LOS CABOS, BAJACALIFORNIA SUR, MEXICO

HISTORIAS DE GATOS: Nacidas en el desierto

 

ENIGMA DETRÁS DE LA  LAVADORA

Para seguir con narraciones sobre los animalitos que siempre rodean mi vida aunque no los busque y que se vuelven compañeros inentrañables aunque sea por unos momentos y van dejando ese sabor de haber compartido el camino con una gran diversidad y con ello, cumplo con  el pedido y reclamo que me hicieron, de una promesa que hice en una entrada, contar:

la historia de los gatos con los que viví.

En la casa donde viví casi un año había seis gatos, que la Vida fue mandando, en distintas circunstancias. Hoy les platicaré el encuentro con los pioneros.

En esa época se vivía en un lugar desértico, de montaña y mar, donde los equipos de lavado se instalaban fuera de las casas, pues que lloviera era todo un milagro. Estaba viviendo ahí cuidando una casa, mientras el dueño estaba ausente.

Una tarde cuando el sol ya se estaba ocultando y el calor daba chance a asomarse, salí al patio a regar unas plantas que me habían encargado cuando, una gata salvaje, color arena, con cara de poca amiga, los pelos crispados y en actitud de ataque se planta delante mío, me enfrenta de tal forma que me hace retroceder, mientras por el techo se asoma otro gato un poco más obscuro, medio tuerto, emitiendo una serie de maullidos altos, muy pero muy fieros, como si en cualquier momento se me fuera a abalanzar. Muy despacio me retiré, sin entender lo que estaba sucediendo.

Al rato, hice el intento de volver a salir y la respuesta fue la misma, algo pasaba, sin lugar a dudas era una defensa territorial, ahora, ¿qué era lo que había, para defenderlo de esa manera?.

Así que instalé mi observatorio dentro de la casa para llegar a saber qué era lo que acontecía, desde un ventanal de piso a techo cerrado por cortinas, donde sólo una mínima abertura permitía mirar para afuera, me acomodé, presta a resolver el enigma.

No pasó mucho tiempo cuando se apareció la gata, pasó caminando delante de mí, se perdió detrás de la lavadora y de mi vista.

Salgo al patio, me dirijo con mucha cautela al lugar y la gata sale de detrás de ella como un rayo, trepa por las paredes, dando saltos y se queda en el techo de la casa de al lado, mirando.

En eso sin esperarlo escucho unos pequeños quejidos, que se fueron agudizando y haciéndose cada vez más fuertes, se ve que tenían hambre, eran sus gatitos, se les oía, no se les veía.

La pobre gata me miraba desde el techo, flaca, chupada, hecha un esqueleto, por un momento nuestras miradas se cruzaron y creo que ahí nos aceptamos, no había recelo, el miedo había desaparecido, había entendimiento.

Me metí a la casa y busqué un recipiente para ponerle agua y fui a comprarle alimento.

Así fue como comenzó una relación donde nos respetábamos mutuamente, cuando sentía que yo salía al patio, volando se subía al techo, por unos instantes nos mirábamos mientras le dejaba la comida, el agua y retornaba a la casa, ella bajaba del techo, comía tranquilamente y se metía bajo la lavadora.

El tiempo fue pasando, los gatitos creciendo y la madre les empezó a enseñar dónde comer, cuando le ponía el alimento los acercaba al plato, yo seguía todo el movimiento desde dentro de la casa, ya que si salía se ocultaban inmediatamente.

Eran cinco, un macho y cuatro hembras, comenzaron a desplazarse solos, eran bien salvajes, salvo una de ellas, muy pero muy chiquita, estrábica, con media cola, con los bigotes torcidos, que cuando me veía se me acercaba, se dejaba acariciar y tener entre los brazos, la madre solo miraba, los demás huían. Era la sociable, el eslabón entre el mundo citadino y lo salvaje.

En contrapartida había otra que parecía que tenía pánico a asomarse al Mundo, cualquier ruido extraño la hacía huir despavorida a su cueva. Era muy hermosa, la más salvaje de todos, instintiva,  la única que contaba con todo, ya que sus hermanos tenían desde un pedacito de cola a un  rabo como si fueran conejos, bigotes torcidos, ojos que bailoteaban para todos lados y quien sabe que más. Raza callejeros sin lugar a dudas.

Todo iba de mil maravillas, todo parecía que fluía hasta que, el dueño anunció su regreso y tenía dos perros que odiaban a los gatos.

Terrible problema pues no iban a poder compartir el espacio, había que mudarlos, para encontrarles destino y así fue.

Tres de ellos fueron dados en adopción y con dos se quedó mi familia: con “Sasa”, “la Salvaje” y con la”Pepis”, “La Pequeñita,  los dos extremos.

 

Ella es Sasa

 

GATA SASA

 

 

Ella es Pepis

 

 

GATA PEPIS

 

Se las presento

 

Así comienza esta historia que luego les seguiré contando, de cómo alguien sin buscarlo se puede llenar de gatos.

 

Continuará…..

 

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8 comentarios en “HISTORIAS DE GATOS: Nacidas en el desierto

  1. Casi siempre tenemos gatos rondando por el jardín, vienen y van, algunos retornan y otros siguen su camino, creo que los felinos aprecian más la libertad que un plato seguro de comida. Un abrazo.

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    1. Sí están en el campo son una cosa, si están en la ciudad y tienen la posibilidad, la mayor parte tratará de buscar el plato de comida y la comodidad sin perder la libertad, se podrán ir de la casa por días, volver todos flacos a descansar y que le atiendan la parranda, eso sí son expertos de volver al ser humano su esclavo. ¡Feliz fin de semana!

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  2. Ohhhhh, ¡qué bonita historia!
    Me imaginé que la gata fiera estaba protegiendo a sus hijos.
    Me encanta Pepis. Sasa también es preciosa.
    Tienes mucha sensibilidad con los animales, eso me gusta, sabes cómo tratarlos sin invadir su espacio.

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    1. Sí, es una historia bonita, un hecho con el que te sorprende la Vida. Ya es práctica se puede decir, lo que tengo con los “bichos” como yo los llamo, conviví con muchos y uno va aprendiendo, pues compartimos territorio y tuvimos que llegar a acuerdos de buena vecindad. Como en toda sociabilidad en esta sociedad y ellos son parte de ella, por otro lado te regalan momentos mágicos, muy divertidos y otros que mejor dejemos ahí. ¡Feliz fin de semana!

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