estatua dalí ciudad de méxico

RINCONES URBANOS: ENTRE DALÍ Y EL SISMO

 

EL ATRIO DE SAN FRANCISCO, CIUDAD DE MÉXICO

EL DÍA QUE TEMBLÓ

 

Había llegado a la Ciudad de México unos meses después de que hubiera un terremoto que sometió a casi toda la población al terror pues fue muy fuerte y su duración larga, para lo que venían acostumbrados.

Muchos edificios terminaron dañados, hubo muertos y sobre todo fue el mismo día que se cumplían 32 años del sismo más impactante de la historia del país, el de 1985.

 

hotel regis, el financiero terremoto mexico 1985
Hotel Regis, El Financiero

 

Todos andaban por las calles y dentro de las casas con miedo que volviera a suceder una experiencia como la que habían vivido, donde todo se movía, las cosas caían, y seguía y seguía, parecía que no iba a parar nunca.

A más de uno le ganó la desesperación y quedaron con el pánico instalado en sus vidas.

Con quien se hablara hacía referencia al hecho, había sido como un parte agua en la ciudad, como un antes y un después de ese movimiento recordatorio de aquel grande que había sucedido hacía un tiempo.

El aire que se respiraba indicaba que mejor era andar por lo bajo, evitar subirse a edificios altos si no era necesario, tener la mochila lista por si acaso, muchos con quienes hablaba hacían referencia al otro que estaban esperando, que iba a hacer colapsar a la ciudad, la angustia se notaba en sus caras cuando hacían mención de ello, dependía de su miedo la forma en que se lo imaginaban.

 

FOTO ARCHIVO HERMANOS MAYO/AGN

 

No quedaba de otra que encomendarse a los dioses y al único también, cerrar la mayor cantidad de pendientes que se tuvieran y bueno algo así como el atenerse a las consecuencias y aceptar la que se venga, en esas situaciones no queda de otra, pues el sentir del mundo vuelve loco hasta al más centrado,  es de una intensidad que invade.

Estás de paso y no sabes cuándo te toca, eso es en cualquier momento y de cualquier cosa, por eso hay que tenerlo presente, como quien dijera viviendo consciente, ya que  se empiezan a valorar los actos, los afectos  y toda la vida de otra manera.

Vivimos creyendo que tenemos mañana, eso es un gran engaño y por ello hacemos trisas el hoy, lo dejamos de vivir por ver cómo se va a resolver el día que sigue.

Pues con eso de que todos estaban enfocados en que iba a volver a temblar era como que había algo que lo estaba llamando y si, podía suceder en cualquier momento, no me cabía la menor duda, por lo tanto prepararse para que “te agarre confesado” y moverse con mucha atención.

En lo personal había vivido el de 1985, donde gran parte del alrededor que era la zona donde vivía había colapsado, donde se caminaba entre escombros, el ruido de las sirenas, era por momentos insoportable, escaseaba el agua, no había luz, solo quedaba volcarse a ayudar en las diferentes tareas que se necesitaban, pues estar en las zonas no afectadas era peor, pues el comportamiento de algunos lugares, dejaba mucho que desear.

Las compras de pánico en los supermercados, agotaron el agua que había para la venta, igual que todos los alimentos no perecederos y en muchos lados hablaban como si los que estaban en las zonas caídas fueran como “apestados”, que los pudieran contagiar.

Más allá la mayor parte de la población se solidarizó y dio todo lo que pudo de sí, para sacar adelante la situación.

 

diariopopular.com.ar

 

La solidaridad del pueblo mexicano fue algo digno de destacarse y que no hay que desconocer, más allá siempre hay una parte en cualquier población que tiene otra visión de la vida y actúa de formas muy distintas o el miedo los acobarda y los encierra en solo pensar en sí mismos.

Estar en la zona afectada daba otra perspectiva de humanidad.

 

Siempre cuando estoy en cualquier ciudad estoy a la caza de acontecimiento que me puedan llamar la atención para ir a ver de qué se trata, pues generalmente por donde ando hay otro tipo de sucesos bien diferentes a los de las ciudades y hay veces que no hay nada, las exposiciones se puede decir que no existen.

Esta vez había encontrado una muestra de esculturas de Dalí que se exhibían en el Atrio de San Francisco, cosa que me vino muy bien, pues si es en lugar abierto me siento mejor en ello, pues cerrado no me late mucho, menos si hay mucha gente y prefiero no meterme, salvo que sea algo de mucho interés.

