Historia: LAS LECHUZAS ARENERAS (1 de 3)

Había salido a dar la vuelta como todas las tardes

lo hacía a la hora del atardecer después que los rayos UV habían descendido y permitían andar por las calles sin problemas.
Me dirigí a la playa como era mi rutina a hacer mi caminata entre dunas y ver el atardecer. Era invierno aún, el lugar estaba desierto sobre todo por donde solía caminar, difícil era encontrarse con alguien.

 

 

Iba sumergida en mis pensamientos, en la música que el mar emitía desde el otro lado de las dunas, junto al viento que soplaba levemente, se armonizaban creando un espacio para la meditación, con ello dejaba que la mente se  liberara, entrara en el sosiego y se fundiera con el ambiente.

Cuando de repente un sonido extraño, irreconocible para mí, que venía de algún lugar muy cercano a donde yo me hallaba, me hace salir de mi ensimismamiento y buscar a mi alrededor de dónde provenía, al principio no lograba ver quien lo emitía.

Estaba acostumbrada al grito de los teros que habitaban el paraje, sin embargo a pesar del largo tiempo que recorría  el lugar no había sentido esa especie de ulular.

Me detuve, comencé a mirar con atención y  me hallo frente a un ser de unos 20 centímetros que se camuflaba entre la arena y los pastos, ¡muy pero muy enojado!, me mostraba la peor de sus caras, mientras seguía gritando y comenzaba a abrir sus alas como en son de guerra.

 

LECHUZAS

 

Había sido un encuentro inesperado que llenaba de gozo mi corazón pues desde que era niña no había vuelto a ver una lechucita como ella. Con mi padres y mis hermanos habíamos rescatado a una que tuvo un accidente, estaba muy mal herida, nos la llevamos para ver si podíamos hacer algo por ella. Recuerdo que la metimos dentro de un sombrero para poderla transportar, con los cuidados logró reponerse, sin embargo una de sus alas que estaba quebrada nunca le permitió volver a volar y quedó viviendo con nosotros. Nos seguía por la casa caminando detrás, se subía a nuestras rodillas, a la mesa, a las sillas, salía al patio donde con el corto vuelo que podía hacer se paraba en los árboles, el sombrero pasó a ser su nido.

Me produce risa, ver la defensa que hacía y sus grandes ojos que me miraban fijos, mientras sus gritos se fortalecían. Me senté como a unos  cuatro metros para contemplar mejor la escena diciéndole que se quedara tranquila que no le iba a hacer nada.

Poco a poco se calmó y observando detenidamente el entorno descubro que hay otra parada frente a una cueva en la arena, eso me sorprende aún más pues no sabía que podían habitar en ese tipo de terreno.
Esta aún me miraba con cara más bravía y no me sacaba los ojos de encima, mientras su pareja seguía haciendo una serie de malabares para tratar de alejarme del lugar.

 

LECHUZA JUNTO A SU NIDO

 

 

Un rato después alzan vuelo, se paran juntas en una de las dunas y ahí me muestran el despliegue de sus alas,

 

LECHUZAS ARENERAS

 

siguen pegando de gritos, sin embargo paulatinamente se aquietan y quedamos reconociéndonos con gran asombro por ambas partes.

Por hoy, aquí los dejo, luego les seguiré contando la historia que aún no termina, si no que recién comienza…

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13 comentarios en “Historia: LAS LECHUZAS ARENERAS (1 de 3)

  1. Creo recién estoy aprendiendo a comentar !!!!!!!!!!!!!!!!!MARAVILLOSAS todas tus publicaciones!! Es como estar viviendo el momento !!! GRACIAS !!!!!!!

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Gracias por comentar...!!!

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