LA GATA PEPIS_5

HISTORIA DE GATOS: PEPIS

 

En la entrada anterior de Historia de Gatos,

les conté cómo había sido el nacimiento de dos personajes: Pepis y Sasa, luego viajaron hasta Uruguay donde viven en la actualidad y donde por un gran tiempo conviví con ellas y con otros cuatro.

Hoy le toca el turno a: “La Pepis”, “La Pequeña”, “La Gorda”, fue la más chiquitita de la camada, sus hermanos eran casi el doble de grandes, ella tuvo que luchar por su vida de otra manera y una de ellas fue el acercarse al humano sin ningún temor, como que se dio cuenta desde el inicio, que él era quien los alimentaba y con su inteligencia “de la calle” y del desvalido, se dejó acariciar desde el inicio, apenas sentía que alguien se acercaba, ella salía a hacer gala de su “espíritu” pacífico, mientras los otros se ocultaban.

 

LA GATA PEPIS
PEPIS CUANDO LLEGÓ A LA CASA

 

Fácil fue “enamorarse” de ella, supo sacar para afuera los sentimientos más enternecedores del alma humana y volverse una hábil manipuladora. No hubiera tenido mucha suerte en una vida callejera ya que estaba predestinada por su torpeza a no poder luchar y por sus carencias física. Un milagro la salvó y le dio una casa en donde pasó a ser el centro de atracción.

Creo yo que por la falta de alimentación que padeció en sus primeros meses de vida, ya que sus hermanos arrebataban con todo, la pobre quedó fijada en la comida, la cual es su gran debilidad, sea lo que sea que se pueda comer, ella está siempre puesta y más que gato parece perro, en la forma de pedir y si se le deja a mano algo que pueda robar, no tiene ningún problema, no se puede controlar, es como el adicto.

Por eso tiene el apodo de “La Gorda”, pues se ha ido poniendo choncha, re-choncha, más allá que fue superando todos sus desperfectos, sus bigotes se enderezaron, sus ojos ya no están chuecos, salvo la media cola que esa, ya no tuvo remedio.

 

LA GATA PEPIS
PEPIS EN UNO DE SUS LUGARES FAVORITOS

 

Chistosa era de pequeñita con sus bigotes a la Salvador Dalí, entre ellos y los ojos que se le iban a los costados, difícil le era perseguir una presa o cazar algún insecto. Generalmente saltaba para el otro lado y se daba de bruces contra la pared, eso sí nunca se dio por vencida, persistió y persistió en su meta, hasta que un día, quién sabe si porque le logró dar al clavo o por simple casualidad, conquistó una presea y una mariposita cayó en sus fauces, más allá que el gusto le duro poco, ya que en un movimiento que hizo, se zafó y salió volando bajo la mirada de sorpresa de ella, que creo yo no entendió de qué se trató.

 

LA GATA PEPIS
PEPIS DE PEQUEÑITA CON SUS BIGOTES ENROSCADOS

 

Otros de sus problemas que eso viene por la sobreprotección ejercida y por la atención depositada en ella, son los celos, lo que la lleva a “crisis de depresión”, padece “neurosis de abandono”, donde deja de asearse, aunque nunca fue demasiado fijada en eso, no es la misma, se la siente triste muy triste, desconsolada, con miedo a perder a su “gran amado”, su dueño.

Una de sus crisis sucedió el día en que éste tuvo la osadía de aparecerse con otro gato que recogió: “Carlitos”, que ese sí, es una historia que para que te cuento, aunque ya forma parte del “clan de los recogidos” que luego en otra entrada se lo presentaré. Más allá que ya tiene un tiempo, para la Pepis es su gran enemigo.
El drama fue tal que todos los demás gatos se le acercaban y la limpiaban, la consolaban, sin embargo la enamorada abandonada, seguía ahí tirada, eso sí el apetito no lo perdió.

Le gusta jugar, con el Güero, que lo adoptó después que su madre otra de las gatas de la casa, Hienita, dio por finalizada su labor de madre.  Comienzan a correr por toda la casa, saltan, se trepan y a veces esperan pacientemente que pase un gato por la puerta para brincarle.

 

LA GATA PEPIS_5
PEPIS Y EL GÜERO ESPERANDO QUE PASE OTRO GATO PARA SALTARLE

 

A ella hay que hacerle caso y si no es insistente, es capaz de ponerse a rascar la puerta del cuarto para que le abran durante horas y a maullar, ya sea porque quiere comida, porque sí nada más o porque se siente sola, ¿saber?, eso sí siempre se sale con la suya.

