contaminación ciudad de méxico

RUMBO A LA CIUDAD DE MÉXICO (2)

Y la ciudad, ¿dónde está?.

Escondida, escondida detrás del manto gris.

 

EL DESEMBARCO

Al llegar a la ciudad un aroma fétido invadía la atmósfera, junto a un aire gomoso como si fuera sólido que se respiraba, la altura que siempre hay que adaptarse a ella cuando no se está acostumbrado, la multitud de autos que iban para un lado y para otro, era como si el manicomio se hubiera multiplicado y ahora sí rodeaba todo mi espacio corporal como apresándolo, pues si bien podía sustraerme de los sonidos y la locura y mirar como si por primera vez viera ese movimiento vertiginoso, no podía hacer nada con el aire.

Caí en un estado que no daba crédito, como si me hubiera “desvielado”, mi motor como que ya no quería arrancar, el mínimo esfuerzo era lo que me permitía, la contaminación estaba en un extremo como nunca antes, por lo menos así la percibía.

A eso se sumaba el calor agobiante, con un resplandor del sol que era como si quemara los ojos, fuerte, muy fuerte, sus rayos como láseres que perforaban las retinas.

Cuando hablaba con los que ahí residen, me miraban con cara de cuál era la diferencia, no pasaba nada, no sentían nada inusual y se sonreían cuando les decía lo que yo sentía.

-Está como todos los días, vienes de aire limpio, por eso-me decían.

Había algo más, con sabor, olor y que se materializaba.

Solo pensaba lo insensibles que ya estaban, lo acostumbrados al aire contaminado, a las toxinas, a vivir en un ambiente gris que los rodeaba, eso sí, se sonreían, y lo único que pedían la mayoría era que no se les ocurriera quitarles el auto.

Sufrían por si se fuera a declarar contingencia ambiental, pues ahí sí, que las cosas se volvían un caos para sus vidas.

-Contingencia de nuevo no- me dicen- ¿qué hago con mis hijos?, se complica todo.

 


NOTIMEX/FOTO/CARLOS PEREDA MUCIÑO/CPM/HUM/

 

Alguien me comentó, cuando estábamos hablando de la solución de dejar el auto, que se estaban volviendo como las cucarachas, que se inmunizaban con las fumigaciones, mientras resistían y seguirían luchando por él, por no dejarlo, por permanecer a su lado, era una parte esencial en su vida.

No importaba como me decían, los embotellamientos a los cuales a veces se sometían, al tener que estar buscando caminos para tardar menos tiempo parados o la búsqueda de espacio para estacionar o…., o….,o…., lo que quieran pero el auto

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Nooooooooooooooo!!!!!!!!!!!!!.

 

autos embotellados

 

Me maravilló la respuesta cuando la oí pues no podía dar crédito, ya la máquina se había apropiado tanto de ellos que era la prolongación de su esquema corporal, como si fuera un útero de metal que los cobijaba y que les tenía tomado el cerebro, ya era su dueño, ya tenían un chip incrustado, fácil activarlo para otras circunstancias cuando se quisiera.

Ponían una demencia en la defensa como si uno se los quisiera quitar, como si se pudiera ser una amenaza externa confabulada con quien sabe qué que se cernía sobre ellos.

Eso sí, nadie hablaba del daño a la Vida que estaban haciendo con ese estilo de “seudovida”, el daño a sí mismos o tal vez como me dijo alguien, “ya somos mutantes”. No lo discuto.

Quizás sería buena pregunta, si uno fuera curioso, preguntarse hacía dónde mutaron.

Me miraban como pájaro de mal agüero, pues a pesar de la negación en que se afirmaban había una duda de que les podía estar trayendo una noticia que no querían oír y motivándolos con mi asombrosa ignorancia sobre contaminación, a que sintieran algo que todos se negaban a ver: la realidad.

Los que en cierta forma como que medio entendían se daban todas las explicaciones por las cuales no podían hacer otra cosa que lo que hacían, más allá que para qué exponer razones cuando era quien las generaba la que no funcionaba: LA RAZÓN misma.

Alguien que estaba realmente problematizada con la posibilidad de que el “Hoy no circula”, se hiciera extensivo a otros días me decía:

-Claro ahora está el Uber para cuando no puedes usar tu auto, es en parte una solución, sin embargo encarece, pero no queda de otra yo no voy a andar en transporte público- ahora a trabajar un poco más para pagar o ajustarse el cinturón.

Se han cambiado unos carros por otros, el sistema sigue siendo el mismo y no se le ve ganas de volverse otra cosa por el contrario, se les siente un cierto orgullo de ser como son, de resistir al aire, de poder seguir sin que los perturbe y de saber que si lo quisieran solucionar lo solucionarían.

Más allá que se les siente ese pensamiento del adicto, el que sostiene que cuando quiera dejar el alcohol o la droga o el cigarro o lo que sea, lo hace sin ningún problema, que el domina la situación.

Está bueno nadie se los discute, si así quieren vivir que así vivan, cada quien elige hacia dónde ir, en lo personal no estaba cuestionando, solo me refería a cómo me afectaba.

