DÍA DE MUERTOS velando

FIESTA DE MUERTOS: VELANDO A LOS MUERTOS CHIQUITOS (7)

 

31 de octubre

El tiempo se perdió, es sólo un devenir de sucesos, no importa que día es, pues estos siete días son para los que vienen del otro lado, se vive para ellos, se les ofrenda todo aquello que puede ser un gusto, ambos lados se unen, pues la puerta se abre por este tiempo y es permitido convivir.

Son los ancestros que regresan con su sabiduría para iluminar a los vivos, es una acción recíproca porque también nosotros los cuidamos a ellos, prendiéndoles velas para que no se pierdan en este mundo, que puedan seguir su camino sin que nada los aferre, para que cada día sean más libres a través de la purificación, de la limpieza de su alma, en esa labor en la cual están inmersos.

La razón de ser es esa unión con los ancestros, saber de dónde se viene y no olvidarlo, cuando más para atrás se pueda ir, más de regreso al origen se llega, más cerca de la esencia con que se está conformado uno se encuentra.

 

Hay muertos grandes que son los adultos y hay muertos chiquitos, estos últimos son los niños,  que precedieron el camino a toda su familia. Cada uno tiene su lugar en la velación, primero son los más pequeñitos, pues también llegan antes y emprenden la marcha con un día de diferencia.

A las doce del día del 27 de octubre, se empezaron a escuchar los cohetones que resonaban por todas partes, el pueblo le daba la bienvenida a los angelitos, que habían llegado luego de la «Ceremonia de las 13 Velas»,  anduvieron dando vueltas por el pueblo hasta hoy que es la velación en el panteón por 24 horas y luego de eso, ellos se irán y dejarán el paso a los grandes quienes serán velados también un día entero.

 

Allá me fui a acompañar a un vecino que me había invitado a velar, pues en estas fechas las familias se separan pues hay diferentes panteones y en un mismo cementerio diferentes tumbas, por lo tanto no siempre pueden estar todos juntos.

Nos fuimos temprano, aún no había muchas personas, pues a medida que transcurre el día y llega la noche se llena y es muy dificultoso caminar por él, más allá casi todas las tumbas estaban limpias, adornadas y ya tenían sus flores.

La velación es un trabajo familiar, entre todos los integrantes se reparten las diferentes tareas que hay que realizar, los turnos para que si es posible siempre haya alguien cuidando, acompañando,  de esa forma se cumple con todos y nada es desatendido.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Llegar a él es encontrarse con mucha gente conocida, que junto a sus tumbas prenden las ceras y esperan hasta que éstas se consuman, atentos en el cuidado, con una gran devoción que se desprende de sus corazones.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Pues lo fundamental es mantener encendida esa luz, que con su llama ilumina, trae paz, indica el camino y le recuerda que no fue olvidado . Algunos regalan alguna oración o se quedan ensimismados en sus recuerdos, en la recapitulación de la vida con ese ser.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Saltando de tumba en tumba, esquivando a todos los que allí estaban, nos fuimos acercando al lugar que nos correspondía, donde era poco el espacio para poder uno acomodarse, pues hay que tener cuidado de no quemarse con todas las velas prendidas.

Allí se prendieron las velas alrededor de la pequeñísima tumba donde uno de sus hijitos estaba.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Estuve un rato sentada en una de ella,  se acercaban los de alrededor y algunas palabras se intercambiaban, más allá el ambiente era muy calmo, muy en paz, eran los angelitos los que estaban dando vueltas, los que con mucha suavidad deambulaban.

Lo que nunca puede faltar en un evento, sea en donde sea, en las peregrinaciones, en las calendas, en la Iglesia, bautizos, bodas, quince años: los perros que andan atrás de sus dueños, que no quieren dejarlos solos y los acompañan.

Andaban unos, queriendo cruzar para el otro lado, más allá se le dificultaba por la cantidad de velas prendidas que había o las personas que les impedían el paso, con mucha paciencia y dando vueltas para un lado y para otro, al fin lo lograron y siguieron su camino.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

En uno de los sitios cercanos uno de los niños jugaba con sus manos y hacía caras, en el lugar en donde su hermanito yacía, era un juego que aparentaba compartir con ese ser que no había conocido y que se le adelantó. Era hermoso verlo en su inocencia, en esa quietud muy respetuosa de su juego, se pueden pasar todas las horas que lleva la velación sin reclamar nada,  jugando con otros o solos en apariencia, con total calma.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Las miradas que se pierden a lo lejos, pues estar ahí velando, con todas esas luces de las velas que llaman, que van introduciendo a la conciencia en la meditación, en una recapitulación, que sirve para ir sanando dentro lo que la marcha de ese ser querido dejó en el alma.

Poco a poco con el tiempo se va dulcificando el recuerdo, se purifica del dolor que en un principio arrasó hasta las entrañas y como un tierno cascabeleo es lo que queda de todo ello.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Año con año hay que ir a acompañarlos, para que no se hunda en el olvido, también hay que ver si alguna tumba está sin velas y se ve abandonada, hay que prenderle una, pues no se sabe que sucedió con su familia y hay que cuidar esos detalles para que no sufra por el descuido de los mortales que viéndola no hacen nada.

Saludando a unos y a otros, aceptando algún dulce que regalan, pues como son los pequeños, se comparten caramelos, deteniéndome a platicar un rato, sobre la costumbre, a que me contaran la historia de quien estaban velando, a hablar de diferentes temas, las horas fueron pasando, la nochecita se acercaba y ya indicaba que había que partir, hasta el otro día, donde volvería para velar a los grandes.

 

 

Llegando a la casa, me detengo a mirar el altar que había fotografiado, que ya estaba colmado de platillos, frutas, que se fueron colocando a lo largo de los días, a medida que se preparaban los alimentos.

 

DÍA DE MUERTOS velando

 

Me invitan a saborear unos deliciosos tamales de tezmole, una salsa especial del lugar y un pollo preparado que sabe a gloria, acompañado de un café que hizo que el frío desapareciera  y uno se regocijara en el momento.

Y con un caminar lento, muy sumida en mis pensamientos, en esa meditación en que lo deja a uno el estar tantas horas en ese cuidado de las velas,  donde un pueblo desierto, sumido en un silencio sepulcral, prácticamente solo mis pasos se escuchaban,  fui caminando a la casa, mientras mis muertitos chiquitos, mis angelitos me acompañaban.

 

OAXACA

MÉXICO

 

 

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4 comentarios en “FIESTA DE MUERTOS: VELANDO A LOS MUERTOS CHIQUITOS (7)

    1. Sí Eva, sin embargo la vida marca otros derroteros, son almas que en un momento pasan muy rápidamente por este plano pues en cierta forma no necesitan mucho tiempo para su «aprendizaje».
      El dolor se instala en quienes quedan y sienten el vacío que dejan.
      Queda el consuelo del reencuentro o que se elevaron a un lugar mucho menos complejo que en el que vivimos…….. un abrazo grande

      Le gusta a 1 persona

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