SIÓN ESCUELA ESQUINERA

EL ARTE DE LOS VECINOS: Cuando los tambores hablan (7)

“Peligroso como la noche, ha sido siempre digno de sospecha y muchas veces, culpable. En las plantaciones de las Américas, las sublevaciones de los esclavos se incubaban al golpe del látigo, pero al golpe del tambor estallaban.
Esos truenos eran la contraseña que desataba las revueltas”.
Eduardo Galeano

TALLER DE PERCUSIÓN

 

Nos habían avisado con anticipación que ese miércoles iba a haber una Milonga en la “Escuela Esquinera”, sin embargo no se suspendían las clases, por lo tanto que fuéramos, se avanzaría con lo que se tenía  empezado, pues cada vez los ejercicios dentro del “Taller de Lenguaje Audiovisual” se hacían menos espontáneos y llevaban más tiempo la ejecución de los mismos, el estudio del personaje, el ensayo de las escenas, la búsqueda de las luces ideales, de compenetrarse con las diferentes acciones, el intercambio de ideas, llevaba su tiempo.

Con el equipo estábamos filmando un corto: “Evocando al abuelo”, que más adelante les contaré y se los mostraré.

De repente quien sabe cómo ni por qué surgieron problemas técnicos con una cámara y bueno se detuvo la filmación para poder subsanar el inconveniente.

Ahí se pusieron los expertos a mirarla para un lado, para el otro, buscar quien sabe qué, pues en lo personal no estaba enterada, yo me dedicaba a filmar un poco lo que acontecía a mi alrededor. Entre otras cosas a ellos sentados en el piso, pues con eso que todas las sillas se las habían llevado a la Milonga, no quedaba de otra.

Desde abajo en el jardín subía el sonido del repique de los tamboriles del Taller de Percusión de la Escuela que invitaban a seguir el ritmo, me asomé por la ventana y ahí me los encontré, en plena noche el grupo hacía música entre los hermosos gigantes de madera.

 

SIÓN ESCUELA ESQUINERA

 

Como el problema iba a tardar un rato, nos dijeron que si queríamos nos fuéramos a dar una vuelta y a filmar lo que acontecía.

En el salón en que estaba se escuchaba el ritmo del candombe, al abrir la puerta para bajar, ya se dejaban oír los compases del dos por cuatro, como se conoce al tango en la jerga de sus seguidores, por lo menos los de La Guardia Vieja o sea de los primeros que se escribieron. Esos que tomaron del candombe elementos, para nutrir la esencia y darle nacimiento.

Fui bajando la escalera y el ambiente de tango inundó mi espacio. La Escuela lucía engalanada para la Milonga, con todas sus luces encendidas en el salón principal, en un movimiento que mostraba mucha alegría, encuentros, risas y el baile que centraba toda las expectativas.

Ahí estaba el tango y el candombe encontrándose en ese día tan especial y dejándose regresar a sus orígenes, tal vez para crecer, para darle otro sentir a esas fuerzas culturales que se entremezclan en su naturaleza.

Para mí fue un instante muy simbólico, de reunión donde latía el alma de los que conformaron este pedazo de tierra, la mayor parte venidos de otros Continentes y que en su unión buscaron formas de expresión que los congregara, que les fuera conformando una identidad y les impidiera perderse.

Ahí en el salón principal estaban las parejas danzando, eché un ojo, filmé un poco y seguí mi camino tras los tamboriles, por un instante estaba en el centro donde ambos se escuchaban, me quedé por unos momentos detenida, compenetrándome con ese instante, para retomar la marcha y que el “borocoto, borocoto, chass, chass”, me envolviera.

Salí y el clima estaba acogedor, invitaba a quedarse un rato y dejarse embrujar por el sonar rítmico, desaparecer la mente y ver como las manos se hacían cargo de llevar a los ejecutantes a otra frecuencia, a otro estado, a otro nivel donde el puente de la lonja permitía el fundirse con el todo, a medida que se compenetraban entre ellos y juntos se volvían una sola voz, una voz que ora a las estrellas, una voz que libera, una voz que eran todos  regando el aire con sonidos que se esparcían como ondas y trasmitían un mismo mensaje nacido de la Madre Tierra.

Esa unión de corazones, que invita a que el Espíritu se aparezca y acompañe a todos aquellos que la vibración despierte.

