DÍA DE MUERTOS CHIAPAS_

DÍA DE MUERTOS, MÉXICO

Cuando los difuntitos se acercan

En la mayor parte de los Estados en México, la celebración de este día es prácticamente una de las fechas más importantes en el año, donde gran parte de la población se vuelca a ella, pues el reconocimiento de que vienen de visita está muy arraigado y se prepara todo el ambiente para recibirlos.

Las familias tratan de reunirse para estos momentos, por más lejos que se esté si se puede llegar se llega, hay veces que hacen viajes muy largos, de muchas horas, simplemente para permanecer un día en el lugar, en la velación de los muertos grandes, del 1 al 2 de noviembre, para partir apenas acaba la velada, en la tarde-noche ya que al otro día tienen que trabajar.

También cuando se está fuera en otro país no se deja pasar la fecha, es como si todos los mexicanos se hermanaran en este aspecto y es una de las tradiciones más enraizadas en casi todos los corazones.

Los difuntitos se esperan, con gran alegría, con gran alharaca, es un gran festejo.

Lo mismo sucede con los extranjeros que ya llevan mucho tiempo viviendo en el país, difícil es que no pongan ofrenda en su casa, más allá que solo sea una veladora, con su vaso de agua, flores y la adornen de alguna manera, que no coman pan de muerto y que ese día sientan a sus seres queridos que se fueron primero muy cerca de ellos.

 

Se acercaba Muertos en la comunidad, era la primera vez que lo iba a pasar con ellos, pues no me había tocado estar en ella en esas fechas, comenzaban los preparativos, estaban en sus reuniones para ponerse de acuerdo, cosa que se hacía cada vez que iba a haber un acontecimientos importante.

Primero se reunían las autoridades y luego si era necesario lo hacían todos, ahí veían quienes iban a limpiar el lugar donde se celebraría, si se iba a comer algo qué sería  y todo lo que se haría.

Esta vez me sorprendió que prácticamente fue resuelto en un instante, más allá no veía movimiento en las casas para hacer el altar, en donde si lo empiezan tarde lo hacen mínimo unos, dos o tres días antes, aquí no veía a las mujeres platicando de que era lo iban a cocinar, buscando los elementos para elaborarlos, ni limpiando el espacio donde se colocaría para que los difuntos que ese día les era permitido visitar a su gente llegaran, a esa ” Comida de las almas”.

Ya había percibido que le tenían mucho miedo a todo lo que tuviera que ver con los muertos.

Los niños le llamaban al cementerio “el comesantos”, queriendo decir camposanto, para ellos era todo un misterio lo que sucedía allí y el terror se agudizaba cuando en su mente era el lugar donde los santos eran devorados.

Lo que es más contaban historias de ánimas, que andaban sueltas y que asustaban a los pobladores, ni siquiera se acercaban alrededor de donde se encontraba, había senderos que pasaban cercanos al lugar sin embargo casi ningún “cristiano” los utilizaba, preferían dar la vuelta más larga.

Se sorprendían mucho que uno fuera por allí, pues siendo mujer todavía estaba más difícil y eso era ser muy arriesgada. Cosa que no era muy bien vista en el pueblo y que era motivo de crear historia con ello, ya que era una conducta muy inusual para todos ellos.

Había una gran aprensión alrededor del cementerio, difícilmente se iba a él o se hacía limpieza, quitar la maleza y abrir los caminos para llegar, si no había habido muerto.

No estaba en sus costumbres, lo mismo que visitar a los que se habían adelantado, no los querían cerca de la casa tampoco, por eso como me dijo una vez uno de ellos, “no hay que ir a molestarlos” y un niño me agregó “pueden venir a buscarnos”.

Cuando alguien moría entonces ahí sí como tenían que ir a enterrarlo, iba un grupo y en un rato nada más dejaban el lugar limpio para que pudieran llevar los restos y darles digna sepultura.

No se hacían ofrendas en las casas como en la mayor parte de México, para recibir a las ánimas y compartir con ellas esos momentos tan esperados, nada que pudiera significar que se fueran a acercar al pueblo, cuanto más lejos mejor.

Nada que tuviera que ver con estar en él en la obscuridad, tener que compartir con ellos en las penumbras, a la luz de las velas.

La ceremonia era muy sencilla y a plena luz del día, no como en la mayor parte de los pueblos de México en donde se les vela toda la noche y el día durante más de 48 horas, donde desde días antes se prepara todo lo que va a llevar la ofrenda que se les ofrece para que lleguen a la casa.

Aquí no se preparaba nada, salvo el día antes o muy temprano en la misma jornada, se iba y se limpiaba el espacio en el “comesantos”.

 

Uno de los niños llega a la casa y pide los colores para poder hacer un dibujo para adornar la cruz en el cementerio para su abuelito que era su ídolo, contaba muchas historias de él, sobre cuando combatió en la guerra, sobre las cosas que sabía como tejer sombreros y sobre todo enaltecía lo valiente que era.

La pintura se había empezado a expandir dentro de la comunidad y muchos de ellos habían comenzado a utilizarla para diferente fines, como fue el pintar los aguales.

