abeja

ENCUENTRO INESPERADO

Estaba un día en la cocina

preparando un plato de frutas de esas de estación las que se encuentran en su punto exacto, más si la cosecha es de los alrededores y  casi se maduran en la planta. Son una deliciosa y mucho más económicas, siempre me ha sorprendido este hecho.

Era época de mango, ese regalo que la vida nos dio en muchas variedades que se las utiliza de diferente manera.

Para preparar un buen plato de frutas me encanta el Ataulfo pues es más simple de partir, para saborear su jugo con pulpa,  el Petacón, el Manila por ser la delicadeza misma y el Piña por la forma de comerse, pues no se puede pelar es tanto el néctar que guarda que solo se exprime entre las manos hasta que a través de la cáscara se siente que es casi agua, se abre un punto pequeño en el extremo de arriba y a través de él se comienza a absorber esas gotas dulces que hacen que el cuerpo se expanda, se ponga contento con el sabor de las dos frutas juntas: el mango y la piña. Es de esos alimentos  que “no se puede comer solo uno”, como si llamaran a la adicción, dos o tres es la gran delicia.

Ahí estaba pelándolo, mirando como la cáscara se iba corriendo y desprendiéndose, cuando de repente siento un zumbido muy cercano, busco y ahí me la encuentro una abeja que aterriza sobre una pista amarilla de la cual sobresalían algunas gotas.

Me quedo mirándola y ni se inmuta, no existo, solo el mango y ella.

Le empiezo a hablar, como hago siempre cuando me encuentro algún animalito.

-¡Eh!, salte de ahí no es buen lugar para que te quedes- le advertí, sin embargo empezó a caminar como buscando un espacio donde llevar adelante su acción, se quedó como si nada sin que le hiciera mella mi presencia, extasiada con el encuentro.

Le quise explicar que la tenía que quitar, que corría peligro sin embargo el instinto de conservación era como si no existiera, la fruta la había subyugado como a todo buen adicto cuando está frente al elemento de su adicción.

No me quedó de otra que cortar el pedacito en el que estaba parada con mucho cuidado y depositarlo al costado de la tabla para que siguiera deleitándose abstraída en su elixir.

Durante unos días apenas sentía el aroma venía apresurada,  me sobrevolaba, se paraba en el cuchillo mientras lo cortaba, le sacaba su porción y ahí se quedaba a mi lado saboreando el manjar que la vida le había puesto delante.

Durante unos días anduvo por el patio dando vueltas, era ponerme a preparar la fruta y ella que se aparecía, no sé si es de  esas que pierden el rumbo o en su recorrido anda por las cercanías.

Cada día encuentro más abejas que parecen desnorteadas o muertas, con eso que con los pesticidas se les está haciendo tanto daño o con los teléfonos, tantas ondas sueltas por todos lados que las atontan, como a todos o sencillamente éste es su rumbo y el mango su locura .

Me gustaba sentirla cuando se acercaba, daba una vuelta primero alrededor de mi cabeza, como mostrándose que había llegado.

Así estuvo varios días viniendo a comerlo, ya la esperaba y ella a que le cortara la parte que le correspondía.

A veces me parecía que me miraba mientras lo comía, como que con los ojos nos reconocíamos.

 

 

Un día desapareció.

La verdad que la extrañé ya se había vuelto mi compañía, eso suele suceder con muchos bichitos que están por una temporada y de repente ¡BLIM! se esfuman.

Uno aprende a no esperarlos, a no apegarse, a disfrutar cuando están y darles toda la atención, pues en cualquier momento ya se fue,

Eso sí, suele suceder que cuando se va por el camino de la Vida algún ser vivo con quien compartirla se cruzará por él, esos encuentros inesperados que aunque sea por un instante la llenan de color.

 

MÉXICO

 

 

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12 comentarios en “ENCUENTRO INESPERADO

  1. Se fue, pero seguro que te lleva en su recuerdo y a cambio te dejó el aroma de sus feromonas para avisar a sus hermanas con un mensaje: Acá habita una buena persona.
    Tienen un a memoria colectiva impresionante. Un abrazo.

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  2. Me encanta tu forma de relacionarte con los animalitos.
    Yo vivo en departamento y a veces aparece alguna abeja exhausta en el balcón. Entonces, en un papelito, le ponemos miel para que recuperen energía y puedan seguir su rumbo.

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    1. Es que son deliciosos me encantan, era muy chistoso verla prendida a él y sin alejarse durante ratos larguísimos, prácticamente hasta que le extraía todo su jugo. Suele haber muchos bichitos adictos a diferentes elementos, que pierden toda noción de peligro. Un abrazo Eva

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