 

SIÓN ESCUELA ESQUINERA

 

El Candombe un ritmo traído por los negros esclavos y que en Uruguay enraizó, más allá que en muchos momentos quisieron taparlo, olvidarlo y si hubiera sido posible desaparecerlo, sin embargo es algo tan esencial en la cultura oriental que era imposible desconocerlo, sobrevivió a todos los ataques hasta ser declarado en el 2009 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

El sonar de los tamboriles acompañó y acompaña a la mayor parte de los pobladores que habitaron y habitan estas tierras, desde la época de la Colonia, era al principio un medio de comunicación, la música ritual, religiosa y la danza con que los esclavos negros ofrendaban a sus divinidades y se mantenían unidos a sus raíces, a través de él las aproximadamente 20 tribus que se encontraron en el Río de la Plata y que cada una tenía una religión, idioma, forma de ser diferentes, fueron integrándose y logrando una expresión en común donde todos coexistían y se resistían a ser exterminados como seres o a sentirse esclavos.

Los tamboriles eran la esperanza cuajada, el sonido que alimentaba a los espíritus libres congregados a través de ellos, por eso se fue extendiendo hasta llegar a la actualidad donde ya dejó de ser “cosa de negro”, para pasar a ser “cosa de todos aquellos que sigan su llamada”, sin importar el color de la piel o de donde se saliera, la llamada de la libertad y la integridad.

Con el tiempo fue tomando las calles, difícil era no escuchar tamboriles por la avenida principal, previo al Carnaval, a la Navidad, al Año Nuevo, a Reyes y en otras fechas conmemorativas, como en la actualidad no escucharlos en algún evento que reúna al pueblo, ya sea para regocijo o en sus reclamos o en cada barrio de Montevideo o en pueblos del interior, ensayando para festejar su fiesta mayor en el Carnaval.

Con un gran desfile “Las Llamadas” se celebran en Montevideo,  donde los portaestandartes encabezan las comparsas de tambores de cientos de integrantes,   acompañados del grupo de danza, donde se representan diferentes personajes, el gramillero o yuyero, que personifica al médico curandero, la Mama Vieja, a las mujeres madres, abuelas, aquellas que nutrían el espíritu para que nadie decayera,  el escobero, el bastonero, el lancero representantes de los lanceros de Artigas el héroe nacional, que lucharon junto a él por la Independencia y lo acompañaron cuando el Éxodo, los tamborileros con tres tipos diferentes de tambores y otros personajes que se fueron sumando con el tiempo.

Cada día más personas se vuelcan a los tamboriles, y cada día más el país tamborilea, ya es un elemento de la cultura uruguaya que la identifica, tal vez con ello se logre en parte una válvula de escape a la presión a la que este sistema nos somete y nos esclaviza a través de las  necesidades que crea, como fue para los originarios “candomberos”, que con la música y la danza paliaban la situación que vivían logrando que permaneciera en ellos un sentido de Vida, de rebelión, de no permitir ser avasallados, por más que estuvieran cautivos.

Me fui acercando a disfrutar y filmar ese ensayo del grupo, donde el maestro con sus  alumnos hacían retumbar el ambiente, en ese jardín encantado, misterioso, secreto que rodea a la “Escuela Esquinera”, parecía que vibraba de contento con el son que los tamborileros sacaban al instrumento.

Y así después de un rato de estar entre ellos, seguí mi camino rumbo a la milonga, para detenerme y sentir desde dentro lo que ella transmite, otro pedacito de la historia de este pueblo oriental y de su identidad.

Sin embargo quedará para la próxima entrega, donde el tango será el Señor de la entrada y la Señora Milonga la anfitriona del Evento.

 

 

 

Desde las costas de África viajó, hacia las manos y la memoria de los esclavos de las plantaciones de América.
Allí fue prohibido. El repique del tambor desataba a los atados y daba voz a los condenados al silencio ; y los amos de los hombres y de la tierra bien sabían que esa peligrosa música, que llamaba a los dioses, anunciaba la rebelión.
Por eso el sagrado tambor dormía escondido.
Eduardo Galeano

 

En la noche en el jardín los dejo, con el repiquetear de este ritmo primitivo, que cautiva.

 

 

 

Continuará………..

Montevideo

Uruguay

2017

 

“LAS CATRINAS EN MONTEVIDEO” Primera entrega

“DE VIAJE POR LA ESCUELA ESQUINERA” Segunda entrega

“UN SEÑOR MUY VIEJO CON UNAS ALAS ENORMES” Tercera entrega

“EL TALLER DE VESTUARIO” Cuarta entrega

“DETRÁS DE CÁMARA” Quinta entrega

“CUANDO JUGAR ES PRIORIDAD” Sexta entrega

 

 

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