TERO, LAS TOSCAS, URUGUAY

ÉRASE UN TERO LIBRE…

 HISTORIA SOBRE UNA PAREJA DE TEROS

 

Desde que llegué a Las Toscas en la Costa de Oro en Uruguay todos los días me iba a caminar a la playa a la hora del atardecer.

Era invierno aún, hacía frío pocos eran los pobladores que se acercaban a ella, ya que muchos preferían quedarse al calor de la chimenea a leña.

Pescadores, deportistas, aquellos que paseaban a sus perros, un grupo reducido que a pesar, del frío, del viento, les gusta ese acercamiento a una playa solitaria que lleva a meditar, a la contemplación, a estar con uno mismo.

 

 

 

 LA PLAYA EN INVIERNO

(dale click sobre una foto)

 

Las Toscas cuenta con dunas, que son por las cuales me gusta caminar, ya que me voy encontrando con pequeños espacios que guardan lo que fue el paisaje de un día cuando aquello estaba despoblado y no había llegado aún la urbanización.

Desde que llegué una pareja de teros, que es un pájaro que habita estas regiones, tenían su hogar entre esas dunas.

 

TERO VOLANDO

 

El tero es un ave que como se dice para despistar al invasor, canta en un lado y tiene el nido en el otro, a su vez  para atemorizarlo y alejarlo de su territorio, suelen lanzarse contra el mismo, al grito de “tero, tero”, en forma estridente. Por momentos y para un visitante no acostumbrado parecería que se van a lanzar contra él, pueden parecer kamikazes , sin embargo con gran habilidad giran en el preciso instante que uno los siente que se vienen derecho a estrellarse,  en un vuelo rasante donde se puede percibir el batir de sus alas en los oídos .

 

TERO VOLANDO

 

Como todos los días paseaba por el mismo lugar poco a poco se fueron acostumbrando a mi paso y si bien seguían gritando como para no perder la costumbre, ya difícilmente se venían contra mí.

Así nos fuimos habituando cada uno a la presencia del otro, me permitían acercarme, tomarles fotos, estar junto a ellos.

Ir a visitar a los teros era parte de mi rutina. Uno de ellos cuando emprendía el camino de regreso y me veía pasar comenzaba a seguirme caminando atrás mío, si yo me paraba el también lo hacía y se daba vuelta como haciéndose el distraído.

 

TERO EN LA ARENA

 

Pasó el invierno, vino la primavera y llegó el verano junto a todos aquellos que vienen a pasar sus vacaciones al lugar. La playa se llenó de gente, los pescadores, paseadores de perros, solitarios, poco a poco fueron desapareciendo o se volvieron parte de esa nueva playa, la ropa abrigada se cambió por los trajes de baño.

 

 

 

  LA PLAYA EN VERANO

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Mis amigos los teros seguían ahí.

Un día para mi gran sorpresa, descubrí el nido donde estaba uno de ellos empollando, un poco alborotados trataron de agitarse frente a mi presencia, para al ratito nomás calmarse y seguir como todos los días.

 

 

 

CUANDO LOS TEROS EMPOLLAN

(dale click sobre una foto)

 

Sin embargo un día, los teros desaparecieron, la pareja y los huevos, ¿quién pudo hacer eso?, ¿para qué tomar los huevos y sacarlos de su hábitat natural?, ¿para qué molestarlos ?, ¿cual fue el derecho qué ejerció?, ¿por qué no respetar la convivencias con otros, sin importar la especie que sea?.

El ser humano con sus ansias de poseer y de creer que todo lo que hay sobre la faz de la tierra le pertenece, suele llevárselos a sus casas, unos con el afán de ver desde cerca el proceso de nacimiento, otros les cortan las plumas de las alas y los tienen como estatuas en movimiento en sus jardines para que avisen si alguien llega, ya que al ser muy territoriales, defienden el espacio de cualquier amenaza con sus gritos,  pasan a ser adornos- vigías, restringiendo su vida libre, su naturaleza, su instinto, su necesidad de volar y el que puede escaparse de depredadores como son en estos casos los gatos domésticos o ser atropellados por los autos.

En pos de la búsqueda de la domesticación del otro, no de la interrelación de las especies, donde cada quien permanezca llevando adelante su propia vida, vamos poco a poco acabando con el equilibrio natural y ejercemos nuestra crueldad sobre los demás.

Había una vez un tero libre…….que cayó en las garras de un ser sin conciencia, que lo sometió al cautiverio y de esa manera, coartó su autonomía.

 

 

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