugar donde las historias nacen, quién iba a decir, pues en lo personal no imaginaba lo que podía desencadenar el darle de comer a una tortolita o mejor dicho a un pequeño gorrioncito pues realmente por él comenzó todo esto que ahora sucede, más allá que quién sabe a dónde fue a parar el susodicho  aunque me queda la duda si no es el que llega a veces y sin ningún problema come mientras las demás pelean.

He aquí al causante de lo sucedido.

 

 

No siempre uno es realmente consciente de las propias acciones, se las ejerce así como si no fuera a pasar nada y de repente se encuentra con que ocasionó una serie de acontecimientos los cuales nunca imaginó y repercuten por el Universo, a veces en el cercano, otras saber en dónde.

Por eso hay que estar atento antes de emprender cualquier labor por simple o sencilla que parezca del compromiso y la responsabilidad inherente a ella, más allá que si no lo hizo luego no queda otra que hacerse cargo de lo que produjo o como quién dijera cargar con el «karma» que engendrará pues en estos niveles, como sucede con la justicia «el desconocimiento de la ley no sirve de excusa».

Después de la falta del alpiste por unos días donde casi todas las tortolitas se habían desaparecido, junto a las palomas y solo algunos gorrioncillos se daban la vuelta, a la llegada del mismo se volvió a reinstalar el comedor, que si bien no todos sus comensales llegaron los más asiduos no lo abandonaron.

Coquita y la Ñandu, fueron las primeras, al principio renegaron del arroz que les estaba poniendo, luego ya se acomodaron con él, por otro lado los otros que no faltaban el Manda Más y la Despeinada resulta que no les era muy de su agrado, por lo tanto las primeras estaban de parabienes recorriendo el patio, sin importarles que el alpiste no estuviera, pues aparte no por criticar pero son un poquito flojitas.

Así se estaba dando la cosa, parecía que estábamos llegando a un entendimiento, hasta con el Manda Más con el cual había tenido alguna que otra diferencia ya las estábamos zanjando.

Cambió la actitud ya no era con imposición o metiéndose en cualquier descuido en la cocina como si yo no existiera, como lo he espantado y corrido, ahora lo hace digamos que con más humildad y hasta empezamos a hablar o mejor dicho yo le hablo y le digo que lleve la fiesta en paz que hay para todos, que deje ya de pelear por el territorio que no hace falta que no traiga más discordia al mundo que ya está como está, por querer unos pocos adueñarse del todo cuando en cierta forma no lo necesita pues si así actúa tiene que estar todo el día cuidándolo que no venga otro a arrebatárselo como él hizo y se vuelva un esclavo de su propia adquisición……así él me mira y de repente lanza algún gemidito muy suavecito y da la impresión que se diera cuenta de lo qué le hablo.

Ahí nos vamos hallando y también ha sucedido que para que llevemos la fiesta en paz me ha sacado para afuera mi lado flaco y ahí estoy a veces dándole algunos que otros granos de alpiste extra, mientras escucha mi sermón de la buena convivencia.

Eso sí, con los demás ahí la lleva sin embargo a Coquita, a esa no la quiere ver ni en pintura y las peleas siguen sin detenimiento.

Las plumas vuelan por todas partes y ya se están volviendo un problema que hay que ver si en algún instante dejan de hacerlo pues si no he de buscar alguna solución más drástica para que toda esta confusión se detenga.

Aquí tienen cómo son sus enfrentamientos hasta que comienza la corrida.

Primero se quedan mirando aunque sea a la distancia, como mostrando toda su furia, una abre el ala, parecería en señal de subordinación, de preparación, no lo sé en realidad así se me hace o de mostrarse más grande o de quién sabe qué. La otra la que va a comenzar a perseguirla agacha su cuerpo y su cabeza como tomando fuerzas y luego ahí si, se dispara la carrera.

 

 

Coquita sale corriendo, el Manda Más la sigue detrás y la Ñandu asustada se queda quietecita, quietecita sin mover una pluma. Así es esto de las peleas y no hay quién les haga entender que no es bueno que están llamando a mayores inconvenientes, pero………….. no da para entender.

