cielo y montaña

HISTORIAS DE ANIMALITOS: PUF PUF PUFITO

 

Historia de un zorrillito

 

Hace unos años viví en un lugar agreste, alejado de centros poblados, donde era el habitat natural de cantidad de animalitos, de ahí era La Josefina, una lagartija con la cual compartí la casa y la Clementina una ratoncita que también era parte del ecosistema.

Esas historias sucedieron en la casa que vivía más arriba en la montaña, alejada del centro poblado de la comunidad.

Sin embargo esta historia que les voy a contar hoy sucedió en el espacio en donde me quedaba cuando bajaba al pueblo.

Puf Puf Pufito era un zorrillito que vivía en un cañaveral que había detrás de la casa que habitaba, era un terreno grande donde había varias edificaciones en las cuales moraban los integrantes de la familia, dueños del lugar.

Todas las noches Puf Puf salía a pasear después que bajaba el calor de la cuaresma, cuando la nochecita regalaba con su brisa un poco de frescor, en esos tiempos en que era un infiernillo la tierra.

 

zorrillo
foto plagaswiki.com

 

Con solo pisarla a uno se le quemaban los pies, de tanta falta de agua, poquito a poco el suelo se iba agrietando y uno tenía que tener cuidado en donde pisaba, pues en cualquier momento se podía quedar atascado dentro de una de esas rajaduras con la que la tierra dibujaba su sed.

Ese tiempo en que  el Cielo se teñía de rojo y parecía que se hubiera incendiado en cada atardecer.

 

cielo y montaña_4

 

Puf Puf Pufito muy orondo todas las noches salía de la espesura y caminaba muy despacito, con toda la confianza del mundo,  pasaba por detrás de la pared en donde estaba mi cama, se oían sus pasitos que pisaban las hojas, que en esa época caían de los árboles a montones, formando un manto de colores ocres en el piso.

Llegué a conocerlo, pues a veces cuando el calor impedía estar dentro de la habitación me sentaba afuera a tomar el fresco sentada en el alero, ahí lo veía pasar, muy tranquilo, ni en cuenta me tenía, como que demostraba mucha seguridad en sí mismo, sabía que su recurso defensivo era implacable.

Salía de la maleza atravesaba la alambrada que limitaba la casa y desaparecía en la noche estrellada.

En el lugar vivían dos perros, el Charro Chiapaneco y el Chimichurri, que era medio mi perro se podía decir, me había encariñado con él y aunque no siempre estaba conmigo, diario me iba a visitar, otro día les cuento su historia. Los dos todavía cachorros, aunque el Chimi era mayor por unos meses y ya estaba más centrado.

El Charro Chiapaneco pasaba todas las noches vigilando cualquier ruido que en las cercanías o en las lejanías sucediera, para ladrar y ladrar y alborotar a todos los perros de los alrededores y al mismo Chimi, que solía dormir tranquilo salvo que algún acontecimiento fuera de lo común sucediera que interrumpiera  su sueño fuera la hora del día que fuera, más allá que perro guardián exagerado como su compañero no lo era.

 

perro durmiendo
EL CHIMI DURMIENDO

 

Eso sí, cuando ladraba había que hacerle caso, pues sí se molestaba en emitir un sonido era porque lo que sucedía ameritaba estar alerta y asomarse a ver que pasaba.  Había veces que se unía a la cadena de aullidos que los perros del pueblo realizaban, tal vez para pasar algún mensaje entre ellos, era su forma de comunicación, a la cual casi todos se unían. A veces se les prestaba atención, pues algo extraño podía estar pasando, más allá que la mayor parte de las ocasiones no sucedía nada o era alguien que andaba caminando, en el silencio de la noche. Eso sí, si no llegaban a solucionar con rapidez lo que sucedía para ellos, se volvían muy molestos, ya que la cadena se extendía. Tanto era así que cuando el Chimi se quedaba en la casa de arriba se volvía como el enlace entre los perros del pueblo y los de la comunidad de al lado, la cual se unía al coro que coronaba la noche y quien sabe si ahí paraban.

El Charro como a unos veinte metros de la casa de donde vivía cuidaba que apareciera  un tlacuache (comadreja) que solía salir en las noches y recorrer los alrededores del gallinero para ver si podía encontrar algún huevo por ahí perdido o alguna gallinita descuidada.