Toma una hoja y los plumones y con mucha dedicación se pone a elaborar su obra, para luego decirnos que si lo acompañábamos hasta el cementerio pues le daba mucho miedo ir solo, tenía que  limpiar y adornar el lugar que le correspondía a sus muertos.

Mientras recogía flores de cempasúchil que crecían en grandes matorrales libres en la entrada de la casa, la de flor sencilla, más allá que guardaba ese color tan característico de ella, platicaba del miedo que le daba tener que ir, pues era la primera vez que le habían pedido que hiciera ese trabajo.

 

DÍA DE MUERTOS CHIAPAS_

 

Ninguno de sus primos o amigos lo quiso acompañar pues les provocaba mucho miedo y temían que algún muerto los agarrara y los hiciera desaparecer como había algunas historias que recorrían el lugar.

Por más que se le pedía que si así  había sido, a quién le ocurrió, no podían contestar, solo decían esto lo contaban los abuelitos.

Nunca pude entender por qué en ese lugar el miedo era tan grande y que iba en contra de lo que se honra en el país, era la primera vez que me encontraba frente a una respuesta de este tipo, no pude saber cómo había nacido, qué los había llevado a tener esa conducta tan diferente a todo lo que se daba alrededor, siendo que en la concepción original de ellos la muerte era otra forma de vida.

Allá nos fuimos bajando la cuesta, platicando de todo lo concerniente a la muerte, a los altares que se hacían en otros lugares, a la velación durante toda la noche, a las diferentes concepciones que se tenían en México.

Él iba muy sorprendido, no podía entender que consiguieran estar en la noche en el lugar, se le hacía terrorífico.

Llegamos al cementerio, un espacio muy poco cuidado, donde no se encontraban grandes construcciones, en algunos lugares solo una cruz plantada en la tierra o piedras simplemente señalando.

 

DÍA DE MUERTOS CHIAPAS_

 

Todavía no habían ido muchas personas a ornamentar el lugar, algunas ya realizadas, mostraban una sencillez extrema, habiendo tomado elementos de los alrededores, flores, hojas, ramas.

 

 

Los pétalos de la flor del cempasúchil y las naranjas cortadas, era toda la comida ofrendada, si era un niño se le ponía galletas o algún dulce.

 

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Se veían realizadas a la ligera, como si algo los corriera, pues la mayor parte de ellos sabían hacer trabajos con las flores y las hojas increíblemente hermosos, sin embargo aquí no lo mostraban.

El temor podía más, se trataba de cumplir nada más y salir corriendo.

-Aquí es-dice- donde está el abuelito, en esta casita

Se baja y pone el dibujo dentro del pequeño lugar, va y corta unas ramas para formar el arco y en uno de sus lados toma unas flores de cempasuchil que llevaba del arrepollado y las coloca.

 

DÍA DE MUERTOS CHIAPAS_

 

Terminado se acerca a otro espacio solo marcado por una piedras y comienza a extender los pétalos de las flores que había recogido, era la tumba de otro de sus familiares.

 

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Diferente sería cuando subieran todos juntos a pasar unos momentos, se sentirían más protegidos, comerían naranjas pues era todo lo que se comía, harían un rezo acompañado por música de alabanzas y luego todo se había acabado.

Me sorprendía también que llevaran naranjas pues no había en el pueblo, no era una fruta que se encontrara muy cerca de donde vivían, claro que de comunidades distantes en donde si había llegaban a venderles o trocar por algo.

Al otro día cuando fuimos a compartir la naranja, no tomé fotografías pues no fuera a ser que los difuntitos se molestaran y no les gustara, así que ahí permanecimos por un período muy corto de tiempo, prácticamente parados pues eran pocos los que se sentaron y los que lo hicieron era más bien gente joven o ya grandes.

Extraño, muy extraño esta forma de celebrar el día, en donde más se tardó en llegar que en salir a todo vapor del lugar.

 

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55 comentarios en “DÍA DE MUERTOS, MÉXICO

  1. Tendemos a considerar que la generalidad debe ser uniformidad de costumbres y por eso resulta sorprendente esta celebración tan diferente. Debe tener profundas raíces para perdurar en el tiempo, es muy interesante. Un abrazo.

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    1. Tienes razón, fue una gran sorpresa para mí, descubrir esa diferencia, pues no la había imaginado, es lo que sucede cuando uno está encasillado. De dónde había nacido quién sabe, eso sí me produjo mucha curiosidad. Un abrazo

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  2. La ofrenda del niño me da mucha ternura.
    Tienen miedo a la muerte y procuran estar lejos de ella lo más posible. Imagino que es raro en un país donde se le hace tanto culto a los muertos.
    Difuntitos, qué palabra tan graciosa y bonita para designar a los que han muerto.
    Me gustan mucho tus historias, ¡son tan sencillas y humanas!
    Abrazo, Themis.

    Le gusta a 2 personas

    1. Sí, fue algo que a mí también me sorprendió pues es difícil encontrar algo así en México pues es un gran festejo en todo el país, claro que ellos en esos momentos estaban bien alejados de lo que sucedía en otras partes, vivían muy aislados.
      No sabes cuánto me alegra que te gusten las historias.
      Que tengas un hermoso fin de semana, un abrazo grande

      Le gusta a 1 persona

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