PAISAJE MONTAÑA CHIAPAS

HISTORIAS DE ANIMALITOS: LA JOSEFINA


EL RELÁMPAGO

Me piden que siga contando historias de animalitos con los cuales viví un tiempo o conocí en mi camino y dejaron en mí alguna huella en el recuerdo.

Ahí me vinieron a la memoria:

Josefina, la Jose y Clementina, la Clemen.

Hace mucho tiempo viví un poco retirada de esta “civilización”, en otro mundo dentro de este gran Mundo, donde la vida era otra cosa y la Naturaleza se puede decir que estaba dentro de la casa y compartía la vida con uno, eran unos parajes en donde estaba lleno de diferentes seres que nos acompañaban en el mundo sin que ninguno hubiera elegido la compañía del otro, tal vez se había dado de forma natural y conformábamos un ecosistema.

En el momento en que llegue al lugar, todo era casi virgen, los animales que en el vivían eran dueños absolutos del paraje y se movían con la libertad que el medio les permitía, lo mismo la maleza que sólo en lugares en dónde había sendero estaba despejada, lo demás crecía de acuerdo a lo que un equilibrio natural nativo marcaba sin que nada fuera de lo usual afectara.

Muchos habían decidido irse cuando llegué, pues si bien conocían la existencia del humano,  ninguno  había fincado  por esos  rumbos, sino que sólo lo usaba como sendero de paso, para ir a sus milpas, para cortar leña, ya que el lugar se encontraba bastante retirado del centro del poblado, mucho más arriba en la montaña.

 

VISTA MONTAÑA

 

La  llegada y el empezar a habitarlo, hizo que muchos de ellos decidieran irse a buscar un nuevo horizonte, sin embargo otros optaron por compartir el mismo espacio y cuando tomaban esa providencia, nadie los movía, sólo matándolos y bueno eso no era una solución, más bien se tenía que buscar una convivencia pacífica, sin que de ningún lado se le fuera la mano en el uso y abuso, hacerlos en algún sentido parte del reacomodo y volverse uno parte de ese habitat.

Algo que se aprende después de convivir con ellos es que hay que marcarles límites, como hacen muchos de ellos, señalar su territorio, más allá con algo de flexibilidad, pues nunca se sabe cómo van a actuar y da igual que sean insectos o mamíferos, da igual en qué lugar se ubiquen dentro de la cadena alimenticia, la mayor parte buscarán que se les solucione sus vidas y aprovecharse de lo que encuentran, cada uno tiene su inteligencia y la utiliza para su beneficio en eso los insectos son expertos, por otra parte como la mayoría viven en comunidades los niveles de organización son extremadamente perfectos, a tal punto que se pudiera definir como una forma de esclavitud o programación de sus componentes, sin embargo esto es otro cuento.

Eso sí volverlos parte del cotidiano es una hermosa experiencia y llegar a tener un trato con ellos más, pues nutren de alegría la existencia, por lo menos nos hacen sorprendernos del entendimiento al que podemos llegar y la compañía enriquecedora que en algunos momentos pueden ser.

El primer día que la ví, yo estaba en el fogón, cuando de repente una ráfaga pasó delante de mí, como no estaba observando en esa dirección, sino que estaba concentrada en cuidar que el fuego no se apagara, sólo vi su movimiento, como un pequeño relámpago que pasó. Eso hizo que mi atención se diversificara y por un lado cuidara que no se apagara la lumbre y por el otro buscara a hurtadillas  quién había sido ese flash.

 

FOGÓN

 

Ahí la ví, con la cabeza muy erguida exponiéndose al sol sobre una de las vigas de la casa, muy tranquila, como que haber llegado al calor del Astro Rey la hacía sentirse a sus anchas.

De repente comenzó a hacer lagartijas frente a él, total y absolutamente abstraída, como si no existiera otra cosa más importante en esta vida que hacerle reverencias a la luminosidad del Cielo, la cual es tan sagrada que nos permite la Vida.

– Y sí- me dije para mí misma pues no había a quién hablar-¿Qué otra cosa más importante puede haber en este Mundo que venerar lo Sagrado? y dar gracias a  todas esas pequeñas y grandes cosas que nos permiten ser en este Universo.

