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EL CAUCE DEL RIO SECO

 

ENCUENTRO CON  “MI MISMA”

Recorriendo el cauce del río que mostraba un paisaje y una vegetación que embelesaba la mirada, donde altas paredes se hacían cargo de mostrar lo que en otro tiempo fueron las márgenes de la cuenca alta de uno de los ríos más caudalosos de México, el Papaloapan.

Entre el subir y bajar por las paredes y sus hondonadas, llegamos a un lugar en donde como un pasadizo se presentaba delante nuestro, alambrado de ambas partes, comenzamos a recorrerlo y llegamos a una ramificación del cauce del río, una extensión inmensa se abrió frente a los ojos, las piedras blancas marcaban su lecho, con dificultad se caminaba sobre ellas, pues sobresalían del suelo en diferentes alturas.

Llegamos a unas piedras planas y me senté en ellas, ahí me quedé sola, contemplando el alrededor, mirando ese ramal sin límites que yacía delante de mi vista.

Ahí estaba en un desierto de piedras, sentada en una de ellas, en el cauce de un río seco con hilos de agua en algunas partes, de un lado estaba verde y marcado con alambrada un límite de algo impuesto por la persona, esa máscara del ser humano que tiene que cuadricular todo, cercarlo, encerrarlo, la que todo quiere controlar, domesticar, envasar, etiquetar

 

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……..del otro una gran pared natural, junto al vacío, a la nada, la holgura infinita, la fusión con el Universo, el desprenderse, el soltar, el volverse parte de la Vida

 

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……..las personas no viven,  ignoran sus orígenes, no se sienten Naturaleza, se creen que son otra cosa, he ahí el gran problema, tienen siempre que demostrarse algo frente a los otros o frente a su ego, la posición es importante en esta sociedad en que vivimos y cada día es más imperioso “ser alguien”, como si no se fuera por el solo hecho de existir,  por eso cada día nos volvemos más” locos” persiguiendo metas para ser reconocidos, es difícil ser en esta humanidad, si es que así se le puede llamar, pues muchas veces depende de la etiqueta que se nos asigna, si no es la que se pretende, la frustración se hace cargo de nuestras vidas o nos creemos lo máximo por llevar la adecuada de acuerdo al grupo en que nos movemos o a las redes sociales y menospreciamos a todos aquellos que no la tienen, competimos por ellas.

Si no se tiene etiqueta, he ahí el gran problema, pues no saben qué hacer con quién no la lleva, se desconoce en donde clasificarlo entonces o lo someten de alguna forma o lo excluyen, es él el “problemático” y con el cual hay que tener cuidado, más ahora que se han exacerbado los miedos frente a todo lo que es diferente.

 

Hay que dejar de ser eso que dicen que se debe ser, elevarse, a donde la etiqueta no tiene categoría, no existe y uno en cierta forma está protegido.

 

Da lo que sabes, ofrenda, puedes volverte un caminante del sendero, no esperes nada, sabe, el final es el principio y exactamente donde ambos se funden ahí se encuentra el espacio en donde recogerte y expandirte.

 

Ahí estaba, clavada mirando la resequedad de la tierra en la que estaban mis pies apoyados, me quede ensimismada, y el cauce me empezó a llevar, ahí levanté los ojos y vi como el sol bajaba, ya casi se escondía detrás de una de las montañas.

 

TIERRA RESECA

 

De un instante para otro, me estremecí, se desató la ansiedad, algo me descolocó, hizo que me parara de un salto, que empezara a mirar para todos lados, algo dentro mío entró de súbito en un recelo irracional.

No había razón para tal respuesta, en apariencia.

El cauce del río me sacó volando, me reflejó como espejo algo de mi interior que me retiene, que guarda raíces muy profundas por donde cabalgan los miedos, cada vez perdiendo más fuerza, sin embargo ahí están, esas sensaciones que desde tiempos muy tempranos viajan conmigo, que no puedo desconocerlas, ni creer que ya desaparecieron, pues cuando pienso que se esfumaron,  cuando uno ya se olvidó de ellas, regresan.  He de saber qué es, para desprenderme.

 

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Lograr que esa aprehensión se desvanezca y no parar hasta que ya no exista, pues será el instante de la confianza plena, no hay nada que temer, pues ya se está en ese paso donde todo ha sido integrado y de otra forma se vuelve a esa entrega a la Vida como la que le ofrenda el niño, antes de su socialización.