Cada vez que lo sentía lo correteaba, era como un juego que entre los dos habían entablado, repetitivo y se metían en la selva y ahí se perdían y a lo lejos se escuchaban sus ladridos agudos de cachorro, era el entretenimiento de todas las jornadas, incluso el mío, esperar a que los dos se dieran a la corretiza, sin querer alcanzarse, en un lugar que no llegaba señal de nada, la vida transcurre en la realidad misma y es ella quien se encarga de dar el entretenimiento.

Pero una noche el Charro no tenía tlacuache a quien perseguir, pues no se había presentado, nada pasaba alrededor, ningún perro ladraba y aunque él lo hacía, ninguno le contestaba, ahí estaba medio aburrido cuando de repente sintió un ruido de pasitos, paró sus orejas, se incorporó de un golpe, se puso a gruñir de una forma que en el lenguaje de los perros anunciaba peligro.

El Chimi se agregó al alerta y los dos juntos fueron a investigar qué era lo que sucedía, pues no era animal conocido y en eso se encuentran con Puf Puf Pufito que salía a su recorrido nocturno, quien sabe por qué había cambiado de ruta, en vez de ir por detrás y cubrirse un poco con la maleza, decidió salir por delante de la casa.

Ahí el Charro feliz y el Chimi acompañándolo empezaron a correrlo como si fuera un tlacuache, pues para los dos era muy nuevo ese animalito, no lo conocían ni sabían lo que podía hacer.

Puf Puf Pufito al principio se apresuró, se adelantó para quedar a una distancia en donde pudiera con gran alevosía y ventaja tirarles su sabrosa aroma, así lo hizo y salieron los dos disparados para el lado contrario aullando, mientras muy victorioso el zorrillito siguió su paseo con su cola muy parada.

Pero esto sucedió en la puerta de los cuartos donde dormían otros habitantes de la casa los cuales también salieron huyendo pues la fragancia llegó hasta sus camas. Se sentaron en un alero más distante a esperar que bajara un poco el aroma para regresarse y poder seguir en el dulce sueño. Mientras reían y platicaban del acontecimiento, y disfrutaban de la frescura de la noche, qué se le iba a hacer, eran avatares de ese tipo de vida.

Luego al Charro se lo llevaron, hacía mucho bochinche, era muy latoso y vino la oportunidad de que uno de los vecinos andaba buscando perro que lo acompañara a la milpa, pues el de él se había muerto y cuando lo vio, le gustó pues era guardián y vigilante y propuso cambiarlo por un pollo, cosa que no se vio mal y quedó cerrado el trato. Pues donde vivía era región de trueque, era en gran medida su forma de comercializar.

El Chimi no lo persiguió más pues aprendió que con esos animalitos no se puede, pero sin embargo un pariente de Puf Puf que vivía en la casa de arriba lo traía a maltraer ya que durante varias noches cuando salía a pasear pasaba frente a donde estaba acostado y lo rociaba con su esencia: “Espanta lo que tienes al lado”, sin ningún motivo, sólo por maldad o para advertirle que no se fuera a meter con él, cómo lo había hecho con su congénere, que por un buen tiempo le dejó perfumado, el mensaje que dejó plasmado fue algo así como: ” con los nuestros no te metas, porque te metes con todos, estés donde estés”.

Buen aprendizaje para un cachorro, eso sí  los aprendió a respetar.

Esto es todo por hoy, otro día les contaré otras historias de los animalitos que vivían por ese lugar, como el lagartijo Chento que habitaba en la escuela y que muy atento escuchaba la lección o las garzas que eran amigas de los caballos y se pasaban todo el día caminando a su lado o del tigrillo que vivía un poco más arriba en el terreno de la casa y que era el azote del pueblo y no lo habían podido cazar, más allá que lo perseguían hasta con perros, pero muy astutamente se les perdía, pero eso sí, en las noches se daba una muy buena  panzada con las gallinitas que la comarca criaba.

 

 

México

 

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!

6 comentarios en “HISTORIAS DE ANIMALITOS: PUF PUF PUFITO

      1. De acuerdo, en eso ando, por lo menos primero en escribirlas y luego ver que hago con ellas, me hacen mucha gracia cuando las recuerdo y siguen apareciendo personajes con los cuales conviví y se hicieron parte de mi vida. Gracias Eva

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