MONTAÑA AL ATARDECER

HISTORIAS DE ANIMALITOS: HOUDINI EL GALLO (1)

Las sesiones de fotografía

 

Una de las actividades que tenía en una de las comunidades donde viví hace unos cuantos años ya, en el sureste mexicano era sacarle fotos a los habitantes que así lo querían que luego cambiaba por maíz, frijol, café, leña, huevos o por efectivo, más allá que al ser un lugar en donde el trueque era la forma de comercializar a veces era difícil poder obtenerlo, aunque siempre una parte tenía que ser en monedas ya que las impresiones tenía que pagarlas.

Les encantaban las fotos ya que no se conocían de cuerpo entero, pues no había espejos que los reflejara en su totalidad, sólo usaban pequeñitos donde incluso no se llegaban a mirar la cara completa.

La imagen impresa les mostraba cómo eran. Eso sí era difícil que se tomaran una foto que no fuera de esa manera.

 

 

No les atraía verse cortados por la mitad o solo la cara no era su costumbre como que sentían que algo les faltaba, no estaba bien verse así, nunca entendí claramente que era lo que pasaba si cambiaban la postura.

 

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Los jóvenes  estaban enloquecidos con las fotos, bastante seguido se tomaban y más allá que cambiara el fondo, el cual no siempre les importaba, pues parecía que solo se miraban a sí mismos,  lo más que podían hacer de una toma a otra era atreverse un poco a mover los brazos en otra postura, el primer paso era poner una mano en la cintura.

 

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Al principio era muy chistoso entregarles las impresiones ya que iba a ser la primera vez que se vieran y se reían y no paraban pues no se imaginaban de esa forma o les hacía gracia verse retratados, con un característico “¡¡¡ jijijiji !!!”, tapándose la cara con mucha prudencia en las mujeres pues no estaba bien visto que largaran la carcajada, los hombres ya eran otra cosa pues su sorpresa y asombro quedaba reflejada en su cara aunque trataran de ocultarlo, pues tampoco se veía bien que él expresara lo que sentía.

Muchos de los muchachos que tenían caballo gustaban de retratarse montado en ellos y también solían venir varias veces luciendo diferentes atuendos para tomarse fotografías. Se podía decir que entre una y otra se estudiaban.

 

 

También en las fiestas solían aprovechar, pues estaban bien arreglados y al verme solicitaban la foto, como estas que fueron realizadas en un bautizo colectivo en la comunidad, donde se ven a los padres con los niños y el padrino.

 

 

Había una familia que al principio desconfiaban y no se dejaban tomar ninguna, más allá que coqueteaban con el hacerlo y veían que cada día se expandía más por la comunidad la moda de tener fotos colgadas en las paredes, ya que con la posibilidad de tener un “fotógrafo” cerca y que aceptara el trueque se hacía más fácil llegar a ellas, pues las pocas que tenían se debían a algún extranjero (los cuales eran todos aquellos que no pertenecían a la región), que habían pasado por la comarca sobre todo en el tiempo del conflicto armado y que luego les habían hecho llegar algunas y eso no sucedía con todas las familias.

También algunos tenían de sus antepasados sobre todo padres y abuelos ya que cuando iban a la ciudad y habían  vendido el café que era lo que se cosechaba en la zona, a parte del frijol y el maíz para el autosustento y tenían algo de dinero, se atrevían a hacerse un retrato para que quedara para que lo conociera su descendencia. Más allá no eran muchos, pues con eso que se les hacía algo muy extraño que un papel atrapara sus rasgos tal cual eran, les provocaba desconfianza.

Así pasé a ser la fotógrafa de esa comunidad y de la de los alrededores que a veces llegaban a la casa a que les hiciera sus imágenes y otras iba al pueblito de ellos y ahí retrataba a todos los que quisieran.

 

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Les encantaban, como que ejercían un influjo en ellos y a todos aquellos que las tenían el pegarlas en las paredes de las casas era lo máximo e iban haciendo una especie de galería que muy orgullosamente mostraban a aquellos que llegaban, más allá que la mayor parte eran de los integrantes parados muy rectos, con alguna más espontánea que les había llegado como recuerdo mandadas por alguien que había pasado por el lugar.