 

contaminación ciudad de méxico

 

El calor, la contaminación, las partículas que se absorbían en el aire, el ruido, si ese que ya me traía a maltraer desde que había dejado la montaña, tanto que en la ciudad se encuentran mantas en algunas delegaciones para concientizar para descenderlo.

Lo absurdo de todo ese día o por si dudaba que el sonido ya había entrado al estrépito, fue que salí a comer a una pequeña fondita ya era casi la hora del cierre, me senté en una de las mesas, me acercaron el menú y sin pensarlo subieron el volumen del clip de video que en la pantalla se estaba proyectando.

No daba crédito, no podía ser, indudablemente me estaban inmunizando, no había nadie más, tuve que pedir por favor que lo bajaran o lo apagaran me daba lo mismo y me preguntan como si fuera un bicho raro si me molesta, a lo cual contesto afirmativamente, con cierta sorpresa me comentan, que a la mayoría de las personas prefieren comer con la televisión prendida y a ese volumen, más si están solas.

No lo dudo estar consigo mismo pesa, no somos buenas compañías, por el contrario tratamos de alejarnos, cruzar la acera no vaya a ser que me encuentre con ese “pesado” y lo tenga que soportar.

No tengo ese problema por ahora, andar solo es un aprendizaje que cuando se ejercita  da unos beneficios increíbles uno de ellos es: el silencio. Habría que fomentarlo desde la niñez y el aprender a estar con uno mismo.

Comí bien rico y me fui y me tiré en la cama con un cafecito oaxaqueño orgánico, de altura, que había traído, tenía una fragancia que abrazaba, era mi aromaterapia y el deleite para el paladar de gran gourmet natural, sin lugar a dudas.

Caí como fundida no sabía bien si respirar o no, o cómo hacerlo sin sentir esa sensación extraña de estar tragándome esa podredumbre.

Me quedé tirada pues no daba para mucho, lo mismo al otro día, solo moverse para procurarse comida, estirar un poco  las piernas, un buen regaderazo pues el cuerpo estaba como viscoso con lo que se le había adherido, había que adaptarse a respirar, no hacer grandes esfuerzos, tomarse su tiempo, así lo requería el momento, dentro del diagnóstico que nos mostraba nuestro vehículo en este mundo.

 

CONTINUARÁ….

MÉXICO

 

RUMBO A LA CIUDAD DE MÉXICO (1)

Imágenes tomadas de internet

Se agradece a sus dueños

 

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10 comentarios en “RUMBO A LA CIUDAD DE MÉXICO (2)

  1. Qué horror. Has descrito un descenso a los infiernos. Ya sabía, por un amigo mexicano, que esa es la situación ambiental en la capital azteca, pero leer esta crónica escrita en primera persona ha sido estremecedor. Todo me parece demencial: la contaminación, los atascos, los ruidos, la actitud de la gente…Saludos cordiales.

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  2. Parece el infierno en la Tierra. Sigo sin entender cómo tantos prefieren su comodidad personal a vivir en un entorno limpio y sano.
    Aquí en Madrid no sé si hemos llegado a tanto pero sí tenemos muchos días parecidos. Hicieron algo para arreglarlo, como prohibir la circulación de coches por el centro, pero el nuevo gobierno lo quiere eliminar. Qué absurdo es todo.
    Y lo mismo en cuanto al silencio, tienes razón en que deberían enseñar en los colegios a convivir con él.
    Un abrazo y escapa en cuanto puedas!!

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    1. Así es, salí huyendo pues era imposible estar, todo se había juntado, incendios en los Estados de alrededor, las cenizas del volcán Popocatepelt, el calos agobiante, los gases, quien sabe cuantas cosas, sin embargo creo que es algo que va en crecimiento, se han hecho muchas cosas, no se puede controlar. Un abrazo

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  3. Estoy totalmente de acuerdo contigo, la gente tiene miedo de estar sola, de estar en silencio, de estar consigo misma. Entonces necesitan la tele a todo volumen y el celular en la mano.
    Yo vivo en Santiago de Chile y el nivel de contaminación es grande, pero nadie se baja del auto…
    Es la enajenación total; creo que sí, que ya somos sombies.

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    1. Hola Ruth, sí eso sentí, como no estoy acostumbrada a ellos, me resulta extraño, pues ya lo había vislumbrado hace un tiempo, sin embargo cada día es más notoria esa situación, la soledad está muy brava, cuando se sufre de ella.
      Otra que volverse zombie es el camino que marcan las tendencias. Un abrazo grande, gracias

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  4. Muchas gracias Themis, en algo tienen razón, apenas pueden hacer nada para afrontar la contaminación pues tienen que habitar en una urbe que parece el paradigma del colapso y padece el síndrome de una existencia adaptada a la movilidad. A largo plazo sólo queda el remedio de salir huyendo. Un abrazo.

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    1. Si es que pueden pues hay muchos que parecen adictos a la ciudad y a su forma de vida en ella, fue algo muy extraño lo que sentí, no puedo definirlo aún, otra cosa que sentí es que más que a la movilidad pues están horas a veces en embotellamientos es a la comodidad y una extraña seguridad. A ver si un día lo tengo más claro…… Un abrazo

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