EL ARTE DE LOS VECINOS: EL TALLER DE VESTUARIO (4)

 

 

Era un martes de octubre,

el calorcito comenzaba a hacerse sentir y con él la modorra iba desapareciendo y daba nuevos aires para salir a encontrarse con la Vida.

Allá me fui, rumbo a Montevideo, a la Escuela Esquinera, donde estaba haciendo un “Taller de Lenguaje Audiovisual”, iba camino a filmar el “Taller de Vestuario”, era parte del compromiso, pues el proyecto trataba de documentar lo más que se podía los eventos, encuentros, talleres, todo el movimiento que dentro de la Escuela se desarrollaba  y en “territorio”.

Ya había estado en el Centro Cultural Paso de las Duranas, viendo trabajar al grupo de talleristas con el de teatro que ahí tenían, una labor en conjunto para realzar la obra que se estaba ensayando.

En lo personal estaba venciendo el pánico escénico, ese que le da a uno cuando tiene que pararse frente a un grupo de personas y se vuelve el centro de atención, algunos odiándolo porque esta fotografiando o filmando sin esperar la pose y la mejor cara, esa la estudiada para que en las redes luzcamos como es debidamente esperado, esa imagen “for export”, otros que simplemente no quieren aparecer o aquellos que su parte exhibicionista hace que se quieran ver retratado en todo instante o los que realmente están en lo suyo y no les importa lo que otros están haciendo. Olvidarse que el alrededor existe, borrarlo de la mente que cuestiona y se siente enjuiciada  y enfocarse en el objeto de la tarea, eso es lo que centra, sea cual sea.

No tener miedo a romper internamente con las cadenas que nos detienen a llevar adelante acciones poco acostumbradas, por el contrario saltar al agua y limpiarse de los prejuicios, para caminar por la vida airoso de irse domando a sí mismo.

Este taller se imparte directamente en la escuela, estaban preparando los vestidos y los accesorios que lucirían en el fin de ciclo.

Casi a la misma hora en que se desarrollaba el taller al que iba, funcionaba el de Vestuario, ellos tenían dos días, uno para los vestidos y otro para los accesorios, aunque creo que al final un poco se confundían, nada tenía una línea tajante, no era necesario a medida que el personaje se iba vistiendo todo se iba entrecruzando.

Recuerdo que un día, estábamos filmando alguno de los ejercicios y se apareció un grupo de las compañeras, habían terminado de vestir a la protagonista, una de ellas lucía la indumentaria, mientras las otras alrededor le iban acomodando el sombrero, el vestido,  muy orgullosa la modelo, actriz, encarnación de época se dejaba, llegaron al salón en donde nosotros estábamos a retratarla.

No puedo describir la emoción que tenían, no sólo la que llevaba el vestido puesto, que ya se le sentía transportada rumbo al pasado, sino todo el minigrupo, gozando con su alegría, sin lugar a dudas ese instante era un evento, un punto, un logro en el proceso y se disfrutaba de verdad, de corazón, pues era el premio a la entrega que durante muchos meses tuvieron para llegar a engalanarlo.

Jugar al personaje, elegirlo, ubicarse en el tiempo, en un tiempo anterior al que estoy, en los años 20, en los 60 o en los años 80 o en el futuro ¿por qué no?, en cualquier momento, en el que me haga latir de emoción, en el que vaya más de acuerdo a lo que internamente siento y comenzar a diseñar como si estuviera en ese instante.

Sumergirme en la máquina del tiempo, dejar atrás  mí ser actual y juguetear a entrar a otra dimensión donde me he vuelto tal vez, lo que fui o lo que me hubiera gustado ser o con lo que me identifico, con ese personaje que tal vez no me atrevo a ser en este tiempo y sin embargo lo llevo dentro. Ese personaje que tiene necesidad de jugar, en el sentir más inspirador que pueda tener esta palabra, llegar a la libertad del niño al hacerlo.

 

TALLER DE VESTUARIO LA ESQUINERA
EL JUEGO DE VESTIR EL PERSONAJE

 

¿Cómo sería el diseño que hubiera creado, cómo me hubiera gustado que fuera el sombrero adecuado a la moda de ese momento?, y, ¿los zapatos?, así con cada uno de los elementos, documentarme, imaginarlos y hacerlos, ya sea para lucirlo yo o para verlos en otros.

Desde pensar con cuales telas lo voy a cubrir, ir a la tienda, no sólo a una sino a todas aquellas en donde me pudiera dar idea del material con el que cuento, desde ahí se inicia el viaje.

Volverse el personaje, soñar, olvidarse de todo lo que acontece en el alrededor y sumergirme en este “aquí y ahora”, que tanto bien le hace a mi alma que se libera de la tiranía del espacio tiempo y que entra en la acción sanadora, como me decía una de las integrantes:

-Para mí es mi terapia, no puedo dejar de venir, estoy toda la semana pensando en lo que aquí hago, en los detalles para adornar al vestido. Salgo a darme ideas, recorro tiendas, mercerías, busco en internet. Mi mente está ocupada  y con ello me siento en paz.

La paz que trae estar cobijado por la Creación, el gozo que da realizar una acción sin otro interés que encontrarse con si mismo, con los otros, lograr que ese diálogo interior constante se detenga y me permita fluir en una meditación enfocada en el acto que estoy haciendo, esos momentos de deshago, donde las manos son las hábiles consejeras, que en cada puntada van dando salida a todas las sinrazones.

Iba filmando, mientras cada quien estaba en lo suyo, intercambiando ideas, buscando respuestas en la rapidez del ciberespacio y mi mente estaba enfocada en ver el potencial de recobrarse a sí mismo de los talleres.

Facilitar estos momentos de creación es una necesidad social para todos aquellos que buscan expresarse y con ello mantener su equilibrio o para rescatar a todas las almas sin rumbo, que no pueden encontrar el camino de retorno y  deambulan en su interior sin poder sacar para afuera la carga que llevan y sublimar todo aquello que las abruma.

Poco a poco se abre el juego, una de las integrantes que cose una falda, la termina y se dispone a lucirla, muestra orgullosa su “panza” que alberga a un futuro ser que desde el útero se nutre con el arte de ataviar, busca entre los aditamentos que cuenta con los más apropiados, unos guantes negros, que al írselos poniendo, desata la danza de las manos.

La música de Amelie, aquella hermosa película francesa, es el fondo donde el TALLER DE VESTUARIO surge y se muestra en un instante de su devenir.

Acompañados de él, los dejo.

 

 

 

MONTEVIDEO-URUGUAY

2017

 

Continuará……

 

LAS CATRINAS EN MONTEVIDEO Primera entrega

EL ARTE DE LOS VECINOS: de viaje con LA ESQUINERA Segunda entrega

EL ARTE DE LOS VECINOS: “UN SEÑOR MUY VIEJO CON LAS ALAS ENORMES Tercera entrega

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4 comentarios en “EL ARTE DE LOS VECINOS: EL TALLER DE VESTUARIO (4)

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