Sin embargo esa familia de la que les hablaba, quedó  ¡tan sorprendida! del resultado de la imagen impresa que ¡al fin! se retrataron todos, todos querían verse, la única que no tranzaba por nada era: La Abuelita Mayor, una señora grande que se resistía pues ella decía que la cámara era cosa del “Chopol” y le quitaba el “chulel”, el alma y se asustaba mucho, sin embargo un día que fui a llevarles fotos de sus no sé si tataranietos o de sus choznos, pues en ese lugar se llegaba a ser tastatarabuelo a los  setenta y pocos de años y ella en realidad era una de las personas más longevas dentro de la comunidad y le aterrorizaba ese personaje que andaba suelto haciendo de las suyas.

 

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TAZTATARABUELO CON SU CHOZNO

 

El Chopol era el malo, el que hacía maldad por todas partes, el que se podía esconder en cualquier cosa para hacerte caer en alguna desgracia, te podía hasta robar el alma, lo seguro que se sabía de él era que no le gustaban las cruces, pues con las cruces lo combatías, por eso la cruz se ponía por todos los lugares que pudieran ocasionar perder el camino o a sí mismo, como eran por ejemplo los cruces de los mismos.

Al fin un día accedió cuando vio que a ninguno de su familia le había pasado nada y contagiada por la alegría que todos sentían al haberse conocido enteros, ella también, quería saber cómo era por fuera, como ella decía, lo más extraño de ello fue que no solo quiso una foto de frente sino también una de espalda para verse de atrás.

Se paró muy derechita con la montaña a su espalda, con una cierta expresión seria muy seria  en su cara como de miedo por un lado y el estar dando este paso si bien todavía le resultaba algo atemorizante, también estaba el sentirse orgullosa de atreverse a hacerlo, luego de haberla fotografiado sola, aprovecharon para rodearla de todos los nietos, bisnietos, choznos que habían por ahí cerca, y así fue quedando atrapada rodeada de diferentes niños, hasta que se hartó pues seguían apareciendo de todas partes y se fue, dejando a más de uno peinado, cambiado y sin poder salir en una foto con ella.

Más allá que para no perder la ocasión y el esfuerzo que habían hecho en cambiar y peinar a los niños, aprovecharon para retratarlos aunque fuera tan siquiera solos o en brazos de alguien si no se podían parar por si mismos.

Lamentablemente no conservo las fotos de ese momento, aquellas primeras.

 

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Eran personas muy sobrias sobre todo cuanto más años tenían, difíciles de sacarles una expresión, eso sí cuando le llevé la foto impresa y la llamaron para que la viera se acercó como media recelosa, la tomó en sus manos y clavó sus ojos sobre el papel y sin ningún remilgo comenzó a reír…… reía, reía y reía,….. y sólo repetía, lógicamente que en su idioma el cual una de sus nietas que medio se atrevía a decir algunas palabras en español traducía, algo así como:

-Soy yo- mientras miraba su retrato- así soy por delante- y la risa se hacía sentir, para luego mirar la otra foto y reír más fuerte -y por detrás- y así alternando entre una y otra y se fue muy feliz llevándose sus imágenes con ella.

Pero no era de esto que les quería hablar, sino lo que me sucedió una vez que había bajado a la carretera a entregar fotos y al llegar a una de las casas donde hacía un tiempo había hecho una serie de ellas ya que el dueño de la misma iba a emprender viaje hacia: “El American Dream”, “El Sueño Americano”.

Esto sucedió en la época en que comenzaron a salir fuera de la región a trabajar, pues cuando llegué al lugar pocos eran los que se atrevían a cruzar fuera de los límites establecidos, no conocían mucho de otros Estados, ahora después de un tiempo de haber estado dando vueltas por los alrededores, ya se aventuraban por otros lados del territorio nacional, eso sí generalmente viajaban con su compañero, su “joy” como ellos le decían y tenían algún lugar a donde llegar o por lo menos el nombre de un contacto que les informara de qué podían hacer y cómo moverse, ir hacia los Estados del Caribe mexicano fue uno de los rumbos predilectos, el mar fue quien en un momento les abrió el espacio.