Para que de esta manera la contemplación no se vea perturbada y se logre fundirse con el infinito.

Fue un miedo que se racionalizó con que el sol ya estaba bajando y cuando eso sucede me siento limitada porque en la noche no veo bien, indudablemente la visión se me ha deteriorado, tampoco hago nada para restablecerla o por lo menos no seguir perdiéndola, sin embargo no hace mucho caminaba la noche obscura.

He de volver a ese punto o por lo menos detenerlo para que no se incremente, siempre hay posibilidades para superar el obstáculo cuando la voluntad está presente y se está dispuesto a los esfuerzos que ameriten.

-Me da miedo la obscuridad- dice mi emoción- todavía no lo he perdido me sigue desde la niñez, me aterraba, solo sonámbula la paseaba  y las fuerzas que se presentaban no me turbaban, por el contrario me sabía una con ellas, ahora consciente me aterran, me aterro a mí misma, pensando en lo que podría ser capaz si me fundo en ellas.

Para que de esa forma  luz y obscuridad dejen de ser extremos y se vuelvan un arco infinito de posibilidades, donde la dualidad desaparece hasta borrar los preconceptos.

Di vuelta mis pasos y regresé por el camino, no había aprensión, aunque el corazón todavía estaba acelerado, sino una sensación que pedía se le atendiera, que no se le desconociera, no era cualquier cosa, era una raíz profunda que se creía extirpada y que aún quedaban vestigios, no había sido superada como se creía, ahí estaba.

Más allá de las excusas que nos puede dar la mente para que ahí se detenga el entendimiento y con una intelectualización dice que es suficiente para darle carpetazo al suceso, no se necesita más para que uno se equilibre y ser funcional, sin embargo es un increíble momento, una oportunidad para poder llegar un poco más cerca de ese ser interno, que la mayor parte de las veces está revestido de capas que como muros impiden que uno se acerque, que ha ido creando con el tiempo y se han anquilosado, sin embargo es la única forma de llegar a integrar el yo, cuando se es capaz de reunir todas las piezas y reconocerse, entrar en la paz, en la aceptación del devenir que la Vida nos tiene trazado y sea el Ser unido a lo supremo quien tome el timón del barco.

 

PIEDRAS Y AGUA

 

Ese Ser Interior que habita el infinito, ese infinito que cuando uno mira se vuelve una luz que todo lo abarca, que todo lo enciende, y es como si nos fuera elevando, amplificando la dimensión en que se puede ver los hechos, ese darse cuenta que no hay otra cosa más importante en esta vida que ir camino a los orígenes, limpiar lo que impide que se profundice, zambullirse en el agua sin importar la profundidad que el buceo amerite.

No me puede parar el miedo he de ir y vencerlo o ¿será acaso que ya me estoy poniendo límites, restricciones que ya justifican el seguir explorando dentro de mí misma?, ¿será acaso que ya estoy llegando al conformismo, sabiendo que aún la tarea no está completa?.

Hay que ser osado en esta Vida, tomar al toro por los cuernos y salir a enfrentarse con el Miedo o con aquello que nos detiene.

He de regresar sola, hacer el mismo recorrido, caminar ese cauce, llegar nuevamente a esas piedras, sentarme en ellas y que me sometan a la prueba.

Resolver ese desasosiego, resistirse a aceptar a esa sensación que parece tan familiar, tan de toda la vida y sin embargo es la Vida quien está pidiendo no dejarla entre renglones.

México

 

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4 comentarios en “EL CAUCE DEL RIO SECO

  1. A mí me pareces muy sabia. Me ha gustado mucho todo lo que dices sobre las etiquetas y esa necesidad que tenemos de ser algo, cuando en realidad ya somos, sin más.
    En cuanto al miedo creo que a veces es una reacción del cerebro que siempre está vigilante, si él detecta un peligro, como puede ser que veas menos, te manda una señal de alerta ( la ansiedad) para que te protejas. Esa es una posible explicación.
    Un beso, Themis y como te digo siempre, me encanta leerte.

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    1. Gracias Paloma, si es una reacción de la mente, eso es bueno cuando no sobrepasa la medida y es capaz de controlarse, no así cuando indica que te está dominando, lo más probable es que esté unido a algo no resuelto, eso es lo que hay que abocarse a investigar, bueno si se quiere superar, pues la misma mente te puede dar justificantes para no hacerlo.

      La historia seguirá y me alegra que te guste leerme, no sabes cuanto, un abrazo

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