HERMANA ARDILLA

 

El re-encuentro

Hoy volvió a aparecer, hacía tiempo que no la veía, ya pensaba que se había desaparecido, fue hermoso volvernos a encontrar.

Nuestros encuentros comenzaron cuando llevaba poco tiempo viviendo en el Ranchito, en México , aún no estaba familiarizada con los diferentes sonidos del lugar, salvo los cotidianos, a los que ya el oído no les presta atención pues los reconoce.

Estaba sentada sobre los costales de aserrín, que hacen de asiento bajo el alero, saboreando un delicioso café,  dejándome llevar por el murmullo  del riachuelo, en total quietud, en la contemplación, cuando de repente, ¡BLIMMMM!, algo brincó cerca de donde yo estaba, sin que lo esperara.

Eso hizo que saliera de mi ensimismamiento y buscara quién había sido el causante de ese salto, era algo nuevo en el entorno, volteo mi cabeza hacía donde había sido el movimiento y me la encuentro, ¡Oh! sorpresa: ¡una ardilla!.

Se me quedó mirando también sorprendida parecía que me preguntaba: “Y tú, ¿qué haces aquí?”,  para al instante salir corriendo y subirse a un árbol. Desde ahí me observaba y yo a ella, nos reconocíamos desde lejos. Yo seguía bebiendo mi café y ella empezó a darme una demostración de todos los movimientos, subidas y bajadas que podía hacer de un árbol a otro.

De repente se paraba y me volvía a mirar, como midiéndome: “¿A ver si me persigues?”, parecía que me dijera, averiguando en parte hasta dónde yo era un ser confiable, que la dejara en paz y no tratara de cazarla, como es lo usual en esta región, como me dijeron: “No se puede vivir con ellas, pues se comen los chayotes y  todo lo que se planta”, por eso son perseguidas y cada día hay menos o se guarecen más adentro en el bosque.

Pienso yo, que no le signifiqué ningún riesgo, pues comenzó a regresar, no se volvió a acercar tanto como esa primera vez, donde se mostró a unos pocos pasos, pero se paraba en los árboles y se quedaba ahí por ratos, luciendo su hermosa cola larga, que parecía que  la presumía, corría por las ramas dando brincos, ejecutaba lo que yo llamaba  “el show”, que era un espectáculo hermoso de verse.

Generalmente lo hacía en las tardecitas cuando  el sol estaba por ponerse  y el lugar empieza a prepararse para el reposo, es la hora que me siento a tomar mi café, antes de irme a descansar y cerrar el día.

Desde lejos, hablábamos, bueno yo le hablaba, pues tengo por costumbre platicar con los animalitos, con los cuales llego a tener una buena relación y me reconocen,  ya no se asustan cuando me ven, por el contrario creo que llego a ser tan permisiva que muchas veces se pasan de listos.

No la bauticé con un nombre, como suelo hacer si los animalitos  se vuelven cotidianos, pues cuando les conté a los niños del “Taller del Petate” sobre ella me referí como: la “Hermana Ardilla”, pues buscaba concientizarlos en que hay que aprender a convivir con todos los animalitos y respetarlos, que no hay que matarlos. Si, de repente sacarlos cuando están habitando nuestras casas, como pasa con las arañas o arañotas que bueno,  no siempre es agradable que le caminen a uno por encima, que hay que respetar la Vida en todas sus manifestaciones pues son como nuestros hermanos en esta Tierra.

Así siguió viniendo por una larga temporada, luego se desapareció, reapareció, para volver a desaparecer.

Recuerdo que con los niños nos sentábamos a veces a ver si venía, nos quedábamos en total silencio, con nuestra mirada atenta en los árboles pero hasta hoy no se ha dado que llegue cuando están ellos. Ya empezaban a dudar del cuento de la ardilla, hasta un  día, que se presentó y yo estaba con mi cámara cerca y pude fotografiarla, también descubrí el motivo por el cual le gusta venir a este árbol, lo que busca en él y por qué luego se desaparece por temporadas.

La fotografié infraganti, cuando llevaba en su boca uno de los frutos con que él la provee de su alimento.

 

 

 

 

Me pone feliz Hermana Ardilla que hayas regresado, compartir contigo este mundo, que seas mi compañera de habitat, vuelves mi vida más bella, nutres con tus brincos y cabriolas la alegría del día.

Gracias.

 

 

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8 comentarios en “HERMANA ARDILLA

  1. Yo creo que las ardillas son exhibicionistas por naturaleza, me encantan. Aquí las tenemos cerca en la montaña alejadas de las poblaciones, Este año el invierno está siendo duro y se protegen hibernando con escasas salidas, pero en primavera no es nada difícil encontrarse con algunas a las que vence su curiosidad. Por cierto me gustan tus fotos. Recuerdos a la hermana ardilla, un abrazo y feliz domingo.

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  2. Que buen ejemplo para los niños que viven tan cerca de un bosque, acá los animales se han vuelto temerosos de más porque no los hemos respetado suficiente. Apenas quedan los pajarillos que se refugian en los jardínes gracias a los comederos de pan que ponemos los vecinos, una lechuza que habita en el viejo transformador y unos erizos a los que respeta el gato. Un beso.

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