Nido de colibri con huevitos, México

EL REGALO DEL RETORNO (2)

INSTALÁNDONOS

Había llegado al Ranchito en México, en la Sierra Mazateca en Oaxaca después de muchos meses, fuera de él y fui a visitar a mis vecinos más cercanos para hacerles saber de mi llegada. Ellos tienen su casa como a unos cien metros de donde vivo.

Antes de cruzar el camino, veo a los niños, con quienes hemos creado “El Taller del Petate”. Estaban jugando muy felices en la subida que lleva a su casa, al verme, se quedan paralizados como si hubieran visto una aparición en el bosque, creo que les costaba darse cuenta quién se acercaba ya que estábamos todavía a cierta distancia, cuando reaccionaron vinieron corriendo a mi encuentro gritando emocionados.

 

niños corriendo en el bosque

 

Momento hermoso de re-encuentro pues nos habíamos extrañado.

Ahí nos abrazamos, nos dijimos miles de cosas, cada uno con lo suyo, todos al mismo tiempo, era ¡tanto lo que había para expresar……!

-¿Por qué no viniste antes?-me preguntó uno de ellos, en son de reclamo-ya creíamos que no ibas a venir más.

-Hasta que te habías muerto, pensamos-dijo otra.

– ¿Vieron?, se equivocaron- aquí estoy, vivita y coleando. Pensar así se le llama drama- les digo y hablando de lo que significa esa palabra que ellos no sabían que existía, así fuimos subiendo rumbo a la casa, por esas piedras y esas raíces que hacen a la vez de sostén de la montaña y escalón para subirla.

Después de los saludos, de pedir que me conectaran el agua, de estar un rato de visita, de llevarme tortillas, huevos de las gallinas fresquitos, los frijolitos esos deliciosos, hechos con leña en la olla de barro, me fui a instalar.

Había que limpiar, pues para que contar cómo se encontraba el lugar después de tantos meses “abandonado”, en el medio de la Naturaleza.

La primera vez que me aleje, por muchos meses, cuando regresé me topé con un tlacuache (Comadreja) que había anidado en mi colchoneta que estaba colgada de una viga en una bolsa. ¡Vaya sorpresa que nos dimos!, pues las dos quedamos conmocionadas por el imprevisto. Me dio tanta ternura verla asomar su nariz y su carita, sus ojos de espanto….. ni modo, la tuve que desalojar pues no era el lugar ideal para que viviera.

Esta vez ya había aprendido e iba con más precaución, sin embargo la compañera con la que me encontré fue:  ¡UNA COLIBRÍ!, que había hecho su nido en la puerta de la casa. Muy mal lugar escogió .

 

nido de colibrí

 

Todo un personaje, con el cual estamos tratando de llevar un principio de buena vecindad, aprendiendo a compartir. Ya veremos qué pasa, ya les iré contando la historia a medida que transcurre. Por ahora ahí sigue empollando los dos huevitos que puso, más allá que cuando hay gente no se queda en el nido. Todo un trastorno.

Los niños vinieron conmigo a la casa pues ellos me iban a ayudar a limpiar y acomodar. Primero hacer el fuego para calentar agua, pues eso es imprescindible. Aquí el agua hay que hervirla, pues no hay lugar donde ir a comprarla. Después de meses iba a prender fuego de nuevo para cocinar, sólo rogaba que la madera prendiera bien y se mantuviera.

Edwin (4 años) y Elisa ( 5 años) se fueron a juntar ramitas para iniciarlo. Con Sheila (6 años) sacábamos las cosas que estaban guardadas y veíamos los estragos que habían hecho los animalitos, como comerse parte de una cesta para las tortillas, hacer nidos por todos los lugares que pudieron. Había que lavar todo pero no teníamos agua, pues aunque la habían conectado resulta que no salía, así que vino el abuelito y con Alonso (7 años) de ayudante se pusieron a arreglar la manguera.

 

 

Todos estábamos en diferentes tareas, prendimos el fuego con las ramitas que trajeron, pusimos el agua a hervir.

 

fogon

 

Elisa agarró la escoba y se puso a barrer la casa para luego irse a la parte de atrás para hacer un camino para atravesar,  pues estaba lleno de hojas y según ella:

-En cualquier momento se aparece una víbora- decía, así que mejor despejar según ella. Barre que barre lo fue abriendo, de una forma hermosa y mientras lo hacía platicaba de como a ella le gusta barrer y que lo hace muy bien, que también ya lava los platos, que su mamá ya le da permiso, igual que su ropa pequeña. ¡Feliz!, ¡Super feliz ! por todos los logros que había alcanzado.

Mientras Alonso, que ya había terminado con el agua, junto a Edwin  se dedicaban a juntar más palitos para llenar la bolsa.

 

 

La casa había quedado lista,  ahora sí, querían ver lo que les había llevado, un regalo muy lindo que me habían dado para ellos en Uruguay, libros, una caja sonora, unas claves, hojas para dibujar.

Bajé el petate para ponerlo en el piso y que se sentaran con mucha precaución quién sabe que podía haber dentro y así fue que nos encontramos con un nidito que algún animalito había realizado y un capullo que un gusanito estaba tejiendo, nos pusimos a observarlo, lo miramos a trasluz, le encontramos otro lugar para que terminara su metamorfosis y tratar de ver cuando salga la mariposa.

 

capullo con gusano

 

Limpiamos el petate y de esa forma quedamos instalados para que volviera a surgir “El Taller”, cada quien se fue ocupando en mirar libros o tocar los instrumentos, pues ya habíamos quedado que pintar y todo lo demás lo dejaríamos para el otro día.

La tardecita ya se acercaba, la obscuridad se iba haciendo cargo del bosque, era hora que cada quien se fuera para su casa y yo me quedara un rato sola disfrutando del silencio, la paz, de ese mundo diferente que se presenta cuando se vive lejos del mundanal ruido, inmerso en la Naturaleza.

Por aquí  voy dejando esta historia, pues todavía queda mucho más para contar………………………

¿qué pasará con la colibrí empollando y los niños del Taller del Petate?

¿nacerán los polluelos?

Espera el desenlace en los próximos capítulos de esta Temporada de:

 EL REGALO DEL RETORNO

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HASTA LA VISTA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Desde el reencuentro les envío amistad

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9 comentarios en “EL REGALO DEL RETORNO (2)

  1. Encantador el relato por la emoción que produce en el lector (al menos en mi) de la relación del afecto compartido con los niños así como la de su encuentro con esa naturaleza en que se adentra plenamente. La fascinación que produce su taller con el cual creó hace que se despierte aún más la personalidad sensible de cada uno de los que lo comparten.

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