Y mirando toda la escena está el frijol, ese que se extiende por el patio y cada día crece más y más, parece el del cuento «El Frijol Mágico», sin embargo esto es otra historia.

 

 

Sin embargo ahí no acaba la cosa, como quien dice en esta época que parece que el mundo lo único que sabe es mandar cada vez más incertidumbre ha sumado otros personajes para ir variando el guión y no hacerlo tan monótono.

Una nueva pareja de tortolitas se ha agregado a la pelea territorialista y ha aumentado de esa manera el conflicto, ahora ya no son dos, son tres que se corretean, también han buscado su lugar especial  y me vienen a visitar cuando las otras no están y claro a reclamar su ración de alpiste cerca de donde yo estoy.

 

AQUÍ LES VA LA HISTORIA

 

Todo comenzó un día en que yo estaba ahí cocinando cuando de repente escucho un grito de guerra que venía desde arriba en donde por momentos pareció que paraba la escena que ahí se estaba desarrollando y como un bólido bajó y contra el Manda Más se fue que para variar andaba corriendo a Coquita.

 

 

Al principio se paró muy derecho frente a él, dando la idea de una estatura mucho mayor, mientras seguía con su grito y movía su cuello como diciendo «sí, sí, sí»,  y con una bravura como la que no había visto antes en ninguno de ellos, sin compasión ninguna lo empezó a corretear, cuando lo alcanzaba lo picoteaba, parecía que no era juego, la agresividad anteponía cualquier acción, hasta que lo hizo volar.

Luego siguió con Coquita a la que también sacó de la jugada y como para estas alturas ya estaba acostumbrada a esos percances no opuso ninguna resistencia, en seguida se acercó a donde estaba y se quedó cerca de mí, quietita, quietecita sin moverse como sintiéndose protegida.

 

 

Ahí la tranquilicé que no se inquietara, que bueno así estaba la cosa, y «al mal tiempo buena cara», qué quién sabe de dónde había salido ese nuevo, pero que viera como la violencia generaba violencia y cada día que se utiliza esa fórmula lo único que se ganaba era que todo se volviera más brutal.

En eso se acercó el Manda Más que venía caminando por el patio, con su aullidito y se me puso a conversar, un poco desesperado, pues cada día que pasa veo que es un alma muy conflictuada, pues quiere ser lo que no es en realidad, ejercer como macho Alfa cuando ni entra dentro del alfabeto, claro que es difícil de hacerlo entrar en razón, él quiere en cierta forma ser quien no es, como tantos otros y así luego anda todo frustrado, sin embargo esto es otra historia.

 

 

En un instante el recién llegado había logrado que todos se volaran, pues uno a uno fue quitando a todos los machos y él ahí se quedó comiendo con su dama.

Miraba la escena sin dar crédito de cómo de un instante a otro el panorama podía cambiar y no para mejor parecía, eso sí alguna enseñanza traería.

A este le he llamado Pluma Café, pues la verdad que como viene volando y arremete contra los demás me hizo acordar a los apaches que cuando se trataba de pelear no los detenía nada, lanzaban su grito y allá iban contra lo que fuera que tuvieran delante.

A su costado tiene una pluma de ese color que lo caracteriza y le da ese toque especial para poder ser identificado entre todos los demás.

Tiene una costumbre que ha agarrado,  cuando llega, si yo no estoy fuera él se pasa frente a la ventana de mi habitación la que da al patio, con un aleteo muy fuerte como haciéndose presente y avisándome a que le vaya a poner comida, por otro lado si no lo hago se para en el tendedero, él con su compañera a la cual le encanta el hacerlo y columpiarse.

Los dos ponen su cara de santos y ella mira desde el costado, como si fueran incapaces de correr a una mosca, hermosos por otro lado.

 

 

Un personaje un poco loco, ha corrido a todos, al principio las otras se quedaban  en el muro sin hacer nada, esperaban, miraban muy compenetradas a que algo pasara o se fuera ese demente que había entrado en la escena, quién sabe.

