la riada

EL  FESTEJO: CUANDO EL CAMINO SE CORTA (2)

 

 Subiendo la cuesta

habíamos ido a ver si nos encontrábamos con los Prismas Ígneos, los cuales no se nos habían aparecido, quién sabe por qué, tal vez no era el momento para conocerlos.

De regreso desde las alturas vimos que el cauce del río seco que habíamos cruzado para llegar estaba inundado, una corriente que era la que ejecutaba un sonido como de un fluir constante se escuchaba, sin embargo cuando llegamos al sitio en el cual nos había dejado el taxi, ya el murmullo se había vuelto rugido.

 

zapotitlán salinas desde la alturas
EL AGUA ENTRANDO POR EL CAUCE DEL RÍO QUE UNOS MOMENTOS ANTES ESTABA SECO. A LO LEJOS EL PUEBLO DE ZAPOTITLÁN. FOTO: DIEGO

 

Cuando nos acercamos a él y lo vimos, me paralizó la magnitud del fenómeno, era la riada como le llaman, de un instante a otro se interponía un torrente en el camino, la Vida lo mandaba, tal vez hasta como un presente, un regalo de cumpleaños.

-¿Acaso no pedían una corriente de agua?- resonaba en mi cabeza y sí, era algo que se había hablado y deseado, como para que limpiara.

Maravilloso por un lado y aterrador por otro.

No daba crédito de lo que mis ojos veían, esa fuerza de la Naturaleza que corría delante de ellos, recordé la imagen que había sentido la primera vez que llegue al CAUCE DEL RÍO SECO, hubo una parte que creo que me quería trasmitir la violencia que podía llegar a tener cuando necesitaba enseñar algo, tal vez como:

-No te sientes en el medio de una vertiente seca, no depende de mí el crecer cuando el caudal llega o por lo menos presta más atención, no es terreno para andar como idiota.

Eso sí, me lo mostró llevándome a un sentir muy primitivo, tocando emociones que desataban un tsunami dentro mío cuando era pequeña.

Había sido muy benevolente conmigo, me lo enseñó por las buenas, simplemente me cerraba el seguir avanzando, me detenía, quién sabe por cuánto tiempo, la noche estaba ahí muy cerca, la temperatura comenzaba a descender, estaba muy cansada, era indudable tenía que cambiar la cabeza, pues como la tenía no estaba ubicada en la situación a la qué la Vida me sometía.

Eso sí teníamos comida, agua, no había llevado abrigo, solo un chal muy finito que lo uso más que nada como protección al sol.

-Y, ¿si enfría?, pues estás en un desierto, en la noche las temperatura bajan, ¿ni en cuenta verdad?,  no sabes que es lo que puede pasar en el camino, como esto, se te puede atravesar un río. Ni imaginarlo podrías, ni se te había cruzado por la cabeza, sin embargo creías que tus planes se iban a llevar a cabo tal cual lo habías dispuesto. ¿Aún no has aprendido que no depende de tí?. Igual que la riada, se aparece de repente, así como así.

Encomiéndate a la Fuerza y a ver qué sucede, cambia la actitud pues no es la más deseable, con ella agregarás más obstáculos al momento y por otro lado es lo que te tocó vivir en esto que elegiste.

Ahí nos quedamos un rato mirando lo impresionante de la situación, en un desborde de emociones y sensaciones, estaba la corriente con una fuerza que en algunos lugares formaba como crestas, ahora el problema era como atravesarla si es que por algún lugar se podía, por otro lado habíamos visto unos pozos bastante hondos cuando el taxi pasó a su lado, no estaba muy claro por dónde exactamente quedaban pues la homogeneidad del río mostraba todo igual, aunque había una idea.

 

la riada
LA RIADA. FOTO; DIEGO

 

Comenzamos a bordear por el camino que seguía el río subiendo el cerro, pues por su orilla era imposible, entre la inundación y las grandes paredes, queríamos ver si en algún lugar había un espacio por el cual poderlo cruzar.

 

camino

 

Iba de muy mal talante, como que toda yo se hacía la “remilgosa”, la que no quería aceptar que esto era terapia de la Vida y bueno enseña de esa manera, te hace superar los problemas en la práctica misma, todo tu ser se entrega a la Tarea, no solo una parte, no el intelecto o el afecto o…o…aquí tenías que estar tú completa.

A lo lejos se veían relámpagos, no vaticinaba nada bueno, pues había aprendido que para que un río aparezca en un cauce seco, no es que llueva en el lugar se puede presentar en cualquier momento, basta con que llueva en abundancia a kilómetros, que se nutra de todos los pequeños riachuelos para que se vuelva esa masa marrón obscura, con una fuerza que brama y de más de veinte metros de ancho.

Una vez había visto nacer al riachuelo de al lado de mi ranchito, recuerdo el sonido como una detonación que se venía expandiendo y la escena que pasó frente a mis ojos, un micro que ahora me lo mostraban un poco más macro pues todavía hay posibilidad de una bravura mucho más grande de esa que tenía enfrente.

Por el camino de repente nos encontramos con una casa a medio construir, pero por lo menos una parte tenía techo, lo que anunciaba que podía ser un albergue por si llegaba la noche y no podíamos cruzar y había que esperar quien sabe hasta cuándo, realmente no conocía mucho del asunto.

