Cielo con nubes

LA OFRENDA: CUANDO LA MALDAD ANDA SUELTA (1)

 

El día había despertado muy agitado,

se sentía el movimiento de un lado para otro, algo sucedía y era grave por toda la gente que subía a la montaña desde la carretera para ver qué era lo que había acontecido, pues les había llegado la información de que el Chopol, la Maldad,  andaba suelta dentro de la comunidad y que había afectado a algunos símbolos religiosos que se encontraban dentro de la casa del guía espiritual.

Todos estaban espantados, las mujeres lloraban, tenían miedo y se agarraban unas a otras, andaban en grupos esperando noticias, eso sí no dejaban de ir y venir, querían saber que sucedía y por otro lado nadie quería quedarse solo.

 

MUJERES INDÍGENAS

 

Los hombres estaban en reuniones, sobre todo los principales con el tuhunel y las autoridades, para ver si podían entender qué era lo que acaecía y por qué estaban pasando esas cosas tan extraordinarias.

Todo había comenzado un día cuando la hamaca que colgaba fuera de la casa del tuhunel amaneció toda cortada, los hilos colgando y estaba arruinada.

La mayor parte de los días la esposa se sentaba en ella, mientras desde allí dirigía la casa, a sus nueras y sus nietos, para que realizaran las labores que ella les encomendaba.

Era una de esas suegras exigentes como lo eran la gran mayoría, más allá había otras que eran más permisivas y más democrática en el reparto de las funciones o las mujeres que habitaban la casa tenían una buena relación y entre todas colaboraban, sin embargo era muy común que cuando llegaba ayuda nueva pues algunos de los hijos traía mujer, la última en llegar era a la que se encargaba de las tareas más pesadas, a quien más se recurría y más atención se le ponía para que aprendiera como debía realizar lo encomendado.

Ya todos los hijos que vivían en la casa habían traído mujer, así que había varias para encargarse de llevar adelante el quehacer diario, más allá que la última era de la “Nueva Era”, de esas que la escuela no había permitido que aprendiera muy bien las labores del hogar ya que casi todo el día se pasaba en ella y eso era un problema para todas, las cuales no estaban muy de acuerdo.

La mujer sin lugar a dudas era la que más martirizaba a las mismas mujeres.

Eran las que se encargaban de vigilar que las otras estuvieran siempre haciendo algo, pues se podía decir que no estaba permitido el sentarse, prácticamente en todo el día. Se levantaban al amanecer y hasta la puesta de sol tenían que tener una actividad que desarrollar, pues si no eran tildadas de “haraganas” por las otras. Ya mayor se le dispensaba y podía tener un poco de reposo durante el día, al igual que si estaba enferma.

Al principio se pensó que había podido ser algún niño o vecino enojado sin embargo más allá de pensar y pensar, no había nadie que hubiera podido hacer eso simplemente por un enojo y un niño estaría durmiendo a la hora en que se realizó.

La vida siguió, sin dilucidar lo acontecido y habiendo perdido tan preciado objeto que era un lugar de descanso para los mayores, para ella y su esposo.

La casa no había quedado tranquila, flotaba en el ambiente un halo de desconfianza, terreno fértil para que el mal se presentara.

De ahí en más no dejaron de suceder cosas, de repente se sentía un fuerte ruido y cuando llegaban algo se encontraba tirado en el suelo, sin ninguna explicación y sin encontrarse nadie cerca.

Sonidos extraños se escuchaban de diferentes partes y hacían que todos huyeran afuera de la casa, donde se sentían más protegidos.

Poquito a poco y con las historias diarias que surgían de lo que había sucedido, más lo agregado al acontecimiento mientras iba pasando de boca en boca y cada quien ponía de la cosecha de su imaginación y volcaba en lo que trasmitía su creencia, el ambiente de histeria, el miedo andaba suelto y aterraba a la mayor parte del poblado.

