pájaro

HISTORIA DE ANIMALITOS: EL TENOR


 

Un deleite para el oído

 

En el retiro uno se acostumbra a contemplar todo aquello que atraviesa el campo sensorial, pues una vez que algo lo traspasa, ahí se encuentra con la vida verdadera, es en donde ella comienza, donde el silencio habita, donde se detiene al tiempo, los acontecimientos suceden, donde solo se descubre, donde los juicios de valor vienen sobrando y donde uno simplemente: ES.

En el retiro el tiempo viaja de otra manera y uno se encuentra en un mundo sin inquietudes, donde el afuera y el adentro logran sincronizarse y funcionar como si fueran uno.

Esa es la única tarea para el retiro, llegar a ese espacio, donde la unión al Espíritu deja al alma en calma.

 

Me gusta sentarme en los escalones que dan al patio, generalmente después que el sol los abandonó y la brisa hace bailar a dos pinos alargados que se divisan a lo lejos. Se mueven y se balancean creando una danza de gran flexibilidad  donde sus puntas se contornean con movimientos gráciles, en un ritmo que absorbe,  lleva a un viaje interno y de esa manera, a que se haga CLICK y se conecte con esa fuente extraordinaria dadora de alimento celestial y donde el mundo simplemente acontece.

Sentir la brisa acariciando la piel cuando el calor está agotador es todo un remanso, uno se deja llevar y respira profundo para que el oxígeno entre en los pulmones y así ejercitarlos.

Concentrarse en la respiración algo a lo que no se le presta atención, a la cual tenemos bien descuidada, sin embargo todo nos envía a enfocarnos en las vías respiratorias.  Hay que aprender a respirar consciente, pues ello nos ayuda a la meditación, a controlar las emociones, a relajarnos, a fortalecer todos los sistemas y sobre todo al inmune, que tanto necesitamos bien en estos momentos.

Respirar es la acción que más práctica tenemos que darle en esta época en donde los virus están a la puerta.

 

Sentada en esa mini grada, acompasando la respiración, observo todo aquello que rodea.

Muchos pájaros  son los que se cruzan por los alrededores, van y vienen, las golondrinas suelen jugar en las corrientes que se forman y hacen muchas piruetas, pues tienen una destreza para dejarse llevar y lo hacen en grupo, formando unas coreografías que dejan al alma embelesada.

Ellas juegan con esa magia que le regala la Vida, mientras suben y suben en un remolino donde cada vez se acercan nuevos integrantes a ese carrousel sostenido por el aire.

También hay un gato gris con su collar, que pasa recorriendo el borde del techo, más allá que no lo he podido fotografiar, pocas veces lo he visto y apenas me detecta sale corriendo.

Él se esconde detrás del tinaco en el techo de ahí me observa y yo lo observo a él, mientras estoy dentro de la casa y veo sus movimientos, a veces nos cruzamos con la mirada, otras lo hago de soslayo para que no se vaya, para que cruce sin problemas y siga su camino. Tal vez el día que nos acostumbremos a vernos podamos entablar otro tipo de relación, pero ésta es otra historia, no era la que les iba a contar.

 

Un día estaba ahí sentada, en los escalones, cuando de repente se apareció, venía buscando agua pues se acercó a la manguera que la lleva al tinaco, ya que siempre goteaba, sin embargo ahora la repararon y dejó de ser la fuente que calmaba la sed de muchos de ellos.

Una gota caía pues recién se había llenado y él con mucha calma la esperaba, como si tuviera todo el tiempo del mundo y no hubiera otra cosa más importante que poderla lograr,  en el desierto con sed una gota hace la diferencia y se vuelve un regalo para seguir el camino.

 

 

Después de un ratito donde varias gotitas cayeron, se subió a una de la varillas de hierro que sobresalen en el techo y empezó a cantar, con un encanto, con una personalidad que me impactó, como si agradeciera esa dádiva que le habían dado.

Fueron muy breves los momentos en que lo hizo para luego seguir su vuelo saber a dónde.

Ya había sentido ese canto en otros de su familia, sin embargo de la forma que él lo hizo era otra cosa y lo sabía, parecía consciente de su alcance.

Todos los días lo esperaba, intuía que en algún momento iba a regresar y podría disfrutar más de su hermoso trinar que era hechizante.

Así sucedió.  Estaba escribiendo cuando de repente escuché su trino, inconfundible, me levanté rápido, tomé mi cámara de fotos y me fui a los escalones ahí me ubiqué en la platea a escuchar a ese mini tenor que parado en el fierro, ejecutaba los más notables sonidos que salían de esa tráquea que se movía con una rapidez que asombraba  con la cual modulaba y armonizaba cada una de las resonancias.

Su canturreo si bien guardaba el lineamiento de los de su especie era como si él le agregara “fragmentos de su propia creación”, adornos que no se les siente a los otros y él sabe que su entonación es única, eso lo enorgullece, hay que verlo parado muy derechito, pequeñito, pequeñito como un gorrioncillo con su cabeza en una parte roja.

Tiene una vivacidad muy peculiar, que lo distingue de los demás, es notable, sin lugar a dudas, y le encanta educar su voz, no se limita solo a reproducir sino que hay otra cosa escondida en esos sonidos que ejecuta con una claridad, una nitidez que es todo un embeleso para quien lo escucha.

 

 

Así prosiguió con su concierto, como un gran tenor, que miraba para un lado, miraba para el otro, como queriendo abarcar al Cielo con sus modulaciones, estiraba su cabeza, revoloteaba su son, lo alargaba, lo contraía, como un gran maestro.

No se le veía un pájaro grande, por el contrario parecía joven, entusiasta, inocente, como aquel que estaba descubriendo una capacidad y la estaba desarrollando. Grande en cuanto a su edad cronológica, el espíritu quién sabe cuántos años tendría.

Su canto era alegre, nutría al alma de una música natural, le infundía todo lo sublime que desde él nacía.

Así cantó durante un tiempo, hasta que otro pájaro paso volando a su lado,  él levantó el vuelo y se fue tras, dejándome con un delicioso sabor en mi corazón,  una gran sonrisa, agradeciéndole el recital y pidiéndole que cuando pudiera regresara y me volviera a transportar a esa gran inmensidad, donde solo se ES.

 

MÉXICO

 

HISTORIA DE ANIMALITOS:  LOS CRI-CRÍ

 

 

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4 comentarios en “HISTORIA DE ANIMALITOS: EL TENOR

  1. En este tiempo extraño para las aves, incluso la lluvia contribuye a que el silencio se afiance en el patio, los árboles emiten cantos ocultos, mirlos, ruiseñores, el insistente pitido de los petirrojos y el gorjeo de los carboneros, Todos imitando a los humanos ponen buen cuidado en permanecer a cubierto.
    Es una bonita historia, gracias por compartirla.
    Un abrazo.

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    1. Gracias, Carlos. Si, son tiempos muy extraños, más allá que aquí en donde estoy nadie hace cuarentena, los niños juegan en la calle, la vida no ha cambiado, más allá de estar en la fase 3, eso sí las vibras de la atmósfera se sienten muy agudizadas. Te mando un abrazo grande

      Le gusta a 1 persona

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