IMAGENES DEL DESIERTO_9

EL ÁRBOL ROJO (1)

 

En el desierto subiendo un cerro

 

Iba rumbo a la ciudad y nos habíamos quedado en el desierto, el cual nos recibió con lluvia, algo increíble, pues agua caída de los Cielos hacía un buen tiempo que no se veía, la sequía estaba arrasando paso a paso.

El calor era insoportable, no corría ni un soplo de aire, ni siquiera en el bosque uno se refrescaba, estaba mejor indudable, sin embargo la pesadez, el hartazgo, el fastidio, se hacía cargo del ánimo.

El “mundo” estaba más loco que de costumbre, alborotado y no de forma positiva, todo lo contrario, una chispa nada más encendía lo seco y el crepitar no se hacía esperar.

A la mañana aún temprano, cuando la temperatura lo permitía salimos a dar una vuelta.

Tomamos la dirección de un camino que nos habían recomendado y estaba cerquita del lugar en donde nos hospedábamos.

Agarramos el sendero, estaba despejado, la subida parecía que no tenía muchos contratiempos ya que se hacía más simple que en otros caminos que habíamos realizado.

Nos habíamos distanciado del lugar de hospedaje, a lo lejos se veía la Iglesia que está frente a él, muy pequeñita.

 

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Iba observando lo que se me aparecía en la visión, cuando a lo lejos en la hoja de un nopal estaba impreso como un pato.

Allá voy a curiosear, a quedarme un ratito admirando la expresión de la Naturaleza.

 

HOJA DE NOPAL CON DIBUJO

 

En eso estaba cuando de repente siento como si me miraran, levanto la vista y me lo encuentro. Cosa rara es eso, ahí cómo asomándose.

 

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De repente lo mismo del otro lado. Miro y me lo encuentro. Cosas raras indudables.

 

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No dije nada pues solo lo vi con cierto asombro, como quien no quiere la cosa y bueno, aproveché a tomarle una foto, claro pidiendo el debido permiso y agradeciendo la atención que me habían brindado.

Eso sí, los cactus con la lluvia se habían bañado y se habían quitado toda la tierra, se veían hermosos como si estuvieran de estreno.

Seguimos caminando adelante se veía uno de los cerros, aún íbamos por camino casi plano, era poco pronunciada la pendiente.

 

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Un sotolín o pata de elefante, naciendo entre dos rocas, cualquier espacio es bueno para desarrollarse si se tiene la determinación, la energía y el conocimiento para ello, tardara más, le costara sin embargo el empeño en cristalizarse y volverse un hecho en él lo demuestra. Estaba rodeado de piedras, ahí iba tomando una buena dimensión, tenía todo el tiempo del mundo, no era algo que lo angustiara.

 

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Es un cactus que tiene toda una historia puede llegar a vivir 1500 años, es muy longevo, otro día les cuento sobre ellos.

A medida que avanzábamos veíamos un árbol rojo, con una extraña estructura, queríamos llegar a él, hacer una parada, para luego seguir a la cima pues desde abajo se veía cerca y sin muchos contratiempos.

Era como si nos llamara, se destacaba de todo el alrededor, era muy notoria su estampa.

Una presencia que impactaba y ese color que lo caracterizaba en un lugar donde las tonalidades son más que nada homogéneas llamaba, su sola presencia era magnética, invitaba no era cualquier cosa indudablemente guardaba conocimiento en él.

 

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Queríamos llegar a la cima, en un momento el camino se cortó, solo había una brecha .

Por la brecha entonces, no quedaba de otra, claro que ahí el problema son todas las espinas y matorrales que se aparecen, por un lado por otro, hay que ir atentos, super atentos y así mismo surgen inconvenientes.

Era un sendero muy estrecho.

Seguimos subiendo y llegamos hasta abajo del árbol rojo, yo me senté en una piedra que allí había pues en la subida en un descuido me había clavado una espina muy dura y larga en la rodilla y el dolor se dejaba sentir.

Me quedé sin seguir ascendiendo la cuesta, por otra parte el sol ya había comenzado a calentar y estaba agobiante, ya se acercaba el mediodía y eso hacía que se sintiera muy fuerte el calor.

Me quedé en la inmensidad, lejos del mundanal ruido, por un buen rato sin nadie alrededor, sola en una paz que invadía mi alma, en una entrega que valió el momento vivido, la espina clavada, el calor, no había otra cosa que cactus, el árbol rojo me mostraba sus ramas retorcidas, no podía regalarme sombra pues el tampoco la tenía, sus hojas inexistentes, su copa era el azul límpido del cielo.

 

CONTINUARÁ……

 

ZAPOTITLÁN SALINAS

MÉXICO

 

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

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12 comentarios en “EL ÁRBOL ROJO (1)

  1. Me ha encantado este viaje. Y todo lo que nos cuentas Themis. La naturaleza es especial y esos cactus me han gustado mucho.
    Y el árbol rojo.
    Seguimos por aquí.
    Muchas Gracias por estas historias preciosas.
    Un gusto leerte.

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    1. Sin lugar a dudas, son extraños, enseñan sobre la adaptación, más allá que muchos muestran que en esos lugares donde todo es yermo se retuercen como forma de irse ellos mismos dando sombra, de la cual carecen. Un abrazo grande

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