PETATE

EL ASOMBRO EN EL PETATE (1)

EL DESCUBRIMIENTO

Estaba en el Ranchito en México, ya se había hecho de noche, cuando en la obscuridad donde sólo la luz de una vela alumbraba el entorno, se escucha el canto de una rana.

 

VELA

 

-Y ahora, ¿ésta de dónde salió?, pues era la primera vez que la oía. No venía su canto de afuera si no de adentro de la casa.

Lo mismo volvió a suceder la noche siguiente y la otra. Ya me dormía con su melodía.

No pude descubrir en dónde estaba, tampoco la busqué demasiado.

-Ya se dará a conocer-me dije a mí misma- pues no había interlocutor.

Ahí quedó la rana que cantaba y no era abajo del agua.

Pasó el tiempo, ya no la había vuelto a oír.

Un día bajamos los dos petates que tenemos con los niños para trabajar en el Taller, ya que necesitábamos más espacio que se cubriera, pues generalmente con uno es suficiente.

Ya hemos aprendido a desalojar a todos aquellos habitantes que se encuentran en él sin hacerles ningún daño, como son: arañitas de todas las especies, grandes, chiquitas, patonas, de colores, otros son los grillos, los gusanitos, sus capullos, los que se hacen ramitas, bueno, un sinfín de insectos. Siempre nos tomamos el tiempo para observarlos, claro, si es que no salen a toda carrera y no nos lo permiten. Más allá que cada día podemos quedarnos más contemplándolos, pues creo que ya conocen el procedimiento y no se inmutan, ahí se quedan, hasta parece que posaran para que se las fotografiara y entrar en la farándula.

 

NIÑOS SOBRE EL PETATE

 

Esta vez también abrimos el petate con la pregunta de rutina.

-Y ahora, ¿quién aparecerá?.

La capacidad de asombro no la perdemos, pues por lo general hay algo que despierta la curiosidad, sin embargo esta vez, esa capacidad casi se desbordó pues lo que teníamos frente a nuestros ojos era algo nuevo en nuestro entorno y más dentro de la casa.

Al abrirlo en una de sus esquinas nos encontramos con la rana, que no se movía, estaba quieta, quietita, quietecita. Esperamos alguna reacción y nada.

Nos miramos entre todos, cómo preguntándonos que era lo que sucedía, por qué  permanecía inmóvil.

 

RANA

 

-Está muerta- dijo uno de ellos. Así lo parecía, no daba señal de vida. La tocamos suavemente con un palito, la movimos y nada, no respondía, sus ojos seguían igual, entrecerrados, su cuerpo estaba como seco. Así se quedó un rato.

-Pobrecita, se murió.

-Hay que enterrarla-sugiere otro.

La lluvia de ideas se desencadenó y todos aportaban algo para realizar el entierro.

-Tenemos que ir a buscar flores.

-Velas, ahí hay.

-Con los instrumentos hacemos música- dijo otro, ya que aquí en donde vivo a la muerte se la acompaña con música de banda que encabeza el cortejo ejecutando unos sones especiales para esa ocasión, luego la familia y todos los que lo siguen, cargando velas y flores y atrás vienen los mariachis tocando. Van por la calle caminando primero a la iglesia para la misa y luego al panteón.

-Y preparamos comida- pues también aquí luego del funeral se recibe a todos en las casas y se les da de comer.

-Mejor la dejamos ahí por hoy, si mañana sigue igual ya vemos.- Ya que muchos bichitos se hacen los muertos para protegerse y uno nunca sabe si está o se hace- A mí me parece que muy muerta no está, pero……. ¿Cómo saber?

-Si no está muerta ahora, parece que va a morir.

-¿Quién sabe?

-Hoy la velamos.

-Y, ¿qué vamos a comer?- Pues mientras se vela se come.

Ahí estábamos todos contemplándola, resolviendo el funeral y el entierro, si es que estaba muerta, cuando de repente, sin esperarlo, da un brinco que nos hizo tirarnos para atrás y se fue dando saltitos para desaparecer bajo unas piedras.

Tal vez se habrá dicho, estos me quieren enterrar, mejor es volar de acá, percibió peligro y se fue, utilizando el mecanismo sorpresa, el de la acción que menos se espera. Se usa cuando se está acorralado.

Todos nos reímos, por la impresión y fue muy chistoso, sentirnos engañados.

Entre risa y risa comentábamos, lo que cada uno creía, que si estaba muerta que no, que si estaba dormida, un sinfín de frases nacían de las bocas, contando la experiencia, el susto que nos dio, que hasta el día de hoy lo recordamos.

-Vamos a llamarla Paco el Chato-dice uno de ellos y así quedó bautizada. Para festejar que hubiera resucitado y ahora teníamos un bautizo, nos comimos una deliciosa toronja.

A la noche regresó su canto.

Cuando el riachuelo nació, no se la volvió a oír, ni a ver, con seguridad que se fue de parranda en busca del agua que tanto ansiaba y a encontrarse con sus congéneres que deben andar dando brincos para bañarse en ese líquido cristalino.

 

RIACHUELO

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ HASTA LA VISTA !!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Esta historia continuará…………

 

Espero hayas disfrutado esta entrada…!

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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!

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17 comentarios en “EL ASOMBRO EN EL PETATE (1)

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