Me quedé mirándola, me dio mucho gusto saberla en la casa, por un lado las lagartijas me encantan, son uno de los personajes de esta Vida que me alegran el saberlas cerca.

Desde que era niña y en la playa cercana a la casa, entre las dunas estaba lleno de ellas de un color tan similar a la arena que era muy difícil descubrirlas, uno de mis juegos favoritos era sentarme, quedarme muy quietecita y barrer el suelo con la mirada tratando de divisar a alguna o percibir esa centella que pasaba con mucha rapidez dejando unas diminutas huellas a su paso;  luego viví en otra parte con montones, brotaban de todas partes, que tal vez otro día les cuente la historia.

Desde ese momento la empecé a llamar: Josefina, ¿quién sabe por qué?, fue el nombre que nació de mi boca cuando la iba a nombrar.

Poco a poco nos fuimos conociendo, cada vez que entraba en la cocina la empezaba a convocar:

-Josefina, Josefina- tratando de emitir el mismo sonido repetitivo, para que se hiciera una vibración  a ver si respondía, si de alguna forma nos empezábamos a reconocer y nos podíamos comunicar.

Y vaya maravilla con lo que la Vida nos sorprende, empezó a asomarse.

Así nos fuimos habituando una a la otra, ya no nos temíamos, por el contrario cada día nos veíamos más seguido y ella tenía ya elegido algunos lugares en donde pasaba ratos muy en paz, sin ser fastidiada, sobre todo por lo alto de la casa donde no podía ser alcanzada.

Empezó a andar por el espacio con más libertad, como sintiéndose que por lo menos de mí no se tenía que cuidar, a cada tanto se veía el meteoro pasar, para luego detenerse bruscamente, hacer algunos movimientos con la cabeza para un lado y para el otro y seguir adelante en el camino.

Una vuelta me la encontré muy acostada en mi cama sobre mi chaleco, era una de las primeras veces que había bajado y ni se inmuto cuando me senté a su lado.

-Te voy a tomar una foto- le dije, pues a esa altura de la vida ya le hablaba y ella desde donde estuviera me miraba.

Fui a buscar mi cámara, la apronte y ella seguía muy tranquila, acostada, entonces enfoqué desde muy cerca y cuando hizo ¡Click!, salió despavorida, volando, yo creo que el sonido y ese gran ojo, la asustó. No era la primera vez que me pasaba con alguna de ellas, pero bueno no había aprendido la lección y la seguía repitiendo.

La impaciencia, esa mala consejera.

 

LAGARTIJA

 

Estuvo un tiempo sin aparecerse a mi llamado, yo insistía, aunque por momentos pensaba que de repente había emigrado y eso me llevaba a cuestionar mi necedad.

Una vuelta la empecé a llamar desde el cuarto, para ver que sucedía  y de repente se apareció corriendo, se paró delante mío y me miraba muy en calma y a una distancia bastante cercana al lente de la cámara, que traía colgando.

¡Vaya alegría que me dio!, el volver a verla y además tan cerca, de nuevo insistí en tomarle una foto y ¡vaya asombro que me lleve!, esta vez no salió corriendo, se dejó hacerlo sin alterarse.

He aquí a la Jose posando cual modelo.

 

LAGARTIJA

 

Así estuvimos conviviendo mucho tiempo, hasta que un día me fui por una larga temporada y cuando volví, ya no la encontré.

La Clementina, quedará para otro día y ahí descubrirán a esta protagonista que también tiene su historia y que por tiempo compartimos nuestra existencia, eso sí, no era una convivencia muy en paz pues cada tanto hacía una de ellas y bueno para llegar al equilibrio se tardó un poco más.

Para la próxima vuelta se las relato.

 

México

 

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6 comentarios en “HISTORIAS DE ANIMALITOS: LA JOSEFINA

  1. Me encanta tu compenetración con los animales.
    Desde luego, que Josefina se dejara fotografiar es todo un logro. Las lagartijas son especialmente escurridizas y desaparecen a una velocidad pasmosa.
    Muy bonita la entrada y muy buen posado el de la Jose.
    Deseando conocer a Clementina. Otro día será.
    Besos, Themis

    Le gusta a 1 persona

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