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FIESTA DE MUERTOS:  HUEHUENTONEANDO (6)

 

RECORRIENDO LAS CALLES

 

Es Semana de Muertos, en la Sierra Mazateca, Oaxaca en México y los huehuentones ya andan libres por las calles, ya que se cumplieron todos los pasos de la solicitud del permiso, se abrió el «Ombligo del Mundo» para que las ánimas pudieran atravesar, ya había sido la Misa, la unión estaba permitida y bendecida, vivos y muertos podían festejar juntos.

Los huehuentones son los que salen del «Ombligo de la Tierra o del Mundo», para llevar a las ánimas a las diferentes casas que los quieran recibir y compartir la danza, la música, el canto con ellos.

Pues son la conexión, se transforman en el punto exacto de unión entre la Vida y la Muerte, de ahí nacen. Los mazatecos son seres que manejan la dualidad en su cosmogonía.

Es un momento lleno de una espiritualidad que asombra, tal vez para mí que no había andado tan de cerca por estos caminos.

En una parte muestran a la muerte como lo que es, un continuo, ellos son ese lazo que une los dos extremos, de las únicas seguridades que tenemos como seres humano en esta Vida, la de haber nacido y la que se va a morir.

Las ánimas vienen del inframundo donde están perdiendo todo lo terrenal que pudieron haber acumulado, por eso lo más importante en la vida es no aferrarse a nada, no extraviarse por el camino de los sentidos, recapitular nuestras acciones, ir limpiando nuestra alma en esta Tierra, cubrir todos los pendientes, para que el pasaje sea más ligero, sin peso lo que no significa dejarse vencer por ella, por el contrario, dar la lucha necesaria pues la Muerte se lo merece, el no llevarte a la primera.

 

A la nochecita, después que el sol hace su declive, los huehuentones se juntan, en algún punto de los barrios para salir a recorrer las casas que quieran aceptarlos, para llevar la alegría de las ánimas que libres vinieron a visitar este lado, dejar sus mensajes y compartir parte de la ofrenda.

Las ánimas también se purifican con la ayuda de los vivos a través del prenderles velas. Las velas son fundamentales para que se limpie mejor, igual que las oraciones.

Esa noche me uniría a un grupo y me iría a «huehuentonear», como le llamo, a esa andanza que ellos hacen. Haría el recorrido con ellos, para vivir de cerca lo que era andar y no solo acercarse cuando estuvieran cantando en alguna casa.

Estaba contenta, con la emoción de vivir esta costumbre desde adentro. Era un grupo pequeño, muy familiar, donde varios niños lo componían, pues hay algunos de ellos que llevan a cientos de integrantes.

 

En la tarde el cielo había dado un espectáculo que me había fascinado, me pasé mucho rato pegada a mi ventana, mirando cómo se iba transformando frente a mis ojos, cuando el atardecer iba cayendo y se presentaba con una magia celestial, donde un tsunami de algodón parecía que se hacía cargo del Cielo.

 

NUBES EN LA MONATAÑA

 

Tapaba la montaña de enfrente como miles de veces antes, más allá cada vez es diferente como si las posibilidades expresivas no tuvieran límites, y pudieran ir transformándose en bajorrelieves efímeros, que se deshacían en un soplido.

 

NUBES EN LA MONATAÑA

 

El atardecer fue envolviendo al entorno, era momento de prepararse para salir.

Se sentía el frío, la temperatura había bajado y la niebla tenue que por momentos invadía traía consigo esas agujitas congeladas.

Antes de salir me asomé a la ventana y ahí me encontré con la vista de este mundo irreal, de este mundo de fantasía, de este mundo en donde todo vibra, muchas lucecitas relucían a pesar de la nube que quería cubrirlas y que desdibujaba las casas, un escenario  muy adecuado para esta noche, para salir a acompañar a los «Artistas de la Muerte», a acercar a las ánimas a sus hogares y dejar sus mensajes.

 

NUBES EN LA MONATAÑA

 

A las siete de la tarde nos juntamos, ya se habían empezado a reunir, vestidos con su ropa de manta, sus ponchos, sus sombreros de pico alto, sus máscaras o sus caras pintadas.

Todos felices, entre bromas, risas por cualquier motivo, entre niños, jóvenes, mujeres, adultos, el grupo se va conformando y se prepara para que apenas el violín suene y con ello de la orden de emprender la marcha.

 

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El violín que es quien dirige, el tambor, la jarana y otros instrumentos de percusión, forman la orquesta.

Detrás de la orquesta salió el grupo, para ser recibido en la primera casa, donde los vecinos se fueron acercando, todos fueron parte de esa magia que se apodera, del gozo del reencuentro.

 

DÍA DE MUERTOS huehuentoneando_18

 

En cada casa que se llega se les ofrece  algo de comer o de beber, se comparte lo que se tenga, después de bailar y cantar.

 

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La música se vuelve hipnótica, si te metes dentro de ella, el paso balanceado de los pies de un lado para otro, muchos de ellos con las manos en los bolsillos, con el cuerpo recogido, la sacudida del cuerpo, uniendo todo el ser al ritmo, lamentablemente no entiendo la lengua y eso me impide saber de qué hablan las canciones, hasta la madrugada seguirán danzando, hasta que gane el rendimiento, el cansancio, serán siete días en donde por todo el pueblo andarán los diferentes grupos, dándole, color, con cohetones avisarán de su llegada y con ellos las ánimas que los acompañan.

Recorriendo callejones y calles que casi en penumbra marcan el rumbo hacia donde dirigirse, con el ¡Pam, Pam, Pam!, del tambor que deja caer el sonido,  llegamos a un gran patio, donde los dueños de casa esperaban. En un instante se soltó la música.

Desde el techo y los alrededores los vecinos miraban, festejaban juntos con todos, ese momento tan enigmático.

 

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Los niños felices se meten entre la bola de esas figuras fantasmagóricas y se vuelven parte del instante, todo en ellos vibra, se les vuelve mágica la noche y el sentir de su pueblo.

 

 

El paso balanceado que ejercen es como si se estuviera siendo el puente entre ambos mundos, de uno a otro se pasa, con ello se van fundiendo en un continuo.

Se recoge la ofrenda para el grupo y se sigue el camino rumbo a otra casa, a vivir otro momento, a mostrar la alegría en esa penumbra de la noche de niebla, por donde como aparecidos caminamos sin destino cierto, en espera que se abran puertas y que acepten que las ánimas vinieron a visitarlos y están contentas.

 

 

Se sigue camino hasta que de una casa los llaman, hay que ir hasta ahí. En la puerta se espera para que los dueños se acerquen, la abran y con ello se despliegue los sonidos del momento.

Ahí mismo en la calle, se comienza a bailar……

 

 

Se prosigue la marcha, los cohetones se lanzan a los aires y con ello marcan que ahí están cerca los humanos investidos con las ánimas de los que precedieron.

Una experiencia mágica, que hace que uno se sumerja en otra frecuencia, no solo tomar fotos, sino en un instante dejarse llevar por la cadencia que en esa repetición incesante del balanceo hace que uno se meta dentro de esa atmósfera fantástica y se vuelva parte de ello.

Así hasta que el cansancio vence, el frío reclama algo caliente y ya es hora de retirarse hasta el otro día donde todo vuelve a comenzar.

 

OAXACA

MÉXICO

 

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