EL REGALO DEL RETORNO (1)

                                                                                                                                                     CAMINO A EL…

Hacía tiempo que no iba al Ranchito, en la Sierra Mazateca, en México, diferentes motivos me alejaron de él por más de ocho meses. Ya lo extrañaba, igual que  la vida que ahí llevo, donde el tiempo se detiene, los días transcurren uno tras otro, cumpliendo su ciclo sin importar como se llaman o cuántos pasaron, no existe ningún tipo de señal externa, la señal del celular no llega, el internet menos y quien quiera comunicarse con uno tiene que hacer el esfuerzo de llegar hasta allá y compartir cara a cara un rato de existencia.

El día se va en vivir y hacer las cosas necesarias para poder llevar la vida, nada más que eso; en el silencio, donde sólo los animales que viven ahí lo interrumpen, como los pájaros, los burros, los gallos que cantan a cualquier hora o las hojas que caen, la brisa que sopla, que conforman el ambiente natural del lugar.

Me encaminé rumbo a él. Iba cargada llevando todos los alimentos que necesitaría para pasar unos días .

Gracias a los Cielos encontré carro que me transportó y me fui deleitando con los paisajes de la montaña.

 

casa en la montaña, méxico

 

Ver desde lejos el rancho de adobe que marca la llegada , me resulta maravilloso, una parte muy dentro de mí lo reconoce y se pone toda contenta, alegre, feliz, teniendo la certeza de que se va a encontrar a sus anchas, gozando de la libertad que el vivir en forma simple y sencilla conlleva, donde uno no tiene que cuidar nada.

 

rancho de adobe en méxico

 

Llegar a la bajada es entrar en un túnel, que te va llevando a otro mundo dentro del gran mundo.

 

entrada al bosque, méxico

 

De ahí aún falta una caminata de unos quince minutos descendiendo la montaña por el bosque, que ese día parecía que se había vuelto mágico, con las luces que daban la sensación de una ilustración de cuento, en donde en cualquier momento se iba a aparecer un La á detrás de un árbol.

 

bosque en Mëxico

 

Un La á según la cosmovisión mazateca es un duendecillo, pequeños guardianes que cuidan al bosque, a los caminos, los pozos, son seres traviesos que le gustan engañar a los humanos por la debilidad de estos, sobre todo el miedo y de esa forma los espantan, por eso es importante el respeto que se tenga para transitar por todos estos lugares. Algún día les contaré más sobre ellos.

En la fascinación que me causaba andar de nuevo por esos senderos, de haber llegado al bosque encantado seguí descendiendo, hasta que dando la vuelta en uno de ellos vislumbré el techo del ranchito, oculto entre los árboles y con ello el corazón de nuevo comenzó a latir de la felicidad que le dio el que ya estaba cerca.

 

bosque en Mëxico

 

Al llegar al lugar, veo que frente a la puerta, abajo del alero, realizado en una cuerda que había quedado amarrada de una de las vigas, había un nido. Ni sabía que pajarito habría elegido como hogar la entrada del ranchito. Se veía, ¡muy bonito!, era como un conito, rodeado de musgos que abundan en el lugar. Me quedé contemplándolo, pues fue una ¡gran sorpresa! y descubrimiento, hasta ese instante no había visto uno como ese.

Abrí la puerta, tomé una silla, pues no alcanzaba a mirar qué había dentro, si aún estaba habitado y la sorpresa se hizo mayúscula, dos hermosos huevitos estaban ahí, guardando la vida que iba a nacer, si así los Cielos lo permitían.

 

nido de colibrí con dos huevos

 

-Voy a tener compañía- me dije a mí misma- ¿Será que vuelva a tener otra experiencia como con las lechucitas?, ¿será otro regalo que la VIDA me manda?- Incógnitas que el mañana resolverá.

Ahí estaba, acomodando las cosas, cuando de repente, se me aparece un colibrí casi delante mío, que me miraba, emitiendo sonidos, cómo tratando de investigar de que se trataba y parecía que me  reclamaba que me saliera de su territorio  y al ver que no reaccionaba, salió volando sin detenerse en el nido.

-¡UN COLIBRÍ!, ¡qué hermosa compañera!- me volví a decir a mí misma- ahora tendremos que resolver la vida juntas, adaptarnos a estar cerca, pues ninguna de las dos nos imaginamos que nos íbamos a encontrar. Eso sí, necesitamos aprender a convivir.

Son los asombros que la existencia nos guarda, para sorprendernos con que siempre habrá algo nuevo, para entrar en una aventura con ello y ver de qué se va a tratar.

Para completar el día y la felicidad, voy rumbo a la casa de mis vecinos más próximos a saludar y veo a los niños con los que trabajamos en “El Taller del Petate”,  jugando en la subida, que me miraban sin dar crédito de mi llegada, como si fuera una visión y …………………………………………….esto es otra historia que en la próxima les contaré, para no hacer esta muy larga.

 

Bosque en la Sierra Mazateca, México, Oaxaca

Desde el bosquecito de sueños, les mando felicidad a todos.

 

                 ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡ HASTA  LA  VISTA!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Si quieres saber cómo sigue esta historia, de la convivencia con una colibrí,  lo que hacemos con los niños, ¡SUSCRÍBETE! al blog, recibirás las entradas que se publiquen por mail o síguenos por FACEBOOK.  Gracias.

 

 

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7 comentarios en “EL REGALO DEL RETORNO (1)

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