 

camino

 

Unos cactus todos formaditos que estaban al costado de la casa, llamaron mi atención, pues había demasiados todos juntos, como si estuvieran creando una colonia cuando en cierta forma crecen más separados por lo menos eso creo, eran de diferentes tamaños, aunque chaparros parecían una patrulla de niños-viejos que estaba checando y me quedé mirándolos, se comenzaron a volver mágicos, esplendorosos seres vivientes que se comunican de otra manera y que no te hacen sentir solo.

 

cactus columnares

 

Mi mente se fue tranquilizando, parecía que ya iba a empezar a aceptar en dónde estaba metida. Había refugio para la lluvia, que otra cosa se podía pedir, donde prender fuego y traíamos encendedor, teníamos comida, agua.

Había que agradecer, en esa frecuencia me instalé, poco a poco dentro mío algo se apaciguaba.

Seguimos andando, rumbo al Jardín Botánico para ver si tal vez por aquel lugar podíamos conseguir alguna forma de cruzar, eran kilómetros los que había que hacer.

De repente una cruz de esas que se encuentran por diferentes partes entre los cactus, en los árboles, en las construcciones que quedaron desde el día que se festejó a la Santa Cruz, se apareció a un costado del camino, linda, muy linda, una oración, unos momentos en la contemplación, unas fotos y retomar los pasos, ese punto de color trasmitía una fuerza custodio y hacía relucir todo el alrededor.

 

cruz ehtre cactus

 

Nos fuimos metiendo por otro ramal del cauce, quien sabe este de qué zona se nutría y llegamos a una salina, la salina de la que hablaba en otra entrada sobre el CAUCE DEL RÍO SECO, cuando tuve aquel encuentro con el perro, con los mosquitos que estaban feroces, salvo que ahora estaba ubicada del otro lado.

 

cauce río seco

 

Otro presente que la Vida me hacía quería conocer una salina, ahí estaba, tal vez no de la forma en que me lo había imaginado, era total y absolutamente surrealista, un flujo de agua que nació de la nada y cortaba el camino de regreso, me llevaba a conocerla.

Bajamos al río para comprobar que era imposible también cruzarlo por ahí, aún era más ancho, más allá que guardaba una pequeña isla en el centro donde se podría hacer una parada.

Diego intentó ver que tan fuerte estaba el fluir y que tan profundo, para darse cuenta que  arrastraba y que a medida que se caminaba estaba más hondo.

Nos subimos de nuevo a la salina, los mosquitos estaban como locos teniendo carne fresca para aprovecharse, picaban sin ningún miramiento, sin embargo había aprendido a no rascarme y no entrar en la desesperación, otra enseñanza que me había dado el cauce el día del perro.

Me quedé un rato mirando las piletas, no había sal en ninguna de ellas solo el agua que se estaba evaporando y reflejaba el cielo en su superficie. Un paisaje ocre antiguo, de millones de años, unido a la construcción que el hombre hizo, donde uno y otro se fundieron, logrando la homogeneidad del espacio, donde no se estorbaban, se mimetizaban.

 

cauce río seco

 

Atrás las cuevas donde se guarda la sal después de extraerse daban al entorno un aire de otro mundo, indudablemente era otra dimensión la del acontecimiento que se estaba viviendo, como si no perteneciera a la cotidianidad de este tiempo, a la de todos los días, era haber atravesado a otro plano.

Algo extraño se estaba cocinando, estar libremente encerrada en esa gran inmensidad donde ni un alma humana asomaba por el entorno, salvo nosotros, donde no había a donde ir, solo quedaba el regocijarse con el momento que la Vida había mandado. Era muy especial sin lugar a dudas, era como si te permitiera vivirla desde sus impulsos más indómitos, sin embargo en la serenidad, no era importante el acontecimiento, la valía estaba en la actitud que se asumía.

 

salina en zapotitlán
SALINA EN ZAPOTITLÁN SALINAS. FOTO: DIEGO

 

¡Qué loca estaba esta realidad!.

¿Sería de esta forma como se iban a presentar los setenta?, cargaditos de sorpresas, de momentos súbitos, de decisiones instantáneas que eran como mandadas de otro lado, del volverse osado, de que cada paso se viva como el último que se va a dar en esta existencia, aventuras que te pueden costar la vida dijeran algunos conocidos, también una enfermedad me la puede costar o que se caiga un avión en la cabeza o cualquier otra cosa.

No sé, en lo personal le apuesto a esta forma, como le aposté durante la mayor parte de mi estar en lo terrenal, a vivir con lo que se me tuviera reservado, con la intensidad en que se presenta, eso sí, sabiendo que hay un guía y que la Providencia es quien me ampara. No es una forma que aconsejo, se vive a los brincos si no se tiene una certeza total y se está dispuesto a vivir cualquier cosa que ella nos asigne, hasta las más insólitas, jamás pensadas, ni imaginadas, muchas veces sin saber para qué, más allá que luego vienen las respuestas, en algunos casos en el momento y en otros después de siglos, cuando uno menos se la espera, eso sí, cuando llega abre un espacio enorme, libera.

¡Qué se le va a hacer!, así es la Vida, cuando se vive desde ella.

 

CONTINUARÁ……….

ZAPOTITLÁN SALINAS

MÉXICO

 

FOTO PORTADA: DIEGO

 

 

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