GATA HIENITA_

HISTORIAS DE GATOS: HIENITA

 

LA GATA VAGABUNDA

 

Llegó una noche cálida a la casa, ya el fin de año se avecinaba aunque faltaban aún unas cuantas semanas, era el cierre del ciclo escolar, ya todos se preparaba para la entrada a las vacaciones y en Uruguay el ¡tan esperado verano! donde el país va poquito a poco perdiendo el frenesí del año y llega diciembre el mes de los brindis y las fiestas, enero el mes de las licencias, febrero el mes del carnaval, el más largo del mundo y bueno hasta después de Semana de Turismo es como si el país se detuviera, salvo en las zonas de veraneo.

Hienita en ese momento sin nombre, pues era una gata vagabunda, de esa esquivas que no se dejaban tocar por nadie y salían huyendo apenas sentían demasiado cercano al humano, no había confianza con él ya que sabía que no todos recibían con gusto a los que vivían en la calle, tampoco con sus congéneres a los cuales no los quería cerca, pues también sabía hasta donde eran fieros y bravucones.

Rondaba cerca de las instalaciones de la UTU  (Universidad del Trabajo en Uruguay), más cercana a los estudiantes de gastronomía de la institución, inteligente pues por lo menos entre semana una ración de comida al día obtenía, ya que ellos la alimentaban.

Entraba daba sus vueltas, ya era conocida hasta por dirección, eso sí que nadie se le acercara atravesando su espacio vital pues ahí sí, reaccionaba, se encrespaba y se ponía en posición de defensa o de escape, se sabía  no muy fuerte, más allá que la apariencia era la contraria y en su gesto también desde lejos hacía maniobras de ataque, si el otro no se detenía y avanzaba, ahí se defendía y se retiraba.

Era el último día de clases, con la llegada de las vacaciones todo se complicó, pues no querían dejarla tirada en la calle, ya se le tenía afecto, era parte de la institución, sin embargo no se dejaba tocar, sólo por una persona, sin lugar a dudas ella era la ideal.

Sonó el teléfono:

-¡Ma!, soy yo

-¿Qué pasa?

-¿Puedo llevar una gatita a la casa, durante las vacaciones?, pues no se deja tocar por nadie, sólo por mí.

-Sí, claro, ¿cómo la vas a traer?

-De aquí de la escuela me llevan.

-Está bien.

Así fue, al rato nomas llegó la gata a la casa, no se sabía cómo la iban a aceptar las otras dos: Sasa y Pepis, las que habían nacido en el desierto en México, también recogidas y que habían emigrado a Uruguay, pero bueno, así estaba planteado el asunto y la iban a tener que admitir.

La otra infeliz, estaba flaca, con los pelos parados, duros, desconfiada, con cara de poco amiga, medio esquizo, se parecía a una hiena, por su actitud, por una forma de pararse, su mirada, por las manchas que traía en la cara, aunque el color no tenía nada que ver con el de esos animalitos, quien sabe, parte de su espíritu tal vez, de ahí su nombre, salvo que luego fue cambiando, se fue dulcificando y se volvió otro ser de ahí nació el diminutivo: HIENITA.

Esa noche durmió en el cuarto de quien la trajo, para que se fuera aclimatando y esperar el momento adecuado para presentarla ante la sociedad gatuna de la casa, que ya en cierta forma se había revolucionado.

Así fue, apenas se le abrió la puerta se aparecieron las otras dos, viendo quien era ese personaje nuevo que había llegado, se encresparon, sacaron sus gruñidos, como que no les gustó la idea, ella salió corriendo y fue y se refugió arriba de un tapanco. Ahí se escondió y era poco lo que bajaba, más que nada para comer y hacer sus necesidades, como se le había puesto un baño privado no se encontraba con las otras y no fue motivo de disputas.

Realmente se adaptó, no se juntaba con la “alta burguesía” y mantenía el perfil bajo como el buen callejero, visualizando todo desde arriba lo que le permitía tener una mejor visión de la situación, para no meterse en problemas, respetaba el territorio de otro y buscaba el suyo, al cual protegía, toleraba pero apenas querían hacer que tuviera algún vislumbre de sometimiento las corría a la mejor forma bravucona. Eso sí,  nunca tuvo un gesto agresivo con ningún humano, si no los conocía apenas se le acercaban, desaparecía.

Así fue marcando su terreno, no peleaba por comida con las otras, comía después de ellas o con ellas si todo estaba en paz, ya iba al baño conjunto, ella en cierta forma como que no quería tener nada que ver en el funcionamiento del lugar, era autónoma.

 

HIENITA LA GATA
HIENITA LA GATA PASEANDO

 

Un día sin esperarse, en plena madrugada se escucharon unos maulliditos abajo de la cama y para asombro de quien estaba durmiendo arriba, había habido nacimiento, dos pequeñines ahí estaban, sin esperarlos, sorpresas que da la vida, el milagro de la multiplicación de los gatos.

¡Venía con premio!.

¡La felicidad había tocado a la puerta!, ahí Hiena comenzó a ser definitivamente Hienita, fue una madre excelente, atenta a sus hijos, cuidando a su descendencia, ni se movía de donde estaban, ya a esta altura las otras la habían aceptado, hasta les gustaba ver a los vástagos corriendo por la casa.