 

 

Él mientras tanto caminaba como agazapado, dando pasos sigilosos, mirando para ambos lados como si lo persiguieran, daba de repente una vuelta muy rápida y se quedaba con los ojos fijos, obscuros y penetrantes, como si quisiera imitar la mirada de un jaguar y parecer alguien muy feroz, para reiniciar luego de nuevo con la marcha, hasta que un día empezó a subirse al muro y los corrió a todos a picotazos, los cuales optaron por irse apenas él llegaba.

 

 

Varias veces he ido al patio y ahí me lo he encontrado con esa actitud como si estuviera en constante vigilancia, que se le va a hacer,  como canta Serrat:

 

«Cada loco con su tema,

contra gustos no hay disputas:

artefactos, bestias, hombres y mujeres,

cada uno es como es,

cada quién es cada cual

y baja las escaleras como quiere.»

 

Así estuvo durante un muy buen tiempo venía y no dejaba a nadie comer, se aparecía de improviso lanzando su grito de guerra y se iba contra alguno de ellos, el cual salía volando para seguir luego con todos los que por ahí estaban, sin respetar machos o hembras.

Eso sí lo bueno era que se iba calculo que cuando se saciaba de comer o se aburría y los dejaba un rato a ellos buscar a ver qué encontraban, sin embargo un día no regresó, se desapareció, todo volvió a su normalidad y no a la nueva,  es decir a las corretizas del Manda Más y de Coquita.

Pero, pues siempre hay un pero, ese que se atraviesa y no permite que las cosas fluyan armoniosamente, que no es un sin embargo, ahí no paró la cosa otra amenaza comenzó a acechar a este grupo de tortolitas, la cual queda para que la cuente en otra vuelta.

Quién sabe que va a ser con todo esto que está pasando, eso sí no muestra que la paz esté por llegar, todo lo contrario, parecería que la vida como se conocía va a estar muy difícil de alcanzar y habrá que acomodarse a lo que sobrevendrá y no se por qué vislumbro: una gran tiranía.

 

Más allá de no ser lo deseable pues no es forma de convivir y menos de existir.

 

 «Prefiero volar a correr,

hacer a pensar,

amar a querer,

tomar a pedir.

Antes que nada soy

partidario de vivir.»

 

 

MÉXICO

 

 

Letra de la canción «Cada loco con su tema» de Joan Manuel Serrat

Si quieres enterarte de los capítulos anteriores en el MUNDO DE LOS ALADOS aquí te los dejo.

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (1)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (2)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (3)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA LUCHA POR EL PODER (4)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: El nuevo visitante (5)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: Las nuevas contiendas (6)

 

 

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8 comentarios en “LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: PLUMA CAFÉ (7)

  1. Creo que los animalitos sea que siguen sus instintos de manera inevitable. Unos mandan mientras comen y otros más prudentes esperan su oportunidad. Entre los hombres sucede que los que mandan nunca se hartan de pasear las armas. Esta historia está interesante de verdad. Un abrazo.

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    1. Gracias Carlos, a mi también me resulta interesante el estar en contacto con estos alados, pues en realidad en mi vida no les había prestado atención a sus comportamientos, sin embargo ahora que los observo y comparto con ellos es un mundo instintivo de una forma de relación que me sorprende. Seguirán más capítulos y acontecimientos, en muchas cosas tan similares a los humanos, como bien dices «nunca se hartan de pasear las armas». Un abrazo

      Le gusta a 1 persona

    1. Asi es Eva, es un camino sin pierde a la frustración, muy transitado y por otro lado de ahí nace en gran parte la envidia y esa sí que es corrosiva.
      Me gusta observarlos, pues una vez que te conectas con ellos, ves claramente sus diferencias, y me gusta el hacerlo, más cuando me paso parte del día con ellos, son como mi telenovela, espero la hora de prender la pantalla. Un abrazo bien grande y gracias

      Le gusta a 2 personas

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