Sin embargo habían algunos audaces que se querían lanzar a Estados Unidos pues habían escuchado hablar maravillas, el mundo se les estaba abriendo, ya muchos habían comenzado a hablar el español lo que les amplificaba el acceso a muchos lugares, pues antes con la restricción del idioma sólo se podían quedar por los alrededores.

Así que me habían solicitado hacía un tiempo, el servicio de que les tomara fotos a él, con su esposa y con toda su familia, por si no volvía, pues eso nunca se sabía, corrían muchas historias de algunos que se habían arriesgado a salir del territorio conocido y era como si la tierra se los hubiera tragado, no se supo más de sus vidas, nunca más regresaron y salir a buscarlos estaba en aquella época muy difícil pues uno no sabía ni para dónde. No eran muchos sin embargo sus historias habían quedado grabadas en la memoria colectiva.

Las querían también para que él se llevara algunas para que no se olvidara de donde había salido y de quienes eran los suyos, más allá que eso no pudo ser posible ya que no alcanzaba en tiempo para llevar las fotos a revelar, imprimirlas y traerlas de regreso, era una odisea que no se emprendía cualquier día.

 

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Habían sido bastantes y todavía estaba  “el debe” como le decían a la deuda, que no se había cubierto.

Como la esposa estaba embarazada no lo acompañó en la aventura, así que él se marchó con su “joy”, como le llamaban al compañero con el que emprendían alguna acción juntos y como a su vez no quería que ella se quedara sola en la casa, le había pedido que se volviera con su familia que vivía en otra comunidad no muy lejana, ya ella estaba acabando de organizar sus cosas para irse.

Ahí llegué a entregarle las fotos y me dijo que no le alcanzaba para pagarme en efectivo así que comenzamos a ver con que lo podíamos trocar, era una cantidad bastante significativa para el lugar y como maíz y frijol ya tenía bastante para que durante un muy buen tiempo no me faltara lo básico de la comida, al fin resolvimos que me lo cambiaba por un pollo, huevos y un poco de efectivo.

Quedó el trato acordado, con gusto por ambas partes y allá nos fuimos a buscar a los animalitos para ver con cuál me quedaba.

Tenía una futura gallinita y un futuro gallo todavía muy tiernos, tuve que elegir y decidí quedarme con el gallo, pues en la casa en donde paraba no había y tenían que pedir prestado a los vecinos cada vez que querían echar a una gallina para la crianza, pues el de la casa había corrido con muy mala suerte y el tigrillo se lo había llevado.

Allá me fui  montaña arriba con mi nueva posesión, para unirlo con el averío del lugar y con la esperanza en que se volviera el rey entre todas las gallinas y cuidara muy bien de ellas.

 

México

 

Continuará….

 

 

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20 comentarios en “HISTORIAS DE ANIMALITOS: HOUDINI EL GALLO (1)

  1. Hermoso relato,,bellas fotos,conmovedoras actitudes de los protagonistas.las mujeres portadoras de atuendos autoctonos de la comunidad,muy elaborados, ropa que no he visto en ene viajes de trabajo en muchas poblaciones del Sureste mexicano. Deseo saber,si se puede,en donde se situa esa comunidad y la etnia. La historia del gallo promete seguir interesante Mil gracias por esta induccion a la historia de Houdini

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  2. Me ha resultado muy gracioso y curioso todo lo que cuentas. Sobre todo por el contraste con esta sociedad nuestra donde tanto nos retratamos.
    Se debe sentir uno bastante libre sin saber cómo es, sin imagen. Y luego, cuando te ves, te da la risa. No me extraña.
    Son muy bonitos los vestidos o delantales que llevan las mujeres.
    El gallo queda para la siguiente entrega.
    Besos, Themis.

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      1. Sin lugar a dudas, es demasiada la dependencia que se tiene y pienso lo mismo, más cuando vives con otro nivel de simpleza y sencillez, ahí te das cuenta todas las necesidades que te han impuesto. Un abrazo

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