La noche llegó, una luna llena naranja comenzó a recorrer el cielo, más de uno la miraban pues no era de muy buenos augurios, no era una luna mansa, sino su luz no era clara, un lado obscuro desplegaba y en su retirada estaba creando gran confusión a los humanos.

 

luna llena

 

Casi al amanecer, se empezaron a sentir gritos muy angustiantes y se vio llegar a la casa a una vecina mayor, como desesperada, sus cabellos desarreglados, al igual que su ropa.

-El Chopol, el Chopol, llegó a la casa, estuvo en ella anoche,  ¡ayuda!, ¡ayuda!.

Salieron y la hicieron que se sentara, se le sentía muy mal, aterrada, con unos grandes ojos miraba todo, el corazón le latía sin parar y ella lloraba y lloraba sin poder explicar qué era lo que había sucedido. Mientras una serie de niños que la acompañaban con sus ojos muy abiertos, con cara de dormidos todavía, se quedaron paraditos sin decir nada.

Cuando ya lograron tranquilizarla y que pudiera decir algunas palabras, comenzó a explicar que su hijo se había ido a la ciudad a trabajar y que en la casa solo estaban las mujeres y los niños y que en la noche la burra con su hijo que estaba muy bien amarrada amaneció suelta y lejos del lugar, que ella no quería que se quedara en la casa pues mujeres con niños no podían con esas cosas.

La pregunta era:

-¿Quién había desatado a la burra?, solo el Chopol pudo haberlo hecho y ella no quería nada cercano que lo atrajera para que hiciera sus maldades, por eso pedía si le daban refugio al animalito hasta que llegara su hijo.

 

burra con su cría

 

El pánico se había hecho cargo, contaban que en muchas casas trataban de dormir todos juntos en la misma habitación por el miedo a pasar la noche alejados.

Sin embargo el día que el horror se desató fue cuando la cruz amaneció dada vuelta y desapareció la imagen de la Virgen y la nuera más joven comenzó a tener comportamientos extraños. El Chopol estaba tomando su “chulel”, alma y eso era muy grave, pues no se podía permitir, ahora sí la urgencia se había desatado.

Eso ya demostraba que la cosa era seria y para aumentar más elementos la mayor parte de la ropa que había quedado en un tendedero estaba cortada.

Las cosas estaban revueltas no había acuerdo en el manejo de la situación, seguían pensando y buscando una solución, en lo que no tenían dudas era:

-Que el Chopol andaba entre ellos.

La diferencia de postura se encontraba en que la mayor parte creía que era algo sobrenatural, sin embargo había otros que no lo veían tan así sino como la maldad que se había apoderado de alguien tal vez, que por otra parte contaba con la astucia para llevar adelante las acciones de una forma que nadie sospechara, sin embargo estos eran los menos.  Más allá, de cualquier forma la malicia se había apoderado de él, lo había vuelto su instrumento, por lo tanto ahí estaba.

Ahora, que la Maldad estaba suelta, eso nadie lo dudaba, había que apaciguarla, sacarla de entre todos y que volviera la calma a los corazones.

La resolución fue que abandonaran la casa mientras se lograba desterrar a esa fuerza maligna, ameritaba  hacer una gran ofrenda y que toda la comunidad colaborara para poder llevarla a cabo.

Había que cuidar todos los detalles, para ver si se podía sosegar al Chopol que andaba haciendo de las suyas y aterrorizando a toda la comunidad.

 

CONTINUARÁ……

MÉXICO

Sureste de mexicano

 

LA OFRENDA: CUANDO DEL CIELO CAEN RAYOS Y CENTELLAS

 

 

 

 

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6 comentarios en “LA OFRENDA: CUANDO LA MALDAD ANDA SUELTA (1)

  1. A lo mejor fue alguna de las otras nueras, celosa con la nueva.
    Me ha gustado esta historia y su misterio. El mal vive entre nosotros, igual que el bien, solo que el mal es más ruidoso y se nota más su presencia.
    Las fotos son preciosas.
    Un abrazo grande, Themis

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