Aunque no tuvieron una relación cercana, ella siempre se cortaba sola, no le gustaba estar con las otras.

Eso sí, cuando llegó la hora de declarar a sus hijos independientes, no tuvo ningún miramiento de empezarlos a correr a los arañazos, como los había cuidado ahora los alejaba y se desentendió por completo del asunto.

Así nacieron Malory y el Güero, que son otra historia, que para la próxima les contaré.

Después de haber cumplido con la labor materna, comenzó a escaparse cada vez con más frecuencia, la calle le tiraba, cada vez que abrían la puerta ella aprovechaba y se salía, y entraba por una ventana que se le dejaba abierta de un lado de la casa en donde las otros gatos no tenían acceso.

Pues combatir su necesidad de libertad no era bueno, había que dejarla, así que ella iba y venía a su antojo, era una hija de la calle y eso no se podía desconocer.

Con ella fue la gata que tuve más relación pues al entrar por la ventana de mi recámara eso la volvió una habitué. Al principio sólo me utilizaba para que le abriera la puerta para pasar al otro lado de la casa, no se dejaba tocar y yo tampoco le insistía.

Como muchas veces si estaba ocupada la hacía esperar, comenzó a quedarse sentada como si fuera una estatua, de esas que ponían los egipcios fuera de las casas para protegerla y que no entraran alimañas, mirándome, como si conociera que la fuerza de la mirada clavada puede ser muy perturbadora, así que sin ningún maullido ni acto, ni pasearse por delante de lo que uno está haciendo, simplemente: me observaba muy fijamente, tal vez había detectado en mí, el lado persecutorio.

 

GATA HIENITA_
HIENITA MIRANDO FIJO

 

Su maullido era muy tenue, casi no se escuchaba, no tenía la habilidad de las otras de crear sonidos para hacerse entender o no lo había desarrollado, pues no quería saber mucho ni con los humanos ni con los otros gatos, a ella le gustaba andar sola.

Me sorprendió verdaderamente, que no hubiera insistencia, bueno no había confianza tampoco ella no sabía cómo iba a reaccionar, al fin y al cabo la prohibición de que pasaran de ese lado de la casa era mía, pues no quería gatos cerca. Tal vez sabía leer muy bien el alma de los humanos como aseguraban los egipcios que muchos gatos hacían.

Poco a poco nos fuimos haciendo compañeras, ya ella en vez de mirarme se subía a la cama y ahí se quedaba y bueno yo con tal que no me interrumpieran la dejaba. Así comenzó nuestra relación que llegó a ser muy estrecha, ya al final era como mi perro, ella iba y venía al lado mío, eso cómo que le daba otra jerarquía dentro de la casa, ya había logrado un lugar en donde no se tenía que juntar “con la chusma”.

Se volvió una gata dulce, muy dulce, tierna, que se dejaba acariciar, que buscaba las caricias, no de cualquiera, aún seguía huyendo de la gente, comenzó a maullar un poco más fuerte, aunque no llegó a tener un lenguaje elaborado, eso sí nos entendíamos perfectamente, nos respetábamos nuestros espacios vitales, más allá que había momentos en que nos permitíamos estar una arriba de la otra, se daba cuando las dos lo queríamos.

Le encantaba estar afuera, afilarse las uñas en un tronco de árbol, era feliz cuando alguien la acompañaba, ella jugaba, con los pastos, olía las flores, amiga de Adolfo un gato vecino muy tierno y amigable, pero tenía su enemiga la gata Lili que cada vez que la veía le daba batalla, ya que antes de que Hienita apareciera ella era la dueña de esa parte del jardín, corría de un lado a otro, perseguía a diferentes animalitos aunque casi todos salían volando.

 

GATA HIENITA_

 

 

Comenzó a traerme regalos, lo primero fue una viborita, luego una mariposa, más viboritas, una libélula y así un sin fin de animalitos, hasta que un día en el jardín quiso cazar a un sapo para dármelo, cosa que no permití y después de ahí no me volvió a traer más, como que entendió que no era un presente que a mi me gustara, pues los agarraba y los soltaba frente a su mirada  Creemos que los gatos nos traen regalos sin embargo en realidad lo que están trayendo es comida para la casa, creo que entendió que no como carne y que me llevo muy bien con todos los animales.

El problema surgió cuando apareció Carlitos, otro de los recogidos y se quiso apropiar del lugar de ella en mi recámara, pues igual él se salía fuera, no lo toleraba, pienso que nadie lo aguanta, es un gato sin límites, como si tuviera alguna falla mental, pero es otra historia que luego les contaré.

Al final nos volvimos uña y mugre, pues nos adoptamos, estaba acostumbrada a estar con quien la trajo a la casa sin embargo se había ido y estaba sola, más allá que creo que las dos desconfiábamos un poco de entrar en una relación tan profunda, ya que en algún momento me tenía que ir y dar y quitar no es algo aconsejable, sobre todo cuando hay tanta cercanía, sin embargo nos lo permitimos, llegamos a pasar momentos increíbles y sí, en algún instante todo llega a su fin y así sucedió, sin embargo valió la pena y gracias al atreverse, ahora que nos quiten lo bailado.

 

12 comentarios en “HISTORIAS DE GATOS: HIENITA

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