Así que para aquellos rumbos salí, hacía el Centro Histórico, donde me encaminé a comer primero.

Ahí iba viendo los diferentes personajes que esa zona nos puede mostrar, que en cierta forma viajar a través de ellos puede volverse un momento alucinante,  como la entrada a un ensueño.

De repente me encontré con este ser, muy atento mirando un espectáculo de saltos en cuerdas, tan compenetrado estaba que ni siquiera se dio cuenta que me acerqué a fotografiarlo.

 

perro con chaleco

 

Me iba parando entre uno y otros, viendo lo que sucedía en esos instantes.

La estatua viviente donde unía el “ARTE Y CULTURA” o

 

estatua viviente

 

los revolucionarios,  vistiendo al personaje para tomar la foto, un mundo de fantasía dentro de otra fantasía más grande aún.

 

revolucionarios mexico

 

Seguí mi camino a un lugarcito que me gusta mucho, que queda frente al zócalo, más allá que me hizo dudar el hecho de que estaba ubicado en un segundo piso, sin embargo la vista es muy hermosa, tienen una comida corrida muy disfrutable y económica.

La comida corrida consta de cuatro tiempos, una sopa aguada como se le llama, ya sea consomé, sopa de pastas o alguna crema, segundo plato arroz, espagueti o ensalada, y luego el plato principal donde puede ser muy variado desde platillos tradicionales mexicanos, como enchiladas, mole, chicharrón en salsa verde, pescado a la veracruzana, a las clásicas milanesas de pollo o carne o pechugas asadas.

Las cuales se acompañan con las tortillas, la salcita la que no puede faltar, es la que le da ese sabor tan especial, aunque a veces nos haga caer las lágrimas de lo fuertemente picosa que puede llegar a ser y el estómago con el tiempo empieza a padecer sus malestares, con moderación no hay problemas, el agua de frutas y para finalizar un postrecillo que suele ser gelatina o un flan o alguna fruta con crema.

Desde la altura divisaba el movimiento del que se estaba dando en el zócalo del Centro Histórico, es muy hermoso estar en él, sobre todo cuando se llega a una hora donde no hay mucha gente esperando turno, más allá que muchas veces la mesa se comparte.

 

ciudad de mexico zocalo

 

Como estaba sola en una de ellas junto a la ventana y estaba bastante solicitado el espacio, me pidieron permiso para compartirla con dos señoras, las cuales me pusieron al corriente de todo lo que había sucedido en el último temblor y la secuela que había dejado en sus ánimos y el terror que sentían de salir, tanto así que ellas las cuales eran amigas de años, venían seguido a comer a este lugar sin embargo después del sismo,  estar en el Centro y en un segundo piso, les daba pavor.

– Lo sé, me puede agarrar adentro de mi casa y también se puede caer o algún edificio del alrededor, no puedo hacer nada, creyendo que me estoy cuidando- decía como convenciéndose a si misma una de ellas.

Así que se estaban reencontrando con el restaurant y superando un miedo.

Estuvimos platicando un buen rato mientras saboreábamos la comida, dándonos cuenta  que una vez tomada una decisión ni modo había que esperar las consecuencias de la misma, y que por otro lado en ningún lugar se estaba a salvo, pues más allá prevenir todo es un poco imposible en esta vida que nos tocó vivir, hay momentos que hay que arriesgar, por ahora el rato que se estaba pasando estaba muy en calma y muy disfrutable.

Después de haber comido rico, de complacerse con el lugar, la comida, la compañía, seguí mi camino rumbo al Atrio de San Francisco donde estaban esas esculturas que me esperaban para mostrarme de cerca lo creado por Salvador Dalí y conocer ese espacio al cual nunca había entrado.

 

CONTINUARÁ……….

CIUDAD DE MÉXICO

 

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6 comentarios en “RINCONES URBANOS: ENTRE DALÍ Y EL SISMO

    1. Para continuar con el comentario de Carlos, brota el “tigre” que alimentamos más. Si alimentamos al tigre bueno, van abrotar nuestros buenos sentimientos, la empatía, la solidaridad. Si alimentamos al tigre malo, va a aflorar el egoísmo, la codicia, el individualismo.

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