Le gusta mirar por las ventanas, tal vez añore el estar afuera pues no está acostumbrada a ello. Se crió dentro de la casa, pues uno de los problemas que está existiendo con los animalitos sueltos es que como hay cada día más personas que se hacen cargo de ellos, junto con ellos aparecen sus opuestos, los que se dedican a matarlos de diferentes maneras, aunque últimamente prima el envenenarlos, en cierta forma el efecto es más masivo.

 

LA GATA PEPIS_5

 

Se puede estar o no de acuerdo en no dejar salir a los gatos, sobre todo si desde pequeños estuvieron encerrados, se los saca a pasear como se pasea a un perro, bueno, son modalidades y ambas se respetan.

A lo que iba era que estando aún en México, se ponía en la ventana a mirar para afuera y ahí comenzó a  aparecer un gato bien “malandra”, más allá que no hay que juzgar por las apariencias, de esos acostumbrados a la calle, que andan buscando nuevos elementos para reclutarlos para su pandilla.

Todas las tardes llegaba y se sentaba en el muro lindero y desde ahí miraba para dentro de la casa, hacia la ventana donde estaba la Pepis. Pasó el tiempo y era como que el gato venía de visita, ya no llamaba al fin mucho la atención pues al igual que él llegaba al mismo sitio pero en las mañanas, un gallo de los vecinos de enfrente, que extrañaban la vida en el campo,  que le gustaba subirse y como si fuera tenor comenzar a cantar, para gloria de los vecinos. Uno lo miraba y sólo se preguntaba si ese muro era atrayente por alguna circunstancia especial para los animalitos.

Una vez en que me había quedado cuidándolas durante unos días, había salido de la casa por unas horas y cuando regresé me encontré con el mosquitero de la ventana roto y que la Pepis no estaba. Sasa como loca, gritaba y gritaba, como queriéndome contar la historia.

La busqué, la llamé, nada que apareciera, me dije a mi misma que regresaría en cualquier momento, imaginaba el duelo en la casa si no volvía, pues otra que consentidas se habían vuelto las dos gatas.

Pasó un día y nada, pasaron dos y nada, ya me entraba el desconsuelo, cuando una noche mientras dormía, Sasa su hermana me despierta con un maullido desesperado e insistente, gritaba en la puerta de mi recámara, no paraba, prendo la luz, abro y veo que se comporta de una forma muy extraña, no entiendo lo que quiere, cuando miro para afuera y veo detrás del ventanal al gato “malandra”, clavado sus ojos en mí y cuando ve que lo miro, sale corriendo, para regresar y volver a hacer lo mismo,

-Y este, ¿qué quiere a esta hora de la madrugada?- me pregunto- ¿qué les pasa a estos bichos, enloquecieron?.

El “malandra” también maúlla, como si estuviera en un concierto de gatos, que indudablemente algo me quieren decir, entre dormida veo que da la vuelta y se encamina a la puerta de entrada. Me dispongo a dilucidar el conflicto, sigo a Sasa, que sale volando, con un sonido que nunca se lo había oído, como la sirena de una emergencia, mostrándome el camino y cuando llego a la puerta que da al patio, siento un maullido que viene desde la calle.

Era la Pepis, había regresado, le abro y entra despavorida, desesperada, maulle y maulle, empieza a tomar agua como loca, mientras lo hacía, Sasa la limpiaba, pues no se puede decir cómo venía de sucia, llena de polvo, hojas pegadas, se ve que no le había ido muy bien en la escapada. Le pongo comida y estaba hambrienta y luego por dos días no dejó de dormir. Eso sí, no se volvió a escapar, por lo menos en ese tiempo, ya después fue otra cosa.

 

LA GATA PEPIS
PEPIS ESPERANDO QUE ALGÚN PAJARITO SE ACERQUE A LA VENTANA

 

Desde ese día el “malandra” me cayó muy bien, pues resultó inteligente y muy responsable, preocupado por el bien de su nueva amistad, a la cual él había incentivado en la huida, pero creo que al final se dio cuenta que no servía para esa vida.

 

Las Toscas

Uruguay

 

Próxima entrega en Historia de Gatos: SASA

 

 

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20 comentarios en “HISTORIA DE GATOS: PEPIS

    1. Ese es otra historia, en un tiempo saldrá a la luz, ese anda metido en todas partes. Hay que ver si se le puede contagiar el espíritu del yoga, pues no sé como andará ahora pero antes ¡híjole!, que daba lata. Ahí me lo saludas cuando lo